Escritor lojano nacido el 20 de abril de 1897, hijo del Sr. Manuel
Carrión Riofrío y de la Sra. Filomena Mora Bermeo.
Sus primeras enseñanzas las recibió en el seno de su hogar, y la
secundaria en el Colegio Bernardo Valdivieso de su ciudad natal donde en 1916
se graduó de Bachiller. Viajó entonces a Quito e ingresó a la Facultad de
Jurisprudencia de la Universidad Central, para obtener, en 1922, el título de
Abogado.
Al año siguiente desempeñó el cargo de Prosecretario de la Cámara de
Diputados, y en 1925 el presidente Dr. Gonzalo S. Córdova lo nombró Cónsul del
Ecuador en El Havre, Francia, circunstancia que aprovechó para acrecentar su
acervo y cultivar la importante amistad de grandes intelectuales como don
Miguel de Unamuno, Gabriela Mistral y otros talentos del siglo.
En 1932, tras la “incalificable descalificación de don Neptalí Bonifaz”
intervino en los sucesos relacionados con la “Guerra de los Cuatro Días”,
y en septiembre de ese mismo año, el Encargado del Poder, Sr. Alberto Guerrero
Martínez, lo designó Ministro de Educación, cargo que desempeñó sólo por tres
meses, hasta que en diciembre el Dr. Juan de Dios Martínez Mera ascendió al
poder.
A principios de 1933, a pesar de que ya era Secretario General del
Partido Socialista Ecuatoriano, que había declarado su oposición al gobierno,
aceptó el cargo de Embajador en México, razón por la que sus coidearios,
desencantados por considerar que había traicionado sus principios, decretaron
su expulsión del partido.
Su misión en México duró dos años, luego de los cuales regresó a Quito
para ejercer la cátedra de literatura en la Escuela Superior de Pedagogía de la
Universidad Central. Al año siguiente fue nombrado Presidente de la Sociedad
Jurídico-Literaria.
En 1937 volvió a desempeñar funciones diplomáticas cuando el canciller
Luis Bossano -de la dictadura del Gral. Alberto Enríquez Gallo- lo designó
Ministro Plenipotenciario en Bogotá, Colombia. Se trasladó entonces a dicha
ciudad donde permaneció en funciones hasta fines del año siguiente.
Ese mismo año, por disposición
del Dr. Velasco Ibarra, “contribuyó para cambiar de nombre al Instituto
Cultural Ecuatoriano”, creado por el Dr. Arroyo del Río, al que se “volvió a
crear” bautizándolo como Casa de la Cultura Ecuatoriana.
En 1947 asistió como Diputado al
Congreso de la República, y al año siguiente pasó de Embajador ante el gobierno
de Chile, donde permaneció sólo por un año.
En 1947 asistió como Diputado al Congreso de la República, y al año
siguiente pasó de Embajador ante el gobierno de Chile, donde permaneció sólo
por un año.
Posteriormente, durante más de diez años continuó dedicado casi
exclusivamente a las actividades periodísticas y literarias; su nombre alcanzó
renombre internacional y entre 1956 y 1958 fue contratado por la Universidad de
México como profesor de Historia de la Literatura Hispanoamericana.
En 1960 fue candidatizado a la Vicepresidencia de la República en binomio
con el Dr. Antonio Parra Velasco, pero a pesar de que el grito de “Parra-Carrión...
Revolución” se escuchó en las voces de estudiantes y simpatizantes de todo
el país, el resultado de las elecciones favoreció al Dr. Velasco Ibarra que fue
elegido Presidente por cuarta vez.
Su notable obra literaria se inició con la publicación de “Los Creadores
de la Nueva América” (París, 1928) con prólogo de Gabriela Mistral, al que
siguieron: “El Desencanto de Miguel García” (Madrid, 1929), “Mapa de América”
(Madrid, 1930), “Atahualpa” (México, 1934), “Indice de la Poesía Ecuatoriana
Contemporánea” (Chile, 1937), “Cartas del Ecuador” (Quito, 1942), “El Nuevo
Relato Ecuatoriano” (Quito, 1951-53), “San Miguel de Unamuno” (Quito, 1953),
“Santa Gabriela Mistral” (Quito, 1956), “García Moreno, el Santo del Patíbulo”
(México, 1960), “Por qué Jesús no Vuelve” (Quito, 1963), “El Cuento de la
Patria” (Quito, 1965) y “El Plan del Ecuador” (Guayaquil, 1977).
“Defensor esforzado de la Causa de la Dignidad Humana, el compromiso
político con la extrema izquierda más bien ha mellado esa airosa postura
fundamental y en él característica, por lo que ha debido silenciar su voz
cuando las violaciones y la opresión procedían del sector soviético. En sus
escritos se adivina una especie de superstición, la de que el inexorable
progreso del mundo está vinculado a la dialéctica del materialismo histórico;
sin embargo, sus propias páginas no pueden menos que demostrar un aliento
básico de espiritualismo” (Jorge
Salvador Lara.- Las Ideas en el Ecuador del Siglo XX; Historia del Ecuador,
Salvat, tomo 7, p. 186).
Benjamín Carrión Mora, llamado merecidamente “El Príncipe de las Letras
Ecuatorianas”, murió en Quito el 8 de marzo de 1979.