Bolívar Simón

Titulo 1

Militar, político y estadista nacido en Caracas, Venezuela, el 24 de julio de 1783, hijo del Crnel. Juan Vicente Bolívar y dela Sra. Concepción Palacios y Blanco, poseedores de una gran fortuna y de extensas haciendas.

A pesar de haber perdido a su padre desde muy temprana edad, pudo realizar sus estudios bajo la dirección de los maestros más notables de la época, como don Simón Rodríguez y otros que lo orientaron y le transmitieron sólidos principios. En enero de 1797, cuando sólo contaba catorce años de edad sintió el llamado de su vocación militar e ingresó como cadete en el Batallón de Milicias de Blanco de los Valles de Aragua -del cual su padre había sido coronel años atrás-, en el que se distinguió desde el primer momento por su aplicación y valor sobresalientes.

Dos años más tarde viajó a España para continuar sus estudios y se radicó en Madrid donde conoció a María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza, con quien a mediados de 1802 contrajo matrimonio: Desgraciadamente, una violenta enfermedad acabó con ella a los pocos meses, en enero de 1803.

Se estableció entonces en París donde tuvo la oportunidad de conocer y tratar a sabios de la categoría de Alejandro de Humboldt y Amadeo Bompland, y donde nuevamente se encontró con su antiguo maestro y amigo Simón Rodríguez, quien se convirtió en su gran compañero de conversaciones, lecturas y viajes.

Juntos fueron a Roma, donde en agosto de 1805, en la cima del monte Sacro, hizo el célebre juramento que cambió la historia del mundo “¡…juro delante de usted; por el Dios de mis padres; juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria, que no daré descanso a mis brazos, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español…!”

En 1808 la situación en Europa cambió radicalmente, cuando Francia invadió a España, y Napoleón impuso en el trono a su hermano José Bonaparte. Para enfrentar esta situación, en las ciudades de España y en algunas capitales de América, se crearon las llamadas Juntas Soberanas, que empezaron a trabajar en favor de los derechos del destronado Fernando VII. Una de estas -instaurada en Venezuela-, en 1809 envió a Inglaterra en busca de ayuda y con el mismo propósito, una comisión conformada por Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello: Todos ellos pertenecían a distinguidas familias venezolanas, y ninguno conocía otra forma de gobierno que no fuese la monárquica o la establecida por el régimen colonial español.

El historiador Carlos Benedetti, en su “Historia de Colombia”, publicada en Lima en 1887, es decir apenas a ochenta años de los sucesos, dice: “…en cuanto a Miranda (que ya había intentado independizar a Venezuela.- Nota del autor)  la Junta de Gobierno de Caracas dio instrucciones a su comisionado en Londres, Don Simón Bolívar, de que lo persuadiese a permanecer en Londres y aún le impidiese su viaje si trataba de venir a Venezuela, pues comprendía -la Junta de Caracas- que Miranda estaba llamado a gobernar el país, y ya la ambición empezaba a mostrar su cabeza…” Pues bien, ese mismo año Bolívar conoció a Miranda, quien de inmediato le dio muestras de simpatía invitándolo a compartir sus ideales independentistas y republicanos, y quien lo convenció y lo llamó a trabajar por la libertad.

Al año siguiente Bolívar regresó a Venezuela y en 1811 se incorporó al ejército patriota con el grado de Coronel, para iniciar, bajo las órdenes de Miranda, su heroica y valerosa lucha emancipadora.

A pesar de haber logrado algunas victorias, en 1812 fue derrotado por los realistas en Puerto Cabello, y gracias a la “ayuda y a un pasaporte” que recibió -luego de asistir personalmente a la captura de Miranda y de entregarlo a los realistas- pudo huir, primero a Curazao y luego a Cartagena de Indias, en Colombia, donde organizó un pequeño ejército con el que comenzó una fulgurante campaña militar que culminó en 1813 con su entrada a Caracas, donde en octubre de ese mismo año se le confirió solemnemente el título de “Libertador”.

