Villacís Aníbal

Anibal-villacis

Pintor ambateño nacido en 1927.

Las condiciones económicas en las que le tocó vivir su infancia, y la falta de un centro artístico que pudiera guiar sus primeros pasos, convirtieron a Aníbal Villacís en un artista autodidacto, que debió comenzar a pintar usando los elementos más rudimentarios: carbón y papeles estraza.

A pesar de haberse formado en esa dura escuela, pudo encontrar respuesta adecuada a sus inquietudes artísticas que se identificaron con la corriente renovadora, informal y expresionista que marcaba esa época.

En 1953 decidió viajar a París en busca de nuevas alternativas. Entonces -influenciado por el ambiente parisino- se involucró de manera definitiva por el informalismo, que al año siguiente reafirmó en Madrid donde le impregnó a su obra un carácter telúrico, mágico, de formas y texturas sólidas, con matices artesanales y colores fuertes, vivos y audaces.

“A mediados de la década de los sesenta Villacís, en posesión de una técnica y un estilo, comienza a dar su aporte a la nueva expresión plástica ecuatoriana. La técnica es el soporte de búsquedas precolombinistas. Sobre superficies gruesas de materia (con base de yeso y hábil uso del acrílico) dibuja motivos por incisión o los logra por raspados, dejando con lo uno y lo otro a la vista el color de los fondos. El dibujo organiza motivos caligráficos u ornamentales, de valor estético o sígnico, recuperados de la arqueología y el folclor. La cromática tiene predilección, en un primer momento, por blancos, grises, ocres arcillosos y tierras; pero incorpora también, en piezas de especial sentido ritual o mágico, rojos intensos y oros fastuosos” (Hernán Rodríguez Castelo.- El Siglo XX en las Artes Visuales de Ecuador, Banco Central de Guayaquil).

Fue esa técnica rica y vigorosa la que le abrió el camino de sonados y repetidos logros: En 1965 ganó el “Mariano Aguilera” con su obra “Incaico”, en 1966 fue distinguido con el Segundo Premio en el Salón Bolivariano de Cali, y finalmente, con “Calendario Precolombino” obtuvo en 1969 el Primer Premio en el Salón de la Casa de la Cultura de Guayaquil.

Los años setenta cogieron a Villacís en una nueva búsqueda de posibilidades y pasó, de lo precolombino, a lo colonial. Para los entendidos este fue el mayor acierto de su carrera. Logró entonces, con “Entonación de Arcilla”, el Primer Premio Internacional en el Salón de la Independencia Latinoamericana, en Quito, en 1972.

“Creo que soy sobre todo sincero, y que mi pintura no le debe nada al Muralismo Mexicano, no he copiado nunca las manos o las costillas que ellos pintaron, no he seguido los pasos de José Luis Cuevas, y yo hice informalismo autodidácticamente en Ambato desde 1945, muchos años antes que en España comenzara la corriente Antonie Tapies. Cierto que todos somos susceptibles a las influencias de los grandes artistas, pero es necesario resistirse a las tentaciones para no perderse, y seguir su propio camino”

Más adelante cambia nuevamente su rumbo y vuelve –sin abandonar los argumentos que lo convirtieron en uno de los artistas más notables de su generación- hacia el pasado, tocando cabecitas, expresiones infantiles y niños con sonrisas dulces e inocentes.

“Aníbal Villacís es, ante todo, pintor de refinamiento técnico, que sabe extraer de los medios con que se expresa resultados poco frecuentes en los creadores de su generación. Por eso, puede manifestarse en dos rutas divergentes pero que tienen en común la pulcritud de oficio y el ahondamiento en valores plásticos que solo los elegidos, los destacables pueden lograr. Villacís, tras el ejemplo de su compatriota Rendón, traza una vía ancha, por si solo en el arte actual del Ecuador, y con ella además penetra en el círculo selecto de los grandes creadores sudamericanos que trascienden porque saben expresar lo nacional o, más bien, lo regional, con decisión universal” (José Gómez-Sirce, Director del Museo de Arte Moderno de América Latina).

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