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PARQUE SEMINARIO (Guayaquil)

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BARRERA PINO, Jorge

Conocido también como Bolívar y hoy como de Las Iguanas, el parque Seminario -que debió ser siempre La Plaza Mayor- es de hecho el más antiguo y uno de los más tradicionales de Guayaquil

Su historia se remonta a 1688, al preciso momento en que nuestra ciudad se asentó en las faldas de los cerros del Carmen y de Santa Ana, y levantaron la primera Iglesias Parroquial, posiblemente por el año de 1548 -a la que llamaremos pomposamente Matriz- “puesto que luego de enclavados la Cruz y el Pendón de Castilla y celebrado el primer Cabildo, la primera obra del conquistador, tras el repartimiento de solares era la de hacerle su Casa al Señor” (Modesto Chávez Franco.- Crónicas de Guayaquil Antiguo, p.25).

Frente a la pequeña iglesia -tal era la costumbre española- se dejó el especio necesario para “La Plaza Mayor”, cuyo sitio no pudo ser otro que el que ocupa la iglesia de Santo Domingo, y no pudo ser otro porque los esteros del río invadían entonces los sectores de lo que hoy es la Plaza Colón y la entrada a los túneles.

Los dominicos, que habían llegado en 1574, realizaron una encomiable labor pastoral y de cristianización entre los aborígenes, manteniendo además a los españoles por el camino del Señor.

En ese lugar se mantuvo la “Plaza Mayor” y la “Iglesia Matriz” hasta 1688, año en el que, ante la constante amenaza de incendios y piratas, los guayaquileños solicitaron al Presidente de la Audiencia -Lic. Lope Antonio de Munive- la respectiva autorización para trasladar la ciudad hacia el sur, al sector de Sabaneta, para construir en ese sitio una mejor trazada y más fortificada.

Fue por esto que el Regidor don Juan Pérez de Villamar viajó a España con la misión de obtener de la corona la respectiva Cédula para proceder al traslado de la ciudad.

Comprendiendo la gravedad de esta situación, las autoridades reales se apresuraron a extender el documento correspondiente, y en 1693, cuanto este llegó a Guayaquil el Cabildo procedió a organizar su traslado estableciendo primeramente -en el lugar destinado para el caso- un trazado de veinticinco manzanas perfectamente simétricas, de acuerdo a los trazados que contemplaban las Leyes de Indias para la construcción de ciudades en las colonias de ultramar.

El levantamiento de la nueva ciudad se inició a partir de 1692 con la demarcación de la Plaza de Armas y la construcción de la Iglesia Matriz -que estuvo terminada en 1695 en lugar en el que hoy se eleva majestuosa la Catedral de Guayaquil-. Ese mismo año se trasladó solemnemente el Santísimo Sacramento a la nueva Iglesia Matriz, y al año siguiente se trasladaron las Casas del Cabildo, y otras autoridades civiles, religiosas y militares, que estarían concluidas en 1699.

Posteriormente y durante muchos años fue conocida con el nombre de Plaza de la Estrella, por el gran diseño de ocho puntas que se dibujaba demarcando las calzadas de piedra caliza que se implantaron en ella después de la independencia, en 1820.

Conocidas desde siempre como Plaza de Armas, mantuvo dicho carácter  durante la primera mitad del siglo XVIII, hasta que su remodelación fue impulsada por el obispo Tomás Aguirre  para que esta se halle a la altura del flamante edificio que nuestro prelado había hecho construir en homenaje a la erección del obispado en 1838 y gracias a lo cual la Iglesia Matriz se convertiría en Catedral.

El plano trazado por Minguet y publicado en Madrid por Alsedo y Herrera contempla en su dibujo el emplazamiento de la plaza de armas y, el de Requena, trabajado 30 años después, consignaría lugares en el que esta se anegaba en el invierno. La plaza de armas según Chávez Franco, cumplía las funciones de ser un espacio de convocatoria comunal en el que se leían las disposiciones de ley, y se hacían tanto los eventos patrióticos, de carácter colectivo, como las ejecuciones y lecturas de bandos del cabildo o bandos reales.

