Batalla de Gatazo

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El 16 de abril de 1895, como consecuencia de un movimiento revolucionario surgido a raíz de haberse denunciado el escándalo de la Venta de la Bandera, el Dr. Luis Cordero se vio en la necesidad de renunciar a la Presidencia de la República. Ante esta situación el poder pasó a manos del Dr. Vicente Lucio Salazar, quien para gobernar formó un gabinete integrado por miembros pertenecientes a los diferentes partidos políticos. Poco tiempo después, el 5 de junio estalló en Guayaquil laRevolución Liberal que proclamó la Jefatura Suprema de don Eloy Alfaro, que se encontraba desterrado en Nicaragua.

El 18 de junio Alfaro llegó a Guayaquil y lanzó una proclama por medio de la cual proponía la paz de la República, pero los conservadores extremistas y los políticos enemigos se alinearon junto al Dr. Salazar para combatir a quien se había convertido en caudillo y reivindicador de los derechos del pueblo ecuatoriano. Inmediatamente, y mientras los revolucionarios preparaban su plan de campaña y organizaban un ejército -armado más que con rifles con la voluntad de vencer-, el gobierno de Quito entregó el mando del ejército al experimentado y valiente Gral. José María Sarasti, quien inmediatamente partió para enfrentar a las tropas liberales que desde Guayaquil habían iniciado su marcha hacia la sierra.

Divididas las fuerzas liberales en dos columnas, el 6 de agosto le correspondió al Crnel. Cornelio E. Vernaza enfrentar a los gobiernistas en San José de Chimbo, donde sufrieron un grave descalabro; pero pudieron recuperarse rápidamente ya que el ejército regular abandonó el campo de batalla para pasar a Gatazo -en las cercanías de Riobamba-, y enfrentar a las fuerzas que Alfaro comandaba personalmente.

La batalla decisiva se libró allí, en Gatazo, el 14 de agosto de 1895. Ese día, comprendiendo que la reivindicación de la patria había llegado, gran cantidad de indios de la zona se ofrecieron para pelear junto al ¡Amu Alfaro!, y al caer la noche, luego de bravos enfrentamientos terminó el combate sin determinar el triunfo para ninguno de los dos bandos.

Sin embargo, un hecho inesperado vino a decidir el triunfo de la batalla: Mientras en el campo de los revolucionarios, Eloy Alfaro, Medardo Alfaro y Cornelio Vernaza, trabajaban arduamente para reorganizar sus fuerzas, en el campo gobiernista reinaba la anarquía y la desorganización, e inclusive se corrió la voz de que el Gral. Sarasti había ordenado la retirada. Al amanecer del día siguiente, con los primeros rayos del sol Alfaro volvió al campo de batalla, y luego de disparar seis cañonazos descubrió que no quedaba en él ni la sombra de las tropas de Quito, que fueron perseguidas por los