Militar guayaquileño nacido el 8 de
febrero de 1811.
Desde muy temprana edad se
manifestaron en él sus primeras expresiones de vocación militar, y aunque por
su corta edad no pudo participar en la Revolución del 9 de Octubre de 1820,
poco tiempo después ingresó a la Escuela Náutica fundada por el Almt.
Illingworth, y el 31 de agosto de 1828, junto a José María Urbina, Francisco de
Robles, Luis de Tola y muchos patriotas más, bajo las órdenes del Cap. Tomás
Carlos Wright tuvo lucida y patriótica participación en el Combate Naval de
Malpelo, donde se distinguió por su valentía y arrojo personal.
Durante los primeros años de la
república continuó su carrera militar alcanzando honores y ascensos, hasta que
en 1857 -durante el gobierno del Gral. Robles- fue designado Jefe de la
Guarnición de Guayaquil.
«El Gral. Guillermo Franco era, en
agosto de 1859, Comandante General del Distrito del Guayas y visiblemente el
tercero en la jerarquía del caudillismo urbinista, luego del propio Urbina y
del presidente Robles. Como casi todos los militares de la época, aspirantes
permanentes a la Presidencia y atentos al momento en que deban sacrificarse y
asumir el poder por el ya tradicional método del cuartelazo. Muy destacado en
su género, por no conocer límite alguno a su ambición, no vacilará en
traicionar a la patria para satisfacer sus anhelos» (G. Eguiguren
V.- Los Gobiernos Federales de Loja, p. 71).
Por eso, cuando el gobierno de Robles
empezó a tambalearse debido a que en Quito se había establecido un triunvirato
integrado por los doctores Gabriel García Moreno, Jerónimo Carrión y Pacífico
Chiriboga, consideró que había llegado «su momento» y aprovechó esa
circunstancia para, el 17 de septiembre, proclamarse Jefe Supremo de Guayaquil
y Cuenca.
Pactó entonces con el Gral. Ramón
Castilla -Presidente del Perú-, quien llamado por García Moreno permanecía con
su escuadra en el golfo de Guayaquil con intenciones de sacar el mejor partido
de la incierta situación política por la que atravesaba nuestro país, y
astutamente lo convenció para que le dé su respaldo en contra de García Moreno.
“En efecto, los generales Castilla y
Franco celebraron una entrevista sobre la cuestión internacional, a bordo del
vapor peruano Tumbes, y como resultado de aquella, el 8 de noviembre de 1859,
desembarcó el ejército peruano compuesto de 5.000 hombres y tomó posiciones en
las haciendas Mapasingue, Tornero y Buijo, inmediatas a Guayaquil. Tal
ocupación fue explicada como una garantía de que el Ecuador atendería las
reclamaciones del Perú” (J. A. Campos.- Historia Documentada
de la Provincia del Guayas, tomo V, pag. 81).
Así las cosas, el 25 de enero de 1860,
por medio del Tratado de Mapasingue aceptó algunas aspiraciones peruanas
a cambio de respaldo en dinero, hombres, armas, buques y municiones. De esta
manera se sintió invencible y se preparó para enfrentar a las fuerzas del
gobierno presidido por García Moreno.
Surgió entonces la figura gigante del
Gral. Juan José Flores, quien puso su espada al servicio de la patria y de su
antiguo enemigo -García Moreno-, y asumiendo el mando del ejército, el 7 de
agosto enfrentó a las fuerzas de Franco en las cercanías de Babahoyo, y las destrozó
totalmente.
Franco retrocedió hasta Guayaquil
donde intentó hacerse fuerte, sobre todo contando con el respaldo de las naves
peruanas ancladas en el río Guayas, pero el 24 de septiembre fue nuevamente
vencido por Flores y García Moreno en la histórica Batalla de Guayaquil,
por lo que a bordo de la goleta ecuatoriana «Cuatro de Julio» y amparado por el
pabellón peruano, abandonó para siempre el país.
Avergonzado de su actuación, nunca
retornó al Ecuador, y murió en el puerto de Callao, cerca de Lima, Perú, en
marzo de 1873.
Autor: Efrén Avilés Pino
Miembro de la Academia Nacional de
Historia del Ecuador
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