Para 1868, se construyó con piedra caliza traída de San Eduardo una inmensa estrella de ocho puntas con caminerías convergentes en el centro, sobre el antiguo espacio, ocupado hasta ese entonces por la colonial Plaza de Armas; nacía entonces la Plaza de la Estrella. No fueron mas de 12 años los que tuvieron que transcurrir para que en 1880 empezara a esperar la llegada de la estatua ecuestre del libertador Simón Bolívar, que fue inaugurada el 24 de julio de 1889; y muy pocos más para que gracias a importantes donaciones hechas por don Miguel Suárez Seminario y sus hijos, se convierta desde 1895 en el Parque Seminario, en agradecimiento a la Filantropía de estos distinguidos Guayaquileños.

Seis años más tarde, el filántropo guayaquileño Sr. Miguel S. Seminario -a nombre de su familia- para dar más realce al monumento construyó y donó al municipio el parque con todos sus ornamentos, rejas perimetrales, glorieta, laguna, bancas y faroles.

Seis años más tarde, el filántropo guayaquileño Sr. Miguel S. Seminario -a nombre de su familia- para dar más realce al monumento construyó y donó al municipio el parque con todos sus ornamentos, rejas perimetrales, glorieta, laguna, bancas y faroles.

“Lo que te puedo adelantar es que mi bisabuelo, Miguel S. Seminario, padre de los (algunos) Seminario Marticorena, construyó y donó al Consejo Cantonal, un parque que fue construido en la antigua Plaza Bolívar.

Fueron posteriormente sus herederos Seminario Marticorena, quienes donaron la cerca, la glorieta y algunas estatuas, copias hechas en París y de un parque existente ahí…” (Fragmento de una carta del 12 de junio de 1995, dirigida por el Sr. Miguel Seminario Gómez a la Sra. Gloria Gallardo de Carbo con motivo de una investigación relacionada con el parque en mención).

La generosa donación de la familia Seminario dio origen a una sesión extraordinaria celebrada en el Consejo Cantonal -según consta en la p. 268 de las Actas Municipales de ese año-, cuya resolución quedó determinada por el acuerdo del 6 de agosto de 1895 suscrito por el entonces Presidente del Consejo, Sr. Francisco García Avilés, dirigido al Sr. Rodrigo Arrarte, apoderado de los herederos de don Miguel S. Seminario, que en partes dice: “Puesta en consideración de la I. Municipalidad Cantonal que hago el honor de presidir, en sesión de 23 pasado, la alta y estimable comunicación de usted de fecha 22 del mismo, reducida a solicitarle que reconsidere la resolución  por la cual se dio el nombre de “Parque Seminario” al que han formado en de Plaza de Bolívar de esta ciudad los señores herederos de don Miguel S. Seminario, a quienes usted representa, la I. Corporación acordó sostener la resolución antedicha, adoptada como un testimonio de gratitud que guarda por el señor Seminario y sus hijos.

Una vez más este I. Municipio encomia y reconoce la nobleza y generosidad de los móviles que generaron el valioso donativo que constituye hoy una de las más hermosas y anheladas mejoras de esta ciudad, así como reconoce también el sincero patriotismo y desinteresado empeño que ha guiado a los señores sucesores del muy distinguido… en el exagerado cumplimiento de la disposición que aquel les confiara”.

Ya para entonces, el parque había sido inaugurado el 24 de julio de 1895, día del natalicio del Libertador, y desde esa fecha se lo denominó Seminario, en agradecimiento a su donante.

A más del monumento al Libertador, el parque luce en su esquina sureste una bellísima escultura que representa a dos jabalís peleando, cuya autoría pertenece al escultor francés Virgil Chaudejeaug; y hacia la puerta que da a la calle Clemente Ballén una hermosa “Glorieta” octogonal, en la que en años pasados se realizaban actos culturales y las bandas de música de la ciudad ofrecían sus retretas en los días festivos.

El parque es conocido también como El Parque de las Iguanas, debido a que en él viven y son alimentados por el público gran número de estos milenarios reptiles.

Se encuentra situado frente a la Catedral, enmarcado entre las actuales calles Chile, 10 de Agosto, Chimborazo y Clemente Ballén; ocupando la gran Plaza de Armas del Guayaquil colonial, que ya existía desde 1693, cuando el cabildo se trasladó a Ciudad Nueva.

 

Autor: Efrén Avilés Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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Autor - Efrén Avilés Pino, Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador Diseño Web: Aldo Mora
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