Yerovi Pintado Agustín

Agustin-Yerovi

Escritor y jurista nacido en Quito a fines de 1815, hijo de don Joaquín Yerovi y Camacho y de la Sra. Josefa Pintado y Camacho.

«Recibió del cielo el Sr. Yerovi los dones más raros y más apetecidos, una inteligencia poderosa y sobresaliente y un corazón lleno de virtudes. Dedicado en temprana edad a los estudios universitarios, hizo brillantes progresos en los cursos que siguió hasta recibirse de abogado, supliendo con su distinguida capacidad e infatigable aplicación, los conocidos defectos de nuestra atrasada y decadente enseñanza» (Escritos de García Moreno. Biblioteca del Dr. Jorge Salvador Lara).

Entre 1841 y 1844 -mientras dictaba cátedra de Derecho y desempeñaba el cargo de vice-rector del afamado Convictorio de San Fernando-, sin omitir gastos personales puso todo su empeño en recopilar, ordenar y publicar la tan debatida «Historia del Reino de Quito», escrita por el padre Juan de Velasco por el año 1789; y al año siguiente actuó lucidamente como Secretario de la Asamblea Constituyente que se reunió en Cuenca a raíz de la Revolución Marcista que en 1845 puso fin a quince años de dominación floreana.

Posteriormente continuó prestando importantes servicios al país a través de diferentes cargos públicos. «Como político es roquista, secretario de la Cámara del Senado, bajo la presidencia de esta cámara del Gral. Antonio Elizalde en 1847, de D. Diego Noboa en 1848, del Dr. Modesto Larrea en 1849, y el 14 de enero de 1851 lo eligen también para secretario de la Constituyente, pero se excusa de aceptar el cargo» (Wilfrido Loor.- José María Yerovi, p. 154).

«En la carrera del foro, hoy tan envilecida por los traficantes de derechos, y en los diversos empleos que obtuvo sin solicitarlo jamás, manifestó una instrucción sólida y variada a par de un juicio sano, de un corazón recto y de una conducta rígida como la moral, y pura y noble como su alma elevada. El crédito que en consecuencia se granjeó, realzado por una modestia sincera y por un trato dulce y ameno, le habría conducido gloriosamente a los primeros puestos de la República en tiempos menos depravados; pero, para ascender en una aciaga época de revueltas y traiciones, le faltaban las alas de los malvados, la perfidia, la bajeza y la osadía» (Escritos de García Moreno.- ídem).

Prematuramente y cuando apenas contaba treinta y ocho años de edad, murió herido por un rayo mientras cruzaba a caballo el páramo de Mulaló, el 19 de enero de 1853.

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