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ASESINATO DE LOS PATRIOTAS QUITEOS


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ASESINATO DE LOS PATRIOTAS QUITEOS

A raz de la Revolucin del 10 de Agosto de 1809, los patriotas quiteos conformaron una Junta Soberana de Gobierno que desgraciadamente -por no tener ideologa poltica ni contar con el respaldo del pueblo- tuvo muy corta duracin, por lo que stos resolvieron devolver la Presidencia de la Audiencia de Quito al anciano Conde Ruiz de Castilla, quien prometi conservar la Junta y no tomar ningn tipo de represalias en contra de los quiteos.

Instalado nuevamente en el poder, Ruiz de Castilla traicion su palabra y desat una feroz persecucin en contra de quienes haban participado en la revolucin del 10 de agosto de 1809, capturando a gran nmero de ellos a los que encerr en los calabozos del Cuartel Real de Lima. Al mismo tiempo y para complementar su traicin, hizo promulgar -por bando- la advertencia de que se aplicara la pena de muerte a todo aquel que, conociendo el paradero de algn insurgente, no lo denunciara.

En esos das y aprovechndose de la fuerza de las armas, los soldados realistas del Crnel. Manuel Arredondo -que haban llegado de Lima para sofocar la revolucin- cometieron una serie de atrocidades saqueando, violentando, asesinando y atropellando diariamente a los quiteos, que cansados de sus abusos formaron nuevos comits para la defensa de los vecinos y prepararon un plan para liberar a los prisioneros.

Lleg entonces el trgico 2 de agosto de 1810.

Ese da, las dos pequeas hijas del Dr. Manuel Quiroga, acompaadas por una sirvienta de raza negra que se encontraba encinta, haban ido a visitarlo llevndole el almuerzo. Salinas, enfermo, agonizaba en su lecho; el da anterior se haba confesado y comulgado como verdadero catlico. Otros patriotas reciban las visitas de sus respectivas esposas; nadie saba lo que el pueblo estaba preparando...

Faltaba un cuarto de hora para las 2 p.m., cuando tocaron en las campanas de la catedral a rebato. Seis hombres armados de cuchillos se presentaron delante del portn del Real de Lima: Llambanse Landburu, Mideros, Albn, Godoy y dos hermanos Pazmio (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 227).

Armados de puales y coraje vencieron la guardia del Real de Lima y penetraron resueltos al interior del cuartel. Sembraron el pnico entre los soldados dispersos en los corredores y el patio de la planta baja y se dirigieron denodadamente a cumplir su principal objetivo: liberar a los prceres (Carlos de la Torre Reyes.- La Revolucin de Quito del 10 de Agosto de 1809, p. 475).

Momentos despus los soldados reaccionaron, y disparando un can barrieron con casi todos los atacantes. Seguidamente el Cap. Galup -acompaado de varios milicianos- se dirigi a los calabozos donde permanecan encerrados los patriotas y dio a los soldados la terrible orden: Fuego a los presos...

Quiroga se puso en pie tratando de proteger a sus hijitas, mientras que rogando por la vida de su amo, la fiel negra se postraba de rodillas ante los soldados que acababan de entrar en el calabozo. Un brutal sablazo cay sobre la cabeza de la infeliz negra que muri desangrndose en el piso. Las dos pequeas se interpusieron entonces entre los soldados y su padre, pero uno de ellos, de un empelln las tir a un lado y avanz sobre Quiroga con el sable en alto ordenndole a voz en cuello: Grita Vivan los limeos...!, a lo que Quiroga, erguido como un roble le respondi: Viva la religin... Viva la fe catlica..., asegurndose de esta manera la absolucin de los mrtires. Cay entonces sobre su cabeza el arma homicida y, tambalendose, ensangrentado, alcanz a dar algunos pasos hacia la puerta pidiendo Confesin... Confesin....

Los que fueron despedazados con hachas, sables y balas, fueron los Ministros de Estado mencionados, el senador Juan Pablo Arenas, el presbtero Riofro, el Crnel. D. Juan Salinas, los tenientes coroneles Nicols Aguilera, Antonio Pea y Francisco Javier Asczubi, el capitn Jos Vinueza, el joven teniente Juan Larrea y Guerrero, el Gobernador de Canelos, D. Mariano Villalobos, el escribano D. Antonio Olea, D. Vicente Melo y otros, cuyos nombres no menciona la historia. Veintiocho perecieron de esta manera horripilante (R. Andrade.- dem p. 229).

Aquello fue una carnicera horrible hecha a hombres indefensos, encadenados todava muchos de ellos. Muy pocos se salvaron.

Mientras tanto, los otros comprometidos, los que deban atacar el cuartel de Santa Fe, vecino al Real de Lima, acobardados al momento de actuar Quedan estticos a la vista del peligro, y dejan a sus compaeros sacrificados en medio de quinientos enemigos... (Pedro Fermn Cevallos.- Resumen de Historia del Ecuador, p. 69).

Consumada la masacre del cuartel, sedientos de venganza y sangre, los soldados salieron a las calles. El pueblo desarmado les enfrent con coraje. Las casas y los almacenes fueron saqueados, rotos los muebles, espejos, lmparas, cristales y relojes. Los soldados se repartan el dinero robado, tomando como medida la copa de un sombrero. Mataron menos por robar ms (Dr. M. A. Pea Astudillo.- 200 Aos y una Vida, p. 63).

Al caer la tarde, las vctimas de la cobarda sobrepasaban las 300, y slo gracias a la valerosa intervencin del obispo Jos Cuero y Caicedo -quien se present valerosamente frente a las autoridades- se pudo detener la masacre y el vandalismo.

Se acord entonces que se correra un velo sobre los autores de la matanza y que Arredondo abandonara en corto plazo la ciudad y la Audiencia.

Al fin, el 18 de agosto, salen de Quito las tropas del Real de Lima, al mando de Arredondo, van cargadas de honores, dineros y grados. La hazaa del da 2 ha valido condecoraciones y recomendaciones. Se les confiere el ttulo de: Pacificadores de Quito; las casas y las tiendas saqueadas les han colmado las mochilas, llevan ms de trescientos mil pesos en ellas; el Real Acuerdo les ha conferido ascensos. Arredondo va ya de coronel y as todos los dems jefes y oficiales. Pero van tambin cargados de maldiciones y de ignominia.

El pueblo los ve partir y los llena de execraciones, no responden a ellas, marchan cabizbajos, no de remordimiento, ni de vergenza, sino de miedo, no de miedo a que les maten, sino de miedo a que les quiten lo que van saqueando... En medio de la tropa va arrestado el oficial de guardia Juan Cliz, porque ste ha dicho en su declaracin jurada que fueron solamente seis los que asaltaron el cuartel y que los presos no hicieron amago alguno; informe jurado que desnaturaliza la hazaa (Manuel Mara Borrero).

Con el Asesinato de los Patriotas Quiteos lleg a su fin la revolucin del 10 de agosto de 1809, que si bien no buscaba la independencia de Espaa tuvo el mrito de involucrar en ella tanto a criollos como a realistas que, rechazando los sistemas implantados, buscaban una forma propia de autogestin y gobierno, manteniendo -eso s- una relacin de dependencia con la pennsula.

 

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