Sacerdote quiteño nacido el 25 de
marzo de 1862, hijo del Sr. Segundo Alvarez L. y de la Sra. Tránsito Arteta.
Realizó sus primeros estudios en la
escuela de El Cebollar, donde durante varios años fue alumno del santo Hermano
Miguel. En esa época sufrió una rara enfermedad de la cual no pudo ser tratado
adecuadamente, por lo cual se prometió, luego de sanar, ingresar al seminario
para lograr su ordenación sacerdotal y ser capellán del colegio.
Para cumplir su promesa ingresó en
Quito al Seminario Mayor de San José. Por esa época el país vivía convulsionado
por las luchas de la Restauración en contra de la segunda dictadura del
Gral. Ignacio de Veintemilla, por lo que debió esperar a que el gobierno fuera
derrotado para poder, en mayo de 1885, recibir de Mons. Schumacher la
ordenación sacerdotal.
Desarrolló una importante labor no
sólo al servicio de la iglesia sino también al servicio de la patria. En 1895
combatió y denunció desde el púlpito el asunto de la Venta de la Bandera,
que de alguna manera marcó el inicio de la Revolución Liberal que llevó
al poder al Gral. Eloy Alfaro.
En 1899 fue elegido Diputado por la
provincia de Tungurahua y en julio del mismo año fue comisionado por el
gobierno del Gral. Alfaro para viajar a Europa a examinar los archivos del
Vaticano y España, y buscar en ellos los documentos relacionados con los
problemas limítrofes del Ecuador, asunto en el cual era muy ilustrado. Como
resultado de esos estudios e investigaciones, publicó en Sevilla, en 1901, su
valiosa obra titulada “La Cuestión de Límites entre las Repúblicas del Ecuador
y el Perú; Apuntes y Documentos”.
Luego de permanecer varios años en
Europa, volvió al Ecuador y en 1904 el obispo González Suárez lo nombró
Provicario General de Guayaquil.
Posteriormente, por razones de índole
político fue tenazmente acosado y perseguido por sus enemigos quienes lo
acusaron inclusive de mantener relaciones amorosas con respetables damas, por
lo que, para evitar el escándalo, tuvo que abandonar el país con destino a
París, Francia, donde llegó enfermo y sin recursos económicos. Más tarde, a
principios de 1908 viajó a Buenos Aires donde fue capellán del Buen Pastor,
desarrollando además una positiva labor sacerdotal al servicio de las clases
más necesitadas de la capital argentina.
Nunca volvió al Ecuador y permaneció
en Buenos Aires hasta el día de su muerte ocurrida el 12 de julio de 1928.
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional de
Historia del Ecuador
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