Silva Medardo Ángel

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Sensible e inspirado poeta guayaquileño nacido el 8 de junio de 1898, hijo del Sr. Enrique Silva Valdez y de la Sra. Mariana Rodas Moreira.

Sus primeros estudios los realizó en la escuela de La Filantrópica, y luego continuó la secundaria en el Colegio Vicente Rocafuerte, que debió abandonar luego de los tres primeros años -con el título de maestro de escuela- debido a la necesidad de trabajar para poder subsistir.

Tenía quince años de edad cuando en 1913 trató de iniciarse públicamente en la carrera literaria, pero no tuvo éxito, pues todos sus intentos fracasaron o se estrellaron ante la muralla que levantaron frente a él los escritores y literatos de la época. Sus primeros versos -enviados al «Telégrafo Literario»- fueron echados al canasto de basura, por lo que en busca de alguna oportunidad, en dos ocasiones escribió al ilustre escritor imbabureño Isaac J. Barrera -quien dirigía la importante revista literaria «Letras», de Quito- buscando una puerta que se abra a sus inquietudes poéticas.

«Mucha osadía es la mía, al dirigirme a un caballero para mí desconocido personalmente, pidiéndole un favor como el que estas letras motiva; pero lo he hecho confiando en su benevolencia de artista que ha sabido conquistar una posición literaria como la que Ud. ocupa y que por lo mismo, sabe de la lucha del anónimo por el nombre.

Si encuentra Ud. muchos desatinos en mis versitos -que sí los ha de haber- ruego me los indique, pues a los dieciséis años no sé hacer obras maestras» (carta del 2 de febrero de 1914).

Desgraciadamente, ni en el «Telégrafo Literario» ni en «Letras» pudo el joven poeta ver publicado sus versos.

Dos años más tarde, a pesar de las dificultades su nombre ya era considerado en los círculos poéticos y literarios de Guayaquil, y en pleno ascenso hacia la fama nacional figuró como Jefe de Redacción de la revista literaria «Renacimiento», cuyos directores eran José A. Falconí Villagómez, José María Egas y Wenceslao Pareja y Pareja; y de El telégrafo, que en esa época era el diarios de mayor circulación.

A mediados de 1917 pasó a colaborar en la revista «Patria» que dirigía Carlos Manuel Noboa, de la que formó parte como redactor y luego como Jefe de Redacción y encargado de la dirección. Entonces, con fina, delicada y exuberante naturaleza poética desarrolló una inconfundible labor de periodismo literario.

A principios de 1918 reunió sus mejores poemas, y haciendo un esfuerzo económico que estaba casi fuera de su alcance los editó en forma de libro bajo el título de «El Arbol del Bien y del Mal», que a la postre fue el único volumen poético que publicó en vida.

«Ordenó imprimir 100 ejemplares. Pensó obsequiar algunos y vender el resto al precio de S/. 2,oo. Algún tiempo después de haberlos dejado a la venta, solicitó una liquidación. Al saber que no se había vendido ni un solo ejemplar, en uno de sus gestos temperamentales habituales, pidió que le devolvieran todos los volúmenes. No se volvió a saber de ellos. Parece que incineró el resto de edición que le quedaba. Hoy es raro encontrar un ejemplar, como si fuera un Incunable» (Abel Romeo Castillo.- Medardo Angel Silva: Vida, Poesía y Muerte; p. 109).

«El Arbol del Bien y del Mal» incluía, entre otros, sus bellos poemas «Se Va con Algo Mío», «Estancias», «Lo Tardío», «Diálogo», el inmortal «El Alma en los Labios» -que había dedicado a su enamorada la Srta. Rosa Amada Villegas-, «Las Voces Inefables», «Al Angelus», «Crepúsculos de Asia», «Hora Santa», «La Respuesta», «Junto al Mar», «La Muerte Perfumada» y otros de igual belleza poética. En 1919 publicó su breve novela campesina titulada “María Jesús”.

«La muerte es el centro convergente de toda su producción. Toma la vida a través de los prismas ilusorios, se enajena en el dolor y en el cansancio para finalmente redimirse en la idea fatal. Veinte años de edad tenía y ya se encontraba al frente de las sombras y de espaldas a la aurora. Usa el símbolo, no en el color sino en las palabras. A la muerte la llama: Libertadora, Emperatriz, Muda Nodriza, La Enmascarada, La Extraña Visita, Llave de Cautiverios, etc.» (1) y todos ellos son nombres de sus poemas.

En la noche del martes 10 de junio de 1919, según era su costumbre visitó la casa de la familia Villegas, a cuya hija -Amada- pretendía amorosamente, y luego de conversar con ella durante cortos minutos, sacó un revólver Smith & Weisson calibre 38 que llevaba oculto y puso fin a su vida.

En el 2004, el Proyecto de Rescate Editorial de la Biblioteca Municipal de Guayaquil publicó sus “Obras Completas”, en una colección de lujo propiciada por el Alcalde de la Ciudad, Ab. Jaime Nebot Saadi.

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