Solano Fray Vicente

Fray-Vicente-Solano

Teólogo, orador, polemista y escritor cuencano nacido el 15 de octubre de 1791, hijo de don Tomás Solano y de doña María Vargas Machuca.

Nacido en una época en que no había muchas escuelas, sus primeras enseñanzas las recibió directamente de su padre, y a los nueve años de edad se trasladó a Quito para ingresar al noviciado del convento de San Francisco, donde estudió Filosofía y Gramática. Desde muy temprana edad se había despertado en él una gran inclinación por la lectura y el estudio, por lo que aprovechaba todo su tiempo disponible para visitar la biblioteca del convento: Pudo de esta manera asimilar una gran cultura general. En 1809 continuó sus estudios religiosos en el convento de La Recoleta, de San Diego, y cinco años más tarde fue ordenado Presbítero por el Ilmo. Obispo Dr. José Cuero y Caicedo.

Siempre fue enemigo de los honores y las distinciones, y cuando por sus relevantes méritos fue nombrado Provincial de su Orden y luego Obispo Auxiliar, se excusó de aceptar dichos destinos expresando que su único deseo era ser útil a la religión y a la patria.

Poseedor de un gran talento y de una cultura amplia y enciclopédica -producto de sus largas horas de lectura y consulta en las bibliotecas-, dedicó todo su esfuerzo para lograr que la ciudad de Cuenca tenga su primera imprenta, y gracias a su entusiasmo, el 1 de enero de 1828 se inició de manera esplendorosa la era del periodismo cuencano, con la aparición del primer número de «El Eco del Azuay», desde cuyas páginas defendió ardorosamente la libertad de imprenta. Posteriormente mantuvo una polémica carrera periodística que le granjeó amigos y enemigos, y fundó sucesivamente los periódicos «El Telescopio» y «La Alforja».

Más tarde, movido por sus principios religiosos publicó «El Semanario Eclesiástico», por medio del cual combatió las ideas vanguardistas de «El Ecuatoriano del Guayas». El 22 de agosto de 1854 inició la publicación de «La Escoba», fundado según sus palabras «…Para barrer las inmundicias de «La Libertad»…», (periódico que se publicaba en Quito). En «La Escoba» publicó además importantes artículos relacionados con la Entomología, Botánica, Geología, Meteorología y otras ciencias de la historia natural que él conocía muy bien.

Aquejado desde niño por la pobreza, las viruelas y el escorbuto, su salud fue siempre muy delicada, pero esto no fue obstáculo para que dedicara gran parte de su vida y esfuerzo a trabajar en beneficio de la colectividad. En 1851 fue nombrado Obispo de Cuenca, pero él rechazó y renunció a dicha dignidad para poder continuar su labor en favor de la educación de su provincia. Por esa época mantuvo una violenta polémica con la joven poetisa Dolores Veintimilla, sobre quien dejó caer toda su prejuiciada furia a través de violentos ataques y terribles y calumniosas acusaciones, que a la postre fueron la causa por la que la poetisa puso fin a su vida el 23 de mayo de 1853. Años más tarde, en 1861, el Presidente de la República, Dr. Gabriel García Moreno, lo designó para el cargo de Subdirector de Estudios de la provincia del Azuay.

Publicó importantes obras que constituyen una verdadera herencia para las letras ecuatorianas. Tal es el caso de «Bosquejos de la Europa y la América en 1800», «El Penitente Fingido», «Los Derechos de la Verdad», «La Verdadera Idea del Patrono», «Los Jesuitas, o lo que han sido los Amigos y Enemigos de la Compañía de Jesús», «La Verdadera Ilustración del Pueblo», «Defensa de Cuenca, contra don Francisco de Caldas», «Cartas Ecuatorianas», «Máximas Sentencias y Pensamientos», «Los Periodistas de la Libertad», «Reflexiones sobre la Autoridad Temporal del Papa», «Testamento de Pedro El Grande, Emperador de Rusia», «Bolívar como Militar», «Bolívar como Político», «El Gallo, La Zorra y el Caballo», «El Burro Político» y «Los Animales Parlantes» (estas tres últimas, en el campo de la fábula) y, en fin, una extensa obra de contenido histórico, político, biográfico y literario.

En 1828 había escrito una de sus obras más discutidas, pero menos conocidas: «La Predestinación y Reprobación de los Hombres, Según el Sentido Genuino de las Escrituras y la Razón». Esta obra fue condenada por la Santa Sede y puesta en el índice de libros prohibidos, por lo que, luego de pedir respetuosa y humildemente perdón al Santo Padre, procedió a retirar de la circulación todos los ejemplares existentes que fueron quemados por él mismo, y sólo se salvaron unos pocos que no pudo recuperar.

Al sentir que su fin ya se acercaba, el sabio franciscano escribió el epitafio que debía llevar la losa que cubriría sus restos mortales, y que dice así:

Aquí yace fray Vicente Solano / de la Orden de los Menores / que demasiado vivió, pensó y escribió / ojalá en bien! / Y en polvo convertido / de los transeúntes pidió perdón y no alabanzas.

En la serena tranquilidad de su celda, en Cuenca, la muerte lo visitó el 1 de abril de 1865.

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