Joaquín Pinto

Joaquin-Pinto

Notable pintor nacido en Quito el 18 de agosto de 1842, hijo de don José Pinto y Valdemoros y de doña Encarnación Ortiz y Cevallos.

Desde sus primeros años de escuela, en vez de con letras y números llenaba su pizarra escolar con caprichosos dibujos que expresaban su juvenil creatividad. Por esa época de estudiante, su compañero Cipriano Borja le dio las primeras clases de dibujo hasta que sus padres, percatándose de sus notables facultades y afición por la pintura, le pusieron por maestro a don Ramón Vargas. Posteriormente recibió las enseñanzas de Rafael Vanegas, Andrés Acosta, Tomás Camacho, Santos Cevallos y finalmente de los maestros Antonio Salas y, considerados los mejores pintores de su tiempo.

En 1853, debido a la muerte de su padre su familia empezó a pasar una vida de pobreza y privaciones; entonces, para poder subvencionar las necesidades de los suyos, sin descuidar sus estudios de arte se dedicó a dar clases de cultura general, pues gracias a su talento y prodigiosa inteligencia había adquirido vastos conocimientos de historia universal, geometría, anatomía plástica y perspectiva, mitología y otras ciencias, además, hablaba con bastante fluidez el francés, el inglés, el alemán, el griego y el latín.

Por 1876 se casó con su alumna la Srta. Eufemia Berrio, y juntos convirtieron el arte del grabado en su especialidad, por lo que al año siguiente, el entonces canónigo de Cuenca, Federico González Suárez, empeñado en ilustrar con láminas su obra «Estudio Histórico Sobre los Cañaris», lo buscó y lo comprometió para que dibujara las láminas e imprimiere los grabados. Producto de su trabajo en conjunto son las maravillosas láminas que representan temas del costumbrismo indígena y motivos religiosos, que ilustran dicha obra.

Obra de su talento son bellos lienzos de temas religiosos, como el que representa al evangelista «San Juan en su Visión Apocalíptica de la Virgen», «La Virgen María, en su Advocación de Nuestra Señora de la Merced», «El Indio de la Magdalena», «Vista al Cráter del Pichincha desde Capillampa», «Soliloquio de María», «Entierro del Niño Indio», «El Chimborazo», «Cara-Ajos» y otras; también un retrato de González Suárez, con quien cultivó una amistad que duró toda la vida.

De su maestro y amigo Juan Manosalvas aprendió la técnica de la acuarela, y al poco tiempo lo superó ampliamente por el dominio y la riqueza de los matices del color. «Su temperamento impresionable halló en el indio una fuente de inspiración, no sólo por su variedad etnográfica y forma de vestido, sino por sus funciones al servicio de la sociedad. Su habilidad para el dibujo le permitía captar con rapidez la visión del modelo, cuyo diseño lo completaba con la sobreposición del colorido, a base de aguas gomosas y unas gotas de hiel de vaca, para conservar la frescura y humedad de la acuarela» (J. M. Vargas.- Cultura No. 19, p. 403, Bco. Central).

A fines del siglo XIX y a principios del XX, llegó a ser el artista de moda tanto para nacionales como para extranjeros que buscaban enriquecer sus pinacotecas y galerías con colecciones de costumbrismo indígena. De estas se destacan las colecciones que vendió al señor Ministro de Francia, don Hipólito Fandiu, a quien entregó veintitrés acuarelas; y las dieciséis que pintó para el señor canciller don Rogelio Bonnal.

Fue un hombre muy agradable, correcto, educado y de amena conversación, que gozó de la amistad de notables personalidades como el ilustre sacerdote Dr. Julio Matovelle, para quien pintó -por encargo de las Carmelitas de la Asunción de Cuenca- un lienzo de gran tamaño que representa la «Transverberación de Santa Teresa». Además, todos los jueves se reunía en íntima tertulia literaria con sus grandes amigos Roberto Espinoza, Carlos R. Tobar, Quintiliano Sánchez y Honorato Vásquez, con quienes compartía lo que cada uno había escrito o conservara inédito.

Fue justamente debido a su profunda amistad con Honorato Vásquez que trasladó su residencia a la ciudad de Cuenca, donde a partir de 1903 trabajó como maestro en la Escuela de Pintura que éste había fundado en 1893. Ese mismo año, al terminar el curso de pintura regresó a la ciudad de Quito, donde a partir de 1904 y a solicitud del Presidente de la República, Gral. Leonidas Plaza Gutiérrez, dictó clases de pintura en la Escuela de Bellas Artes que había sido fundada por García Moreno en su segunda administración.

Dedicado a su abnegada labor de maestro y siempre con los pinceles entre sus dedos, la muerte lo sorprendió en Quito el 25 de junio de 1906.

 

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