Posteriormente, luego de una serie de victorias y derrotas políticas y militares logró que el Congreso de Venezuela se reúna en la ciudad de Angostura (hoy Bolívar). ElCongreso de Angostura, que se instaló a partir del 15 de febrero de 1819, pasó a la historia por las importantes resoluciones adoptadas por quienes a él asistieron, y lo nombró Presidente de la República y General en Jefe de los Ejércitos Patriotas.

El 7 de agosto de ese mismo año logró una importantísima victoria en la Batalla de Boyacá, y a los pocos días entró triunfalmente en Bogotá donde organizó las provincias de Nueva Granada que puso bajo el mando del Gral. Francisco de Paula Santander. En diciembre volvió a Angostura y a propuesta suya se expidió la Ley Fundamental de la República de Colombia; estado creado por él y que comprendía los territorios de las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador, más aquellos que la desidia y la mala diplomacia permitió que el Perú la arrebatara a nuestro país.

Dos años más tarde, con el triunfo de Carabobo logrado el 21 de junio de 1821 dio de manera definitiva la independencia a Venezuela.

Por ese tiempo ya había sido informado de que Guayaquil era libre gracias a laRevolución del 9 de Octubre de 1820, y que tropas guayaquileñas habían iniciado las luchas para dar la libertad a todos los pueblos de Quito. Entonces envió a su lugarteniente, el Gral. Antonio José de Sucre, quien -con tropas y armas financiadas por los guayaquileños- realizó una brillante campaña militar que culminó el 24 de mayo de 1822 con la victoria del ejército patriota en la históricaBatalla del Pichincha.

Un mes más tarde entró en Quito donde fue apoteósicamente recibido, y conoció a quien sería la mujer más importante de su vida: Manuelita Sáenz.

Ya por entonces, y conociendo la férrea voluntad de los guayaquileños de mantener su independencia, el 21 de junio escribió desde Quito al Gral. Francisco de Paula Santander una carta en la que le dice: “Renunciar a Guayaquil es imposible, porque será más útil renunciar al Departamento de Quito… El país de las fronteras con el Perú, es afeminado y nada militar…. ¿A quien se refiere con este comentario…? Indudablemente no puede ser a Guayaquil -ciudad en la que nunca había estado-, y menos aún a los guayaquileños, pues por referencias del propio Sucre conocía sobradamente de su valor y virilidad, demostrados con sobra de méritos durante las campañas independentistas: sin embargo, sí se refería a Guayaquil y a los guayaquileños; y es que Bolívar, en su megalomanía, no podía aceptar que Guayaquil se hubiera independizado sola y sin su ayuda, y menos aún el que se haya constituido en estado soberano y pretendiera mantener su independencia. Es por eso que más adelante, entre los argumentos que esgrime para escoger a Quito como la capital del Departamento del Sur dice: “… para que Guayaquil no sea capital del departamento y no tenga influencia en las provincias subalternas…”. Indudablemente Bolívar le temía a los guayaquileños.

El 11 de julio llegó a Guayaquil que -sin saber el poco afecto que le tenía- lo recibió con sinceras expresiones de simpatía, y con emocionados gritos de “Viva Colombia” o “Viva el Perú”, le expresaron su voluntad de compartir con ellas la libertad obtenida, pero también la ciudadanía gritó a viva voz  “¡Viva Guayaquil Independiente…!” expresando su deseo de no ser anexados a ningún país extranjero.

Esto lo disgustó grandemente, y dos días más tarde -abusando del respaldo que le brindaba el fuerte contingente militar que lo acompañaba-, se proclamó Jefe Supremo de la provincia y, en contra de la voluntad de la mayoría de los ciudadanos decretó la Anexión de Guayaquil a Colombia.

El 25 del mismo mes celebró con el Gral. José de San Martín la histórica“Entrevista de Guayaquil”, acordada para tratar varios asuntos relacionados con el destino de la ciudad y la provincia, y sobre la independencia de los demás pueblos de América. San Martín, al ver que Guayaquil había sido anexada a Colombia, permaneció en ella sólo pocos días e inmediatamente volvió al Perú.

