Vega Eduardo

Eduardo-Vega

Artista y ceramista cuencano nacido el 13 de junio de 1938, hijo del Sr. Guillermo Vega Hacha y de la Sra. Carmela Malo Andrade.

Luego de haber culminado su bachillerato en el acreditado colegio Borja de su ciudad natal, inició su formación académica –en dibujo y pintura- asistiendo, entre 1958 y 1960, a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, España; luego pasó a la Brixton School of Building de Londres, Inglaterra, donde permaneció hasta 1961 en que regresó al Ecuador para dedicarse de lleno a la pintura, que desde temprana edad había sido su gran pasión.

Sus primeras expresiones las vivió entre la pintura de caballete y la decoración de interiores, fase esta última en la que se inició en el manejo de la arcilla, que luego dominaría con gran maestría.

En 1964, junto con los arquitectos Jaime, Enrique y Rafael Malo conformó la empresa de arquitectura “Conar”, y ejecutó sus primeros recubrimientos murales en casas particulares cuencanas.

En los años posteriores, al formarse en Cuenca las primeras industrias de cerámica fue llamado para realizar los diseños de una de ellas. Así, gracias a la experiencia adquirida en esta actividad pudo acceder, en 1967, a una beca del gobierno francés para asistir a la Ecole de Beaux Arts de Bourges, localizada en La Borne, en una de las regiones más ricas en la producción de cerámica tradicional. Y fueron precisamente ese contacto con ceramistas de altísima calidad, y los conceptos de respeto por el material a emplear en sus trabajos, los factores que primaron al momento de realizar su primer trabajo mural: “El País de El Dorado”, creado en 1969 para decorar el hotel El Dorado de Cuenca.

Al año siguiente fue contratado para realizar un mural para el edificio del Citibank de Quito; “Quiero plasmar en este largo mural y por medio de una incesante vibración de luz y sombra aquello que siendo la esencia misma de nuestra tierra, constituye un gran espectáculo de la naturaleza: “Callejón Interandino”. Voy a ejecutarlo usando para ello la tierra de la que están hechas sus mismas montañas”.

Al finalizar “Callejón Interandino” volvió a Cuenca para empeñarse en la creación de un taller cerámico que instaló en su propia residencia, contando para el caso con la ayuda del técnico Raymundo Crespo, del alfarero José Cumbe, de 2 o 3 operarios y de su propia familia. Entonces “Nacen sus palomas inspiradas en el arte popular de una región de vocación artesanal por excelencia. Toma contacto con folkloristas de relieve como Paulo de Carvalho Neto. Observa acuciosamente las formas y la decoración en otros medios del saber popular. Los tallados de madera, la textilería, la paja toquilla, la misma cerámica del lugar, se convierten en fuentes de inspiración…” (Alexandra Kennedy Troya.- E. Vega: Obra Mural y Escultórica).

En 1973, con una técnica más depurada, creó uno de sus trabajos más aclamados: “Los Huangalas”, un bellísimo mural para el Hotel Continental de Guayaquil, en el que con inspirada creatividad “recogerá fragmentos de la historia amerindia, esta vez plasmando la flora y la fauna de la costa ecuatoriana” (Idem).

De allí en adelante, su obra, tanto como muralista como diseñador de cerámicas menores, alcanzaría fama y renombre en todo el país, rebasando inclusive las fronteras de la patria.

Comprometido con la naturaleza, con la arquitectura, con la artesanía y con su propia comunidad, dedicó parte de su talento al embellecimiento de su entorno iniciando un importante movimiento en pro de la preservación de los valores tradicionales arquitectónicos de su ciudad. “Usa la arcilla y el barro para armar, de piezas irregulares, grandes murales, que recogen, en su altorrelieve, motivos de la artesanía cuencana del barro. Recupera así para el mural la expresividad de la cerámica popular y el color de la terracota –hermosa gama de ocres-. La composición se basa unas veces en el diseño precolombino y otras, con libertad casi abstracta, juega con elementos que sugieren plantas de viejas ciudades o fastuosas composiciones con algo de mágico” (Hernán Rodríguez Castelo.- El Siglo XX de las Artes Visuales en Ecuador, Banco Central de Guayaquil).

Fue nombrado entonces, en 1980, Primer Director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural para el austro, para el período de 1983 a 1985.

Posteriormente fue electo Concejal y vicepresidente del Concejo Cantonal de Cuenca para el período de 1988 a 1992; funciones desde las cuales continuó impulsando las labores destinadas a la conservación del patrimonio construido y natural de la ciudad.

Entonces, ayudándose con otros elementos como el cemento, creó “Los Totems”, que donó a la ciudad para embellecer el redondel de las avenidas Remigio Crespo y Unidad Nacional. Por esa época, junto a su esposa, Alexandra Kennedy, ya había creado la Fundación Paul Rivet, destinada a ampliar su radio de acción al tema de “Cultura y Desarrollo”

En 1997 se separó de la producción industrial de la fábrica Artesa, y creó la Galería Taller E. Vega, localizada junto a su residencia, en la colina de Turi, panorámico mirador desde el cual se puede apreciar toda la belleza de Cuenca.

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