Spencer Alberto

Alberto Spencer nunca se desvinculó del fútbol ecuatoriano. Varias veces fue llamado a integrar la selección nacional, y al final de su carrera escribió páginas de oro dentro de la historia del Barcelona Spprting Club, de Guayaquil, donde compartió triunfos junto al mundialista peruano Pedro “Perico” León, bajo la dirección del entrenador brasileño Otto “Mandrake” Vieira.

Aclamado futbolista nacido en Ancón, provincia del Guayas, en el año 1937

El ambiente de los campos petrolíferos de Ancón fue muy propicio para empezar a patear la pelota, pues los trabajadores ingleses de la Anglo practicaban este deporte casi a diario al terminar sus labores, y necesitaban completar los “teams” con “refuerzos criollos”. Allí empezó a aparecer su maestría y dominio de balón.

Su primer club fue el Andes de Ancón. En 1954 se incorporó al Everest de Guayaquil con el que debutó oficialmente en el torneo de 1955. El 29 de junio jugó su primer partido frente a Emelec, y el 7 de julio -contra 9 de Octubre- hizo -de cabeza- su primer gol oficial.

Durante los cinco años siguientes jugó como refuerzo en casi todos los equipos de Guayaquil, defendió a la Selección de Guayas, y enfrentó a importantes equipos como Palestino de Chile, Palmeiras, Vasco da Gama y Portuguesa, de Brasil; Alianza de Lima, Huracán de Argentina, Peñarol de Uruguay, y una selección de la hoy desaparecida URSS. En todas sus presentaciones ya demostraba su pasta de goleador y su habilidad de ponerla dentro del marco con la cabeza, por lo que empezó a ser llamado “Cabeza Mágica”.

Finalmente, en 1960, luego de ser visto en la inauguración del Estadio Modelo de Guayaquil, fue contratado por Peñarol de Uruguay, por ese entonces uno de los equipos más poderosos y aclamados del mundo.

En Montevideo, con los colores aurinegros fue ocho veces campeón uruguayo, tres veces campeón de la Copa Libertadores, dos veces de la Copa Intercontinental y una vez de la Supercopa Sudamericana. Cuatro veces goleador del Campeonato Uruguayo y máximo goleador de la Copa Libertadores de América con 54 goles. En la Intercontinental, solamente lo supera Pelé‚ que hizo siete; Spencer señaló seis.

“En una época en la que el brasileño Pelé brillaba con in­tensidad, Spencer era compa­rado con él. “Es el único juga­dor que me hace recordar, por sus cualidades y su estilo, al formidable Pelé. Tiene la mis­ma desenvoltura, la potencia, las increíbles posibilidades de aceleración, el sentido que le permite esquivar los golpes, la técnica sin fallas. También un extraordinario juego de cabe­za. (…) Su inteligencia para el fútbol colectivo es superior a la de Eusebio”, escribió de él Francois Thebaud, de la pres­tigiosa revista francesa Mirrofr du Football” (El Universo, Nov. 4/06).

En 1971 volvió a Guayaquil para incorporarse a Barcelona y debutó oficialmente el 28 de febrero en Copa Libertadores, enfrentando a Emelec que resultó triunfador 1 x 0. Con Barcelona sumó 38 cotejos oficiales (20 en el Torneo Ecuatoriano 1971 y 18 en las Copas Libertadores de 1971 y 1972), marcando 18 goles, de ellos 6 en la disputa continental, y fue campeón del Ecuador en 1971.

Fue un futbolista de características superlativas: Uno de los mejores cabeceadores de la historia del fútbol mundial, un hombre de arranque fulminante que con extraordinaria habilidad dejaba desairados a los más linajudos adversarios. Poseedor de un dribling impredecible y de una velocidad prácticamente imparable.

Frío, certero y genial, las más grandes publicaciones internacionales de fútbol lo consideran entre los 100 mejores jugadores de todos los tiempos.

Por su carisma y caballerosidad dentro y fuera de la cancha se ganó la idolatría de todos los públicos, especialmente del ecuatoriano que le agradece el que nunca haya renunciado a su nacionalidad, aunque Uruguay ofrecía nacionalizarlo con grandes ventajas económicas y dándole las posibilidades de jugar un campeonato mundial.

A finales de 1999 -cuando aún faltaba un año para finalizar el siglo- la Conmebol, que ya le había otorgado la Orden al Mérito del Fútbol, lo distinguió como la figura central en la Fiesta del Milenio, y en el Ecuador fue designado como el “Más Grande Jugador de Fútbol en la Historia del Balompié Nacional”.

Desde 1984, alejado del fútbol activo, se desempeñó como Cónsul, y a partir de agosto del 2006 como Ministro con funciones consulares del Ecuador en Montevideo, Uruguay, ciudad donde a finales de septiembre le sobrevino una crisis cardiaca que obligó su traslado a una clínica especializada de Cleveland, en EE.UU., donde el 10 de octubre fue operado de emergencia; luego de una corta recuperación, una descompensación ocurrida en la mañana del 3 de noviembre le ocasionó la muerte, a los 69 años de edad.

“Alberto tuvo partidarios, pero nunca enemigos. Se desprendió de esta vida terrenal, para pasar a la leyenda, al mito, a la historia y el recuerdo. Algunos seres dignifican la raza humana y uno de ellos fue Alberto Spencer” (Julio María Sanguineti, dos veces Presidente del Uruguay y Presidente Honorario de Peñarol).

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