Túpac Yupanqui

Tupac-Yupanqui

Poderoso Inca conquistador, sucesor de Pachacútic-Yupanqui, a quien le correspondió la misión de engrandecer el Tahuantinsuyo.

En efecto, poco después de asumir el poder del incario ante la muerte de su padre ocurrida a mediados del siglo XV, «El Resplandeciente Glorioso» organizó una formidable fuerza militar con la que emprendió la marcha hacia el norte, para iniciar la conquista de las regiones andinas de lo que hoy es el Ecuador.

Al principio la campaña le resultó relativamente fácil, pues en las regiones de Loja, los Paltas y otros pueblos vecinos, poco organizados militarmente, no ofrecieron resistencia y se sometieron en paz (1); pero cuando avanzó sobre los Cañaris las cosas se pusieron más difíciles para el poderoso y bien organizado ejército incaico, pues estos lo rechazaron luchando con bravura y obligándolo a retroceder hacia Saraguro, donde Tupac-Yupanqui debió esperar la llegada de refuerzos para poder reiniciar la conquista.

“El Resplandeciente Glorioso” volvió con un ejército de cerca de 100.000 guerreros con los que luego de sangrientas matanzas y destierros colectivos, logró finalmente derrotar a todos los pueblos de la región que, considerando la inmensa superioridad militar de los incas, prefirieron pactar y someterse a las condiciones impuestas por estos, que consistían principalmente en la entrega como rehenes de un hijo y una hija de los principales caciques, y el traslado de 15.000 Cañaris en calidad de mitimaes, que fueron reemplazados por igual número de indígenas fieles al incario, que fueron traídos de otras regiones.

En su labor de conquista y fascinado por la belleza de la región, entre 1460 y 1470 hizo levantar importantes construcciones como la fortaleza o templo de Ingapirca, y la ciudad de Tumipampa o Tomebamba (Cuenca), donde nació su hijo Huayna-Cápac.

Luego de permanecer cerca de un año en territorio cañari, Tupac-Yupanqui volvió al Cuzco a con el objeto de gobernar desde la capital imperial, situación que fue aprovechada por los pueblos de la región para sublevarse y organizar la resistencia. Al tener noticias de esta rebelión, Tupac-Yupanqui organizó una nueva expedición, y al mando de un ejército de cerca de 200.000 (2) hombres volvió para subyugarlos nuevamente. La muerte de miles de Cañaris, Puruhaes y Panzaleos, y con ellos sus principales caciques, determinó finalmente el sometimiento de estos valerosos pueblos.

Esperó entonces la llegada de nuevos refuerzos, y cuando completó los 250.000 (3) hombres se decidió a avanzar hacia el norte para extender su conquista.

Ante el peligro que los amenazaba, todos los pueblos de la región se unieron y conformaron una poderosa fuerza de resistencia que, bajo el mando del valeroso Epiclachima, se preparó para enfrentar a los conquistadores incas.

La gran batalla se libró en la llanura de Tiocajas, en las cercanías del volcán Cotopaxi, donde la lucha fue feroz y encarnizada: Quitus, Cayambis y Caranquis, junto a otros pueblos de la región, se mantuvieron irreductibles enfrentando con heroicidad una larga campaña defensiva; pero la superioridad militar y estratégica de Tupac-Yupanqui no pudo ser rechazada por Epiclachima, cuya muerte en combate determinó finalmente la victoria de los cuzqueños.

Luego de esta victoria los Incas conquistaron sin muchas dificultades la parte central de la sierra hasta llegar a la planicie que se extienda a las faldas orientales del volcán Pichincha, donde Tupac-Yupanqui decidió establecer una ciudad que debía ser un gran centro de poder con carácter básicamente militar, procediendo de inmediato a organizar como provincias del imperio a todos los territorios conquistados.

“Fueron pues los Incas quienes descubrieron un pedazo de tierra que tenía la calidad de servir para la fundación de una ciudad nueva. Este pedazo no tenía nombre. Los Incas se lo dieron derivándolo del nombre que había tenido antes toda la comarca, y así fueron fundadores de una primera ciudad de Quito (…) No existía tal ciudad preincaica de Quito muy grande y toda de piedra labrada, como quiere hacernos creer el padre Velasco en su descripción de la ciudad antigua” (Max Uhle.- El Reino de Quito.- Boletín de la Academia Nacional de Historia, Vol X, Quito, Enero 1924 No. 27, 28, 30).

Instalado en la ciudad que acababa de establecer, Tupac-Yupanqui re­cibió a una embajada que le enviaron los Huancavilcas y los Chonos -valerosos pueblos que habitaban las márgenes de los ríos Guayas y Daule- quienes con el propósito de aprovechar de sus conocimientos, pidieron que les enviara una delegación de nobles y capitanes para que los instruyeran en las doctrinas incaicas.

Cuando los emisarios incas llegaron fueron recibidos con muestras de gran júbilo, pero cuando estos trataron de imponerles ciertas obligaciones, Huancavilcas y Chonos reaccionaron con dignidad y, aprovechando un descuido, les dieron muerte a todos.

Tupac-Yupanqui no pudo vengar la afrenta, debido a que exigencias relacionadas con el manejo del imperio lo obligaron a regresar al Cuzco, donde fue recibido en triunfo y obsequiado con grandes celebraciones; pero no pudo disfrutar mucho tiempo de su gloria porque la muerte le sobrevino al poco tiempo, en el año 1475.

«Tupac-Yupanqui fue uno de los Incas más poderosos: sus grandes hechos de armas, sus dilatadas conquistas pertenecen propiamente a la historia, y su personalidad misma se halla mejor caracterizada, destacándose, entre las figuras fabulosas de los Incas, como un personaje verdaderamente histórico, y no como una entidad forjada por la imaginación de los indios y adornada con una grandeza moral poco verosímil» (F. González Suárez.- Historia General de la República del Ecuador, tomo I, p. 69).

(1) F. González Suárez.- Historia General de la República del Ecuador (Quito 1969), volumen primero, pág. 63.

(2 y 3) Estas cifras son señaladas por Cieza de León en base a la información que logró recabar de los quipucamayos, quienes muy seguramente exageraron.

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