El Patriota de Guayaquil

La introducción de la imprenta en Guayaquil y con ella, la aparición de “El Patriota de Guayaquil”, se debe –principalmente- a los principios del prócer de la independencia Sr. Francisco C. María Roca, quien creía con sobrada razón que uno de los medios más eficaces de afianzar la independencia recién lograda era la prensa, por medio de la cual el pueblo podría reclamar cuando sus derechos fuesen conculcados y exigir a sus mandatarios la rectificación de sus errores. Por otra parte, los patriotas y dirigentes de la Revolución del 9 de Octubre de 1820 habían expresado la necesidad de contar con una imprenta a través de la cual se pudieran difundir las buenas o malas noticias relacionadas con la campaña independentista.

Para respaldar esos conceptos que honran su memoria, y con el deseo de que la prensa gozase da la más irrestricta libertad y garantía, Roca había dicho: “…la libertad de imprenta, protegida como debe ser en los pueblos libres, es el sostén de los derechos de todos; pero con trabas, restricciones y esclava, es despreciable instrumento de la tiranía”.

Fue así que, desde los primeros días de nuestra independencia, Roca se había dedicado con fervoroso ahínco a la consecución de una imprenta. Sabía que la situación era difícil, pues los patriotas guayaquileños estaban preparando la campaña libertadora de Quito, y todos los esfuerzos del Gobierno Libre de Guayaquil se dedicaban a este exclusivo fin.

No queriendo perder tiempo, logró que su amigo Juan José Sarratea, que se encontraba con Lord Cochrane en la escuadra que bloqueaba El Callao, le vendiera una pequeña imprenta que este tenía en su poder, acordando el precio de esta en 7.000.

Para poder financiar su adquisición, Roca organizó una suscripción pública a la que personalmente encabezó aportando con la cantidad de 200 pesos fuertes de su peculio, renunciando además –con el mismo fin- a los sueldos atrasados que se le debían de su cargo público como vocal de la Junta de Gobierno.

A finales de abril de 1821 llegaron los cajones que contenían la impresora y los tipos; fue ese un día de gran alegría para Guayaquil. Inmediatamente la imprenta fue instalada en los bajos de la antigua Casa Consistorial (donde actualmente queda el edificio de la Gobernación de Guayaquil), encargándosele su montaje, arreglos y funcionamiento al joven tipógrafo guayaquileño Manuel Ignacio Murillo, que entonces contaba con tan solo 19 años de edad.

La máquina en mención era de porte pequeño, pertenecía a las llamadas “de palanca”, modelo ya en ese entonces bastante obsoleto, y presentaba algunos daños y deficiencias, por lo que el joven Murillo, para poder realizar las impresiones correctamente, debió repararla y elaborar y fundir algunos tipos que escaseaban, sobre todo en sus letras mayúsculas.

Al comprobarse que la imprenta no estaba en buen estado, se llegó a un acuerdo con el representante del vendedor y se acordó un nuevo precio de 5.500 pesos, que fueron cubiertos en parte por el propio Roca, y el resto por designaciones hechas por el Gobierno de la ciudad.

La primera publicación levantada en la “Imprenta Guayaquil” salió a la luz el 21 de mayo de 1821, y consistió en una hoja titulada “Prospecto”, en la que se anunciaba la próxima aparición del primer periódico porteño.

Una frase -sin firma de responsabilidad- que reflejaba los valiosos conceptos que los patriotas guayaquileños mantenían con relación a la libertad de imprenta, y que fue colocada en primer término, decía: “En los estados libres la escritura debe gozar de la justa y natural libertad que en sí tienen los dones celestes del pensamiento y la palabra”.

A continuación seguía un texto que según la creencia tradicional fue redactado íntegramente por Olmedo, en cuyos párrafos puede leerse: “La imprenta, por primera vez, ha hecho su ensayo en este bello país; y gracias a la revolución, de hoy en adelante, tiene la libertad y el medio de publicar sus pensamientos (…) Bajo estos principios tenemos la honra de prometer a nuestros compatriotas que todos los sábados se dará al público un periódico titulado “El Patriota” y que para que su objeto corresponda a su nombre, insertaremos en él cuanto tenga relación con el bien, ilustración prosperidad y libertad de la patria. Noticias interesantes, resoluciones del Gobierno, proyectos de beneficencia, producciones literarias, reflexiones políticas, planes de mejora de la agricultura y del comercio, estado de nuestro giro mercantil; en fin, cuanto merezca la luz pública, especialmente en lo que contribuya a rectificar y consolidar la opinión… Mientras que el Gobierno firma el Reglamento sobre la Libertad de Prensa, se advierte que no se publicará, ni admitirá papel alguno sin firma, o que contenga agravios personales”.

Como colofón, el “Prospecto” publicó un soneto del propio Olmedo, que decía:

“Ya tenéis de la imprenta el bien ansiado

Guayaquileños libres e ingeniosos:

Desplegad los talentos luminosos

que recelabais del tirano odiado.

Pensad, hablad; que el triunfo sazonado

que libertad promete a los briosos,

debe ser por torrentes, abundoso;

de elocuencia y de crítica, regado.

Así el noble lenguaje de un patriota

en virtud, en verdad, en juicio sano,

y en ardiente amor patrio se denota:

Así es virtuoso y sabio el ciudadano,

y solo así veremos al fin rota,

la humillante cadena del tirano”.

Cinco días más tarde -el sábado 26 de mayo de 1821- apareció la primera edición de “El Patriota de Guayaquil”, que se publicó semanalmente y de manera ininterrumpida hasta finales de 1827, en que se suspendió su publicación para cambiar su nombre por el de “El Colombiano del Guayas”.

En “El Patriota de Guayaquil” se publicó el parte oficial del combate de Cone y brillantes artículos que brotaron de las plumas de Olmedo y de Rafael Jimena.

“El Patriota de Guayaquil” era indudablemente un órgano de la Junta de Gobierno de la ciudad, pues insertaba de preferencia, los decretos y boletines de la misma y reproducía las noticias importantes de las gacetas extranjeras que se relacionaban con las luchas por la independencia que se desarrollaban en todas las antiguas colonias españolas de entonces. Pero a su vez, era informativo, pues daba cuenta de las entradas y salidas de los barcos al puerto de Guayaquil con indicación, muchas veces, de los productos importados o exportados; así como también publicaba cartas y comunicaciones de los lectores con noticias de interés para todos los vecinos” (Abel Romeo Castillo.- “El Patriota de Guayaquil y otros Impresos”, Archivo Histórico del Guayas, 1981).

 

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