Batalla de Ayacucho

Histórica batalla librada el entre el ejército independentista del Gral. Antonio José de Sucre y las fuerzas realistas comandadas por el virrey José de La Serna y el Gral. José Canterac.

A partir de la segunda mitad de 1823 Bolívar había empezado a reclutar en Guayaquil a los hombres que debían formar el ejército que concluiría la independencia del Perú y de América; pero en otras regiones le resultó casi imposible, tal fue así, que el 7 de enero de 1824, escribió a Santander una carta en la que le dice: “Todo el ejército es del sur; y continúa “… Si hay cuatrocientos granadinos y venezolanos es lo más que tenemos…  los suranos (se refiere a los peruanos) son tan desertores, que hemos perdido ya 3.000 en el ejército del Perú…” (más adelante dice) …los quiteños son los peores colombianos… los venezolanos son unos santos en comparación de esos malvados. Los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo. Los blancos tienen el carácter de los indios, y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio moral que los guíe. Los guayaquileños son mil veces mejores”. Con esta carta Bolívar da a entender que su ejército estaba constituido -mayoritariamente- por guayaquileños.

Ayacucho es una meseta inclinada y convexa de aproximadamente 1.200 m. que se extiende en las estribaciones de la cordillera oriental; su parte más alta está a 3.460 m sobre el nivel del mar y la más baja a 3.360 m. El soberbio panorama estaba en armonía con la grandeza de los acontecimientos que fijarían allí los destinos de la América Española.

Allí, en esta llanura extendida al pie de la cadena de Condorcunga, limitada por quebradas y barrancos, los dos ejércitos -el de los patriotas y el de los españoles- se avistaron el 9 de diciembre de 1824.

Por la derecha se formaron los batallones Bogotá, Voltijeros, Pichincha y Caracas, de la División Córdoba; la Legión Peruana y los batallones No. 1, No. 2 y No. 3 del Perú, al mando del Gral. La Mar, por la izquierda; al centro, los Granaderos y Húsares de Colombia a las órdenes de Miller; y en la reserva los batallones Rifles, Vencedores y Várgas de la División Lara; los Húsares de Junín y el pequeño escuadrón de Granaderos de los Andes. El único cañón al frente. En total, el ejército patriota sumaba 5.780 hombres.

Desde lo alto del cerro, el ejército español se preparaba para la batalla; ellos y sus oficiales sabían muy bien que esta batalla representaría el fin del dominio español en América o el principio de su reconquista.

El ejército español estaba conformado por los batallones Cantabria, Centro, Castro y 1ro. del Imperial Alejandro, dos escuadrones de Húsares, al mando de Valdés, para atacar el flanco izquierdo de los patriotas; Monet, al mando de los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guías y 2do. del Primer Regimiento del Cuzco, atacaría por el centro; más allá, cinco batallones de Villalobos y el 1er. Regimiento del Cuzco bajo las órdenes del Crnel. Rubín de Celis. En total, 9.310 hombres apoyados por once piezas de artillería.

Antes de comenzar la batalla Sucre recorrió sus líneas arengándolas y dándoles ánimo para la heroica jornada: “Soldados, de los esfuerzos de este día depende la libertad de Sur América. Otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia”.

La lucha fue feroz, heroica y sangrienta. Los batallones y los hombres chocaban unos contra otros, y entre el estruendo de los cañones la caballería cargaba con brío levantando estandartes y cruzando lanzas.

Fue entonces que el bravo Gral. Córdoba dio su célebre orden: “Armas a discreción, paso de vencedores”.

En dos horas Sucre ganó la última batalla por la independencia. “…el Gral. Canternac, Comandante en Jefe del Ejército español, acompañado por el Gral. La Mar se me presentó para pedir una capitulación” (Parte enviado por Sucre el 11 de diciembre de 1824 al Ministro de Guerra de Colombia). Luego, Sucre escribió a Bolívar: “Está concluida la guerra y completada la libertad del Perú. Por premio para mí, pido que usted me reserve su amistad”.

En dicha batalla, que selló de manera definitiva la independencia de América, junto a los valientes generales patriotas, lanza en mano y luchando codo a codo con los soldados participó también la heroína quiteña Manuelita Sáenz.

Posteriormente el Congreso peruano se reunió en Lima y le dio a Sucre el título de Mariscal, que fue ratificado por el propio Libertador el 17 de diciembre de ese mismo año.

Vale destacar de manera especial la participación de los guayaquileños en las batallas por la independencia del Perú, que dio lugar a que Santander le escribiera al Intendente de Guayaquil -Gral. Juan Paz del Castillo- en los siguientes términos:“El Libertador ha dicho muy bien que cuando se recuerde la historia del Perú en esta época, se hará justicia a los esfuerzos patrióticos de Guayaquil…”.

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