Solidaridad…

Es la hora de estar juntos. Olvidar consideraciones políticas, análisis extemporáneos, lo que pudo ser (la hora de todo esto debe volver y volverá), las autoalabanzas o las críticas, es inútil adueñarse de logros o valentías ajenas, solo es hora de estar unidos como país, como seres humanos que compartimos una tierra, una historia, una bandera. Se acabó la hora de los buenos y malos, de insultar la más mínima discrepancia (o queja…), de seguir creyendo que “unos u otros” siempre lo hacen mal con alguna agenda escondida. Peor aún querer convertir a un drama humano en trofeo político o justificación de todos los problemas que vive el país. Sobre todo, hay que aprender a agradecer cada gesto de cada uno.

Por supuesto que las tragedias, además del irrecuperable dolor humano, deben ser financiadas. Ya que no tenemos ahorros eliminados en el 2008, hay que endeudarse y pagar más impuestos, solidaria y razonablemente (por ejemplo, el impuesto al patrimonio es excesivo). Pero también es esencial exigir que el despilfarro cese. No hace falta puntualizar en qué y cómo para no reavivar heridas (yo mismo he recibido mil ejemplos en estos días), pero hay tanto gasto inútil, tanto y tan fácil de identificar que su eliminación inmediata debe acompañar al esfuerzo adicional que todos haremos, y que debemos hacer.

Pero el Estado no puede ser eje único de este proceso, no se puede repetir la lógica de estos 10 últimos años, porque estamos en otro momento, el entorno ya no es el mismo. La catástrofe requiere de otras visiones. Hay que crear incentivos (que no son regalos sino simplemente volver atrás sobre tanto exceso) para que las donaciones, las inversiones y la iniciativa de la gente puedan fluir y servir de mejor manera. Es hora de utilizar eficientemente cada centavo de que disponemos, y el monopolio gubernamental no es la mejor manera de lograrlo.

En los momentos difíciles se ve el alma de la gente. Y en el Ecuador se ha visto eso maravillosamente. Del que pone dinero, el que arrima el hombro, o el que comparte un largo abrazo de esperanza. Y se lo ha visto en el mundo, con minutos de silencio, donaciones, tiempo, aportes humanos, o con llamados como el de la chica canadiense que le recuerda al mundo las maravillas que le debe al Ecuador como las flores que comparten los enamorados, las delicias de la mesa (banano, cacao, café), lugares inolvidables como Galápagos o simplemente la amabilidad natural del ecuatoriano.

Es hora de que nos miremos con orgullo y humildad para cada uno poder decir ‘gracias por ayudarme a ayudar’. (O)

Hay que crear incentivos (que no son regalos sino simplemente volver atrás sobre tanto exceso) para que las donaciones, las inversiones y la iniciativa de la gente puedan fluir y servir de mejor manera.

Compartir

También puedes revisar