Rodríguez Lara Gral. Guillermo

Guillermo-Rodriguez-Lara

Militar nacido en Pujilí, provincia de Cotopaxi, el 4 de noviembre de 1923.

Sus estudios básicos los realizó en la ciudad de Latacunga; Primero en la Escuela San José, de los Hermanos Cristianos, y luego en el Colegio Vicente León. En 1939 viajó a la ciudad de Quito para ingresar al Colegio Militar Eloy Alfaro, donde se graduó de Bachiller en 1943 con la primera antigüedad. Al año siguiente, como premio a su aplicación recibió una beca para continuar estudios en la Escuela Militar de Colombia: Obtuvo entonces el grado de Primer Alférez, y el 9 de agosto de 1944 el grado de Subteniente de Ingenieros del Ejército Ecuatoriano, con la primera antigüedad.

En 1945 inició sus estudios superiores en la Escuela de Artilleros e Ingenieros, y dos años más tarde nuevamente fue becado, esta vez para continuar estudios de ingeniería en la Escuela Superior Técnica del Ejército Argentino, donde se graduó de Ingeniero Militar.

En 1960 viajó a Panamá para realizar estudios en la Escuela de las Américas de la zona del Canal, y al finalizar el Curso de Comando y Plana Mayor obtuvo una vez más la primera antigüedad. Posteriormente, de 1962 a 1964 fue profesor de la Escuela de las Américas y de 1964 a 1966 realizó estudios de Estado Mayor en la Academia de Guerra, donde nuevamente obtuvo la primera antigüedad. Finalmente viajó a los EE.UU. donde completó sus estudios en la Escuela de Comando y Estado Mayor.

A su regreso al Ecuador, al tiempo que continuaba con su preparación militar desempeñó el cargo de profesor en la Escuela Técnica de Ingenieros, en la Escuela de Aeronáutica, en la Academia de Guerra, en la Escuela Superior y en el Colegio Militar Eloy Alfaro.

El 8 de abril de 1971 fue nombrado Comandante General del Ejército. El Ecuador soportaba el quinto gobierno del Dr. José María Velasco Ibarra y el anciano mandatario, rompiendo una vez más la Constitución -cual era su costumbre- había asumido el poder total de la República. Por esa época Rodríguez Lara había manifestado que «sólo los insensatos de mentalidad obtusa pueden pensar en una dictadura militar…» (En el Palacio de Carondelet.- E. Muñoz B.- ob. cit. p. 606).

Ya había empezado a brotar el ansiado petróleo en los pozos de Lago Agrio, en el oriente ecuatoriano; cuando la memoria le hizo una mala jugada haciéndole olvidar su «sentencia», y el 16 de febrero de 1972, por medio de un golpe militar que fue llamado «El Carnavalazo» -en alusión a las fiestas que se celebraban ese día-, derrocó al Dr. Velasco Ibarra y se proclamó Jefe Supremo de la República.

“… los militares habían dado un golpe de estado para que fueran ellos, y no los civiles, quienes administraran la nueva y portentosa riqueza que traería el petróleo” (Silvana Larrea.- Revista Diners No. 222, Noviembre 2000).

Cuando asumió el poder “se presentó al país con una serena firmeza, que parecía capaz de neutralizar las inevitables presiones de contrarios intereses. Mas, poco a poco, y bajo otras influencias que las del comienzo, el régimen cayó en el facilismo, sin enfrentar el fenómeno económico nacional, al confundir riqueza con abundancia en pocas manos del Estado” (Alfredo Pareja Diezcanseco.- Ecuador: Historia de la República, tomo III, p. 141)

Tomó el país, «coincidencialmente», en momentos en que el Ecuador vivía sus momentos de mayor riqueza petrolera, lo que permitió a su «Gobierno Nacionalista Revolucionario» realizar una administración cómoda y sin ningún tipo de problemas económicos. Es más, era tan grande la bonanza petrolera, que el 20 de noviembre de 1973 el Ecuador fue admitido como Miembro Titular de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).

Ya en el poder adoptó la costumbre de atisbar en la maraña de la política nacional la posibilidad de acometer brillantes empresas y de forjar, con relación a ellas, ambiciosos proyectos en los que siempre quedó presente su toque personal.

«Con ingresos fiscales que fueron el doble que los que tuvo Velasco Ibarra en su último período, cinco veces más que los de la Junta Militar, diez veces más que los de Ponce y veinte veces más que los de Galo Plaza, Rodríguez Lara realizó una modesta obra en las áreas de la educación, salud, vivienda, electrificación, regadío, carreteras, caminos vecinales, agricultura y ganadería» (L. y J. García González.- Resumen de Geografía, Historia y Cívica; tomo 3, p. 255)

Cuatro años después, «La situación nacional tenía un horizonte ennegrecido por el desbarajuste administrativo, la inoperancia burocrática -el mismo Dictador hablaba del tortuguismo administrativo- y la grave situación económica que imperó en el país durante el segundo semestre de 1975. La buena estrella del general Rodríguez comenzaba a declinar» (Eduardo Muñoz Borrero.- En el Palacio de Carondelet, p. 615).

En la noche del 31 de agosto de ese año, un grupo de oficiales del ejército encabezados por el Gral. Raúl González Alvear se sublevó en el cuartel «Epiclachima», y en las primeras horas de la mañana, respaldados por un fuerte contingente militar a sus órdenes, atacaron el Palacio de Carondelet con intenciones de destituir al mandatario.

Pero la experiencia y sagacidad militar no eran una casualidad en Rodríguez Lara, quien intuyendo el golpe había viajado esa misma noche a la ciudad de Riobamba para negociar con los oficiales de la división blindada «Galápagos».

Logrado el respaldo necesario, con los tanques y vehículos de guerra marchó sobre la ciudad de Quito, y luego de un prolongado tiroteo que ocasionó varias muertes en ambos bandos, pudo, finalmente, recuperar el Poder. Esta situación terminó de debilitar la fuerza de su régimen, y a pesar de las duras medidas adoptadas para solucionar la crisis éstas no tuvieron suficiente consistencia y su estrella comenzó a apagarse.

Pocos meses más tarde, en las primeras horas del 11 de enero de 1976 fue sorpresivamente defenestrado cuando en el Palacio de Gobierno celebraba la boda de una de sus hijas. El poder pasó entonces a un triunvirato integrado por miembros de las tres fuerzas armadas: Gral. Luis Leoro Franco, por la aviación; Gral. Guillermo Duran Arcentales, por el ejército; y Alm. Alfredo Poveda Burbano, de la marina, que lo presidió.

Posteriormente se retiró a la vida particular y a las labores agrícolas en su propiedad, cerca de Pujilí.

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