Pablo Palacio

Pablo-Palacio

Escritor lojano nacido el 25 de enero de 1906, hijo de la Sra. Elena Palacio.

A la edad de seis años inició sus estudios primarios en la Escuela de los Hermanos Cristianos, y luego pasó a continuar la secundaria en el renombrado Colegio Bernardo Valdivieso, donde se destacó como un excelente y brillante alumno.

Por esa época, en 1921 obtuvo su primer triunfo literario cuando Benjamín Carrión llevó a Loja la costumbre de realizar Juegos Florales; juegos a los que asistieron muchos universitarios y un solo escolar: él. En esa memorable ocasión presentó su cuento «El Huerfanito», que mereció una distinción especial por parte de los jueces. Dos años más tarde publicó en la revista «Inquietudes» -que circulaba en Loja- sus cuentos «El Frío» y «Los Aldeanos».

Posteriormente se trasladó a vivir en la ciudad de Quito e ingresó a la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Central. Publicó entonces su polémico y primer libro al que tituló «Un Hombre Muerto a Puntapiés», que levantó gran polvareda en aquel medio todavía pecato, aunque los nuevos círculos literarios -constituidos por jóvenes intelectuales de todo el país- lo acogieron y recibieron con los brazos abiertos.

«Veinte y cinco años tenía y ya la bohardilla de candil y de vianda, se trocó en bondadosa comodidad material. Benjamín Carrión que en un gobierno de interinazgo ocupara el Ministerio de Educación lo llevó poco tiempo después como subsecretario, tratando de tentar a su talento hacia la identificación del naciente partido Socialista. Y Pablo Palacio fue por convicción y por principio un hombre de ancho anhelo reivindicatorio, pero nunca le sedujo el gremio, ni aceptar hubiese podido consignar su talento a una ordenanza. De ahí que su posición política siempre fue clara y su actitud como escritor propia y emancipada de recetas» (Rodrigo Pesantez Rodas.- Literatura Ecuatoriana, p. 393).

En efecto, fue un socialista convencido, verdadero, de profunda fe en sus ideas y conceptos, totalmente identificado las ideas renovadoras que empezaban a germinar en esos años. «Sujeto original, impredecible, eterno nadador contra corriente, descriptor en profundidad, de conductas y personajes morbosos; homosexuales, locos, deprimidos, sifilíticos, antropófagos, sádicos, masoquistas» (Rafael Díaz Icaza.- El Universo, En. 8/94).

Pronto inició una magnífica producción literaria en la que se destacan sus cuentos «Comedia Inmortal», «Farsa para Teatro en dos Escenas», «Gente de Provincia», «Un Nuevo Caso de Marriage en Trois» y varios otros que fueron publicados en diferentes revistas de la época.

En 1932 se graduó de Licenciado en Leyes, y tres años más tarde obtuvo su título de Abogado. Para ese entonces ya había publicado sus novelas «Débora» y «Vida del Ahorcado». Poco tiempo después fue nombrado profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Central, y en 1937, luego de un largo enamoramiento contrajo matrimonio con la destacada artista Carmita Palacios.

A mediados de 1939 se empezaron a manifestar los primeros síntomas de una terrible enfermedad; con mucha frecuencia perdía la memoria y el hilo de las conversaciones; era atacado por graves trastornos estomacales y mostraba mucha intranquilidad e irritabilidad. Poco tiempo después la locura hizo presa de él, por lo que su esposa lo llevó a Guayaquil para internarlo en la Clínica Siquiátrica del Dr. Ayala Cabanilla, donde se empleó como enfermera para poder cuidarlo amorosamente y poder cubrir en parte el alto costo del tratamiento.

«Pablo Palacio constituye un hito en nuestra literatura, un hombre que descendió al abismo de su mente, inclusive en sus obras, y que no pudo liberarse. Sus libros de alta calidad literaria sobreviven a su cuerpo físico, pues como lo decía: «Sólo los locos experimentan hasta las glándulas de lo absurdo y están en el plano más alto de las categorías» (Barriga López.- Diccionario de la Literatura Ecuatoriana).

Siete largos años duró la agonía de Pablo Palacio, hasta que llegó su hora final, el 7 de enero de 1947, cuando sólo tenía cuarenta y un años de edad.

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