Cuenca

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Antes de la llegada de los españoles «…era ya ciudad asiento de un gran poblado y capital de los Cañaris, con construcciones, edificios, baños, templos y adoratorios; engrandecida y embellecida por el Inca Huayna-Cápac que la amó, por ser lugar de su nacimiento y en donde expandió su espíritu de príncipe progresista y civilizador. En Tomebamba, nombre propio y autóctono, sustituido en la conquista por el de Cuenca, edificó un imponente templo dedicado al culto del Sol, tomando como modelo el de Coricancha del Cuzco. Tomebamba fue lugar de su predilección y allí vivió por años, con numeroso séquito de orejones y mujeres que satisfacían sus placeres…» (Dr. Miguel Angel Peña Astudillo.- 200 Años y una Vida, p. 33).

Su fundación es una de las más interesantes de nuestra historia, y se inicia cuando Francisco Pizarro  -conquistador del Perú- comisionó al Cap. Rodrigo Núñez de Bonilla para que ejerza las funciones de Encomendero en el repartimiento de la Provincia de los Cañaris o Tomebamba. Fue así que en 1538 se instaló en dicha región, y en la dilatada planicie de Paucarbamba, que en lenguaje de los incas significa Llanura Florida; y en Cañari, Guapdón-Délig, que se traduce en Llano Grande Como el Cielo, Núñez de Bonilla levantó un asiento o villa al que dio el nombre de Santa Ana de los Ríos.

Había ya en la primitiva población varias casas de paja, un molino, una zapatería, artículos de subsistencia, abundantes sembríos y pastos donde se alimentaban vacas, bueyes y rebaños de ovejas; cuando diez y nueve años más tarde y cumpliendo un mandato de don Andrés Hurtado de Mendoza -tercer Virrey del Perú, Marqués de Cañete y Guarda Mayor de la Ciudad de Cuenca de España-, el Cap. Gil Ramírez Dávalos se trasladó a Tomebamba, y el 12 de Abril de 1557 -lunes de Semana Santa- llevó a cabo la fundación española de una ciudad a la que entonces solían llamar Nueva Cuenca del Perú.

Esta fundación no se hizo de manera casual ni de improviso, pues la provincia de los Cañaris, donde se levantó la nueva ciudad, había atraído a una relativamente importante migración española desde 1535. La fertilidad de la tierra, la circunstancia de que algunos de sus ríos traían oro aluvial, y la afabilidad de los Cañaris -quienes habían ayudado a Benalcázar en sus luchas por la conquista-, contribuyeron a realzar el atractivo de la región. Y así, asentada en el hermoso valle cruzado por los ríosTarqui, Yanuncay, Machángara y Tomebamba, Cuenca estuvo -desde el primer día- destinada a crecer y prosperar.

En 1563, al crearse la Real Audiencia de Quito pasó a formar parte de esta en calidad de Corregimiento, teniendo bajo su jurisdicción a las poblaciones de Azogues, Cañar, Cañaribamba (Girón), Cumbe, Déleg, Espíritu Santo, Gualaceo, Paute, Paccha, San Bartolomé y Sayausí.

La ciudad continuó creciendo y gracias a su desarrollo adquirió gran importancia social y política; fue así que, durante la colonia, logró convertirse en el principal enlace entre las poblaciones del sur de la Audiencia.

Años más tarde, el 12 de mayo de 1771 S.M. el rey Carlos III decretó la creación de la Gobernación de Cuenca, “a cuyo frente se puso al meritísimo español, don José Vallejo desde el 15 de diciembre de 1777, fecha en que marca su solemne posesión” (Ricardo Márquez Tapia.- Cuenca Colonial, p. 81).

Vallejo emprendió con vigor la empresa de reformar la ciudad en lo moral y en su reconstrucción física, para lo cual “mandó a empedrar las calles, dio orden de que se blanqueen las paredes y muros de las casas y persiguió a los vagos, enviando a algunos a Guayaquil para que sean empleados en la fábrica de tabacos establecida por cuenta de la Real Hacienda; reconstruyó la Casa del Cabildo, edificó dos cárceles, una para hombres, y arregló los libros y documentos de los archivos públicos… “.

Por el año de 1787 Cuenca fue erigida en obispado, siendo su primer prelado el Ilmo. José Carrión y Marfil, quien tomó posesión de su dignidad en la Iglesia Parroquial, constituida entonces en Catedral, bajo el patrocinio y la advocación de la Inmaculada Concepción.

En los albores de la libertad fue una de las primeras ciudades que plegaron a la Revolución del 9 de Octubre de 1820 de Guayaquil: En efecto, al conocer la gloriosa jornada guayaquileña, sus valerosos hijos, encabezados por Tomás Ordóñez, José Sevilla y el clérigo Juan María Ormaza, el 3 de noviembre de ese mismo año enfrentaron decididamente a las autoridades españolas y proclamaron su libertad.

