Rendón Manuel

Manuel-Rendon

Notable artista «guayaquileño» nacido en París, Francia, el 2 de diciembre de 1894, en circunstancias en que su padre, el Dr. Víctor Manuel Rendón, desempeñaba funciones diplomáticas en dicho país.

Criado y educado en Francia, desde pequeño encontró en París campo propicio para desarrollar sus primeras inquietudes artísticas, las que pudo arrumbar adecuadamente gracias a la dedicada orientación que le dio su madre -doña María Seminario- y a las frecuentes visitas que hacía a los museos, tanto parisienses, como de Madrid, España, donde solía viajar a menudo.

Aunque fue un autodidacto de la pintura -arte que llevaba en la sangre- su primera exposición consistió en dos esculturas exhibidas en 1916 en el salón de la Societé Nationele des Beaux-Arts; pero poco a poco abandonó la escultura para dedicarse totalmente a la pintura.

Al año siguiente el gobierno francés organizó una exposición de pinturas con el propósito de reunir fondos en favor de los heridos de la Primera Guerra Mundial, a la cual asistió con algunas de sus obras y en la que uno de sus cuadros fue adquirido por el Museo de Grenoble. En 1918, la directora de la galería Vildrac se interesó en sus cuadros y los exhibió con gran aceptación por parte del público, lo que constituyó un éxito para el joven pintor.

En la multifacética escuela de París, integrada por españoles, rusos, polacos e italianos, fue formando y perfeccionando su personalidad artística, que fue apreciada en 1926 por Leonce Rosenberg, propietario de la galería L’Effort Moderne, quien empezó a exhibir sus cuadros junto a los de los más notables pintores del arte contemporáneo: Picasso, Juan Gris, Braque, Fernand Léger, Gleizes, Metzinger, Gino Sevirini y Giorgio de Chirico.

Desde ese año Rosenberg compró toda su producción hasta que sobrevino la crisis económica de 1930, por lo que dos años más tarde tuvo que suspender todos sus contratos con los pintores. Esto lo obligó -unido ya para toda la vida con Paolette Everand- a radicarse en el campo en busca de los medios para poder subsistir.

En 1937 -a requerimiento de su padre que se encontraba enfermo en Guayaquil- volvió al Ecuador donde continuó desarrollando su arte inigualable. Por esa época viajó a Galápagos y a su regreso, en Guayaquil, presentó una exposición de más de 80 dibujos en los que registró toda la maravillosa gama de colores y matices de las Islas Encantadas.

Casi doce años permaneció en el Ecuador residiendo en Guayaquil, Cuenca y Galápagos, y durante este tiempo presentó sus obras en diferentes exposiciones realizadas tanto en Guayaquil como en Quito. Por fin, en 1949 volvió a París, pero pasó antes por New York donde visitó el famoso museo de arte moderno y las principales galerías y salas de exhibición.

En París fue recibido con claras muestras de aprecio, y su primera exposición en la Ciudad Luz, en la Galerie D’Art du Fauburg, recibió los mejores comentarios por parte de la exigente crítica especializada. En esa oportunidad, el propio Estado francés adquirió uno de sus cuadros para el Museo de Arte Moderno de París.

Convertido en uno de los más notables pintores modernos y en uno de los representantes más puros de la Escuela de París post-cubista, continuó evolucionando su arte, unas veces en Guayaquil -o en su «refugio» de San Pablo en la costa ecuatoriana- y otras veces en París donde tenía su residencia permanente.

A partir de 1951 su obra alcanzó fama mundial y fue invitado a exponer sus cuadros en las salas y galerías más importantes. Las principales ciudades de Brasil, España, Cuba, EE.UU., Venezuela, Francia y Ecuador aplaudieron y reconocieron en él a uno de los más notables pintores del mundo.

“Es conocido que Rendón se inicia como escultor. Fue un maestro en el más cabal sentido renacentista del vocablo. Dominó el dibujo, la témpera, la acuarela, el grafito, el óleo, el carbón, el lápiz del color. De la rotunda materialidad del volumen llegó, pasando por una sutil transparencia a un depurado refinamiento interior, obteniendo una sabia combinación de colores puros tratados con devota unción y elaborada técnica. Como los pocos grandes maestros honró y dio categoría a las preseas más importantes, tanto nacionales como internacionales, que recibiera, sin haberse preocupado jamás en conquistarlas. Abstraído del mundo y de sus engañosos fantasmas, en íntima comunión con la naturaleza, junto a su inseparable compañera, su lúcida inteligencia y su sensible temperamento resolvían magistralmente los inagotables enigmas del arte con la certidumbre de un genuino y ejemplar creador” (Carlos de la Torre Reyes.- Revista Diners No. 68, En. 1988).

En 1967 volvió nuevamente al Ecuador y se radicó en el barrio de Las Peñas, en Guayaquil, o en su refugio de San Pablo, donde continuó su obra pictórica. En 1979 volvió a París para realizar una nueva exposición, y al año siguiente murió, en dicha ciudad, a los 86 años de edad.

 

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