Batalla de Yaguachi

Batalla-de-Yaguachi

Fue uno de los enfrentamientos fratricidas más sangrientos que registra la historia nacional.

Fue también la culminación de la guerra civil que se inició el 21 de diciembre de 1911 con la muerte del Presidente de la República, Sr. Emilio Estrada, ya que, al producirse el vacío presidencial, se desató una feroz lucha por alcanzar el poder.

En efecto, en Quito el gobierno fue asumido por el Dr. Carlos Freile Zaldumbide -a quien correspondía legalmente-, pero por encima de él se vislumbraba la sombra del poderoso Gral. Leonidas Plaza Gutiérrez. Esta situación motivó la reacción de los liberales alfaristas que en Esmeraldas y Manabí proclamaron la jefatura suprema del Gral. Flavio Alfaro, mientras en Guayaquil se anunció la del Gral. Pedro J. Montero.

En estas circunstancias y ante el inminente peligro de una guerra civil, el Gral. Eloy Alfaro fue llamado por sus leales para que intente mediar en el conflicto. El Viejo Luchador llegó a Guayaquil el 4 de enero de 1912, e inmediatamente empezó a realizar todo tipo de gestiones para evitar un nuevo enfrentamiento entre hermanos, pero éstas no fueron aceptadas por el gobierno de Quito, que en contubernio con el Gral. Plaza movilizó al ejército y marchó hacia la costa para iniciar el conflicto.

Poderosamente pertrechadas con las armas que el propio Gral. Alfaro había adquirido para la defensa de la Patria en 1910, las fuerzas del ejército regular -hábilmente conducidas por los generales Leonidas Plaza y Julio Andrade- vencieron en los campos de Huigra y Naranjito a las débiles, cansadas, escasas y mal armadas fuerzas alfaristas. Pero a pesar de las derrotas sufridas, el Gral. Flavio Alfaro se preparó para dar la batalla final y enfrentar a las fuerzas del Gral. Julio Andrade que marchaban victoriosas hacia Guayaquil.

Esta se dio el 18 de enero de 1912 en las cercanías de Yaguachi, donde ambos bandos lucharon valerosa y heroicamente; pero luego de haber disparado el último cartucho, las fuerzas alfaristas tuvieron que rendirse y firmar la capitulación, que se les brindó bajo la formal promesa de que serían respetadas las vidas de todos los vencidos.

Posteriormente los generales alfaristas se trasladaron a Guayaquil donde fueron traicionados por el Gral. Leonidas Plaza, quien faltando a la palabra empeñada en el Tratado de Durán permitió que todos sean conducidos a Quito, o lo que fue lo mismo, al patíbulo.

Comenzó así el sangriento Asesinato de los Héroes Liberales.

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