Bolívar se encontraba descansando en la ciudad de Trujillo cuando a principios de 1824 Lima cayó nuevamente en poder de los españoles. Frente a esta situación y antes de disolverse, el Congreso peruano le entregó el mando otorgándole facultades ilimitadas para salvar al país. Organizó entonces su ejército e inmediatamente inició una fuerte ofensiva para rechazar a los realistas. El 6 de agosto obtuvo una brillante victoria en Junín, y mientras entraba vencedor en Lima, Sucre ponía en Ayacucho -el 9 de diciembre- el sello definitivo de la independencia americana.

Víctima de la envidia y las intrigas, en tres ocasiones sus enemigos quisieron asesinarlo, pero la providencial presencia de Manuelita Sáenz -”La Libertadora del Libertador”-, evitó que los criminales puedan cumplir con sus propósitos.

A mediados de 1829, y ante las pretensiones peruanas de no devolver Guayaquil a pesar de las obligaciones y compromisos acordados en el Convenio de Girón, luego de la Batalla de Tarqui, Bolívar llegó a Samborondón, cerca de Guayaquil, donde junto a los generales Juan José Flores y Tomás Carlos Wright, planificó y triunfó en la Batalla de Buijo.

“La constancia y la audacia fueron las dos prominentes virtudes guerreras de Bolívar; casi siempre vencido en sus primeros combates, volvía en los días siguientes, cuando los españoles lo creían fugitivo, a presentarles otro más formidable. Con una fortaleza extraordinaria de cuerpo y alma nunca se detenía delante de ningún peligro, ni le desalentaban las desgracias. Esta fortaleza de ánimo se sostuvo, en él, todo el tiempo que duró la guerra de la independencia. Después, cuando intentó imponer su autoridad, ilimitada e indefinida, las fuerzas físicas y morales le faltaron; y se le vio, en cierto modo, subordinado a la voluntad, o a los consejos de sus más allegados servidores y partidarios, muchos de los cuales también al fin le abandonaron” (Aguirre Abad.- Bosquejo Histórico de la República del Ecuador, p. 250).

Cansado de las luchas, sufriendo la ingratitud de aquellos por quienes había librado más de cien batallas, poco a poco se alejó de la política y la actividad militar, Fue entonces que recibió una carta del Gral. Flores, fechada el 27 de marzo de 1830, en la que lo invitaba a venir a Quito para salvar sus glorias y vivir obedecido y respetado.

“Hoy mismo he trabajado una representación en ese sentido y ya he mandado firmarla a los padres de familia a fin de remitirla por este correo. Aunque yo soy pobre tengo todavía dos brazos para trabajar y sostener a V. E. Véngase (…) Véngase a recibir las últimas pruebas de mi lealtad”.(Correspondencia del Libertador con el Gral. Juan José Flores / 1825-1830.- Publicaciones del Archivo Juan José Flores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, p. 525).

Pero Bolívar -enfermo y abandonado- declinó muy cortésmente la invitación, y en busca de paz y tranquilidad espiritual, viajó a Cartagena, en la costa norte de Colombia, donde recibió la triste noticia del Asesinato de Sucre.

Envuelto en un manto de tristeza, viendo que el sueño de crear una gran nación había fracasado, se refugió en San Pedro Alejandrino, una hacienda situada en las cercanías de Santa Marta, en Colombia, donde en los primeros días de diciembre se preparó para la batalla final. “Recuerdos de gloria, acerbas inquietudes, revuelos de espíritu que se enseñoreaban y se revelaban por sus ojos caldeados por la fiebre de la tuberculosis, le absorbían la vida por momentos… Se iba muriendo de pena, de inmedible desolación…” (J. Gonzalo Orellana.- Resumen Histórico del Ecuador, p. 15).

Presintiendo que la muerte rondaba su lecho, el 10 de diciembre de 1830 dictó su testamento, que concluyó con estas palabras: “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria: Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Poco tiempo después recibió la extremaunción de manos del Obispo de Santa Marta, y el día viernes 17 de diciembre de 1830, aniversario del día en que se promulgó la Ley Fundamental de la Gran Colombia, entregó su alma al Creador.

Sus restos fueron repatriados a Venezuela en 1842 y reposan en el Panteón Nacional de Caracas.

 

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