Mons. Andrés Machado

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Religioso nacido en Guachapala, cantón Paute de la provincia del Azuay, el 16 de agosto de 1850, hijo del Sr. Fernando Machado y de la Sra. Antonia Pesantez.

Al cumplir 16 años de edad y habiendo concluido sus primeros estudios, el 19 de julio de 1866 ingresó a la Compañía de Jesús obedeciendo el llamado de su vocación religiosa. Al año siguiente viajó a Quito y el 30 de julio juró los primeros votos.

Durante siete años fue Rector del Colegio de los Jesuitas de Riobamba, hasta que en 1904 fue llamado a Quito para que ocupe el mismo cargo en el Colegio San Gabriel; fue entonces, dos años más tarde, el 20 de abril se efectuó el milagroso prodigio de la imagen de La Dolorosa del Colegio.

En 1907 Su Santidad el Papa Pío X lo nombró Obispo de Riobamba, y el 10 de febrero del año siguiente, en la Capilla Arzobispal hizo la profesión de fe ante la presencia del Arzobispo de Quito Mons. Federico González Suárez. Finalmente, el domingo 16 de febrero recibió la consagración episcopal en la Catedral de Quito.

Posteriormente administró la silla episcopal de la entonces llamada Diócesis de Bolívar, que comprendía las provincias de Bolívar y la mayor parte de la de Chimborazo. Justamente se encontraba en el desempeño de dicho cargo, cuando el 13 de noviembre de 1915 fue nombrado Administrador Apostólico de Guayaquil. Se trasladó entonces a su nuevo destino y con ese honroso título rigió sabiamente dicha Diócesis hasta el 28 de abril de 1916, en que Su Santidad el Papa Benedicto XV lo nombró VI Obispo de Guayaquil, cargo del cual tomó posesión el 22 de octubre de ese mismo año.

Entonces, con gran energía empezó a trabajar para estimular el celo y el fervor del escaso clero de la ciudad, “desarrolló la enseñanza del catecismo, hizo impulsar la construcción de las iglesias del Sagrado Corazón de Jesús, de María Auxiliadora, de San Agustín, y el 10 de agosto de 1924, puso la primera piedra para el edificio de la Catedral…” (Dr. Carlos A. Rolando.- Los Centenarios de 1950).

Sólo diez años pudo Guayaquil beneficiarse de las bondades y sabiduría del ilustre prelado, que en el sagrado ejercicio de sus funciones murió el 22 de enero de 1926.

 

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