”…los amotinados dirigidos por el teniente Tomás Ordóñez se replegaron a la Plaza de San Sebastián; el jefe militar García Trelles se atrincheró y aseguró en el circuito de la plaza principal de la ciudad; los patriotas y el pueblo, mal armados con pocos fusiles, escopetas y armas blancas, flanquearon por el norte y se situaron en el punto de El Vecino, entrada a la ciudad por el noroeste y en el que se podían recibir refuerzos de otros pueblos. En efecto, el cura de Chuquipata presbítero Javier Loyola, dirigiendo a los patriotas de su parroquia, engrosó la fuerza revolucionaria, que consiguió aislar la ciudad. García Trelles, presionado por los ciudadanos, rindió las armas” (ídem, p. 156).

Como Jefe Civil y Militar fue designado el Dr. José María Vásquez de Noboa, y el 15 de noviembre de 1820 -con espíritu democrático y siguiendo el ejemplo de Guayaquil- se reunió una Asamblea integrada por 36 representan­tes de diversas parcialidades de la región, que al cabo de varios días de discusiones redactó y aprobó un Plan de Gobierno o Constitución de 55 artículos, dando nacimiento a la efímera República de Cuenca.

Desgraciadamente, la libertad para Cuenca duró muy poco, pues el 20 de diciembre de ese mismo año, el Crnel. González, luego de vencer a los patriotas guayaquileños en la primera Batalla de Huachi, venció también a los cuencanos en Verdeloma y entró triunfalmente en la ciudad, por lo que los principales líderes y patriotas tuvieron que huir para poder salvar sus vidas.

La libertad volvió a Cuenca el 21 de febrero de 1821, cuando la ciudad fue tomada por el Gral. Antonio José de Sucre, en su victoriosa marcha por la independencia de nuestra patria.

Cuenca ha tenido importantísima y trascendental participación en la vida política, cultural y militar del Ecuador, y ha sido cuna de ilustres personalidades como el santo Hermano Miguel, Francisco Febres-Cordero Muñoz; el sabio y santo Julio Matovelle, el valiente Gral. Antonio Vega Muñoz, los notables políticos y diplomáticos Antonio Borrero y Cortázar, Gonzalo S. Córdova, Luís Cordero, Alberto Muñoz Vernaza, Mariano Cueva y los ilustres Benigno Malo, Honorato Vásquez, Manuel J. Calle, Miguel Moreno Ordóñez y muchos otros que le han dado brillo a las letras y a la cultura, por lo que con justísima razón ha sido llamada «La Atenas del Ecuador».

Es una ciudad bella y acogedora, cuyo encanto urbanístico se puede apreciar fácilmente en el estilo de su arquitectura «típicamente cuencana», en sus calles y en sus parques. Para satisfacer las necesidades culturales de sus habitantes y de quienes la visitan, la ciudad cuenta con numerosos institutos y centros de arte como el Museo del Banco Central, creado a base de piezas preincásicas y arqueológicas del afamado museo que formó el padre Crespi; el Remigio Crespo Toral que, creado con las donaciones y legados que dejó este ilustre escritor, adquiere la categoría de Museo Histórico; el Museo de Arte Moderno, donde cada año exponen sus obras los más destacados artistas de la plástica nacional y extranjera; el Monasterio de las Conceptas, donde se pueden apreciar inigualables esculturas e imágenes talladas por el extraordinario artista cuencano José Vélez; el Museo de Artes Populares, dedicado especialmente a los tejidos, bordados, sombreros, paños y un sinnúmero de artesanías características de la región; etc.

Por otro lado, es interesante y educativo visitar el complejo arqueológico dePumapungo, descubierto en 1923, y que constituye un conjunto de vestigios de lo que pudo ser la plaza principal de la antigua Tomebamba, uno de los principales centros urbanos del imperio incásico y que, según cuenta la historia, fue destruido por el propio Atahualpa como un castigo a los cañaris por el apoyo que le brindaron aHuáscar durante su campaña de conquista sobre el Reino de Quito. Finalmente hay que visitar su bella e imponente Catedral.

Por estas y mil razones más, el 1 de diciembre de 1999 la UNESCO declaró a Cuenca “Patrimonio de la Humanidad”

El cantón Cuenca fue creado el 25 de junio de 1824 de acuerdo con la Ley de División Territorial de Colombia dictada por el Gral. Francisco de Paula Santander, y en la actualidad está integrado además con las parroquias rurales Baños, Cumbe, Chaucha (Angas), Checa (Jidcay), Chiquintad, Llacao, Molleturo, Nulti, Octavio Cordero Palacios (Santa Rosa), Paccha, Quingueo, Ricaurte, San Joaquín, Santa Ana, Sayusí, Sidcay, Sinincay, Tarqui, Turi, Valle y Victoria del Portete (Irquis).

 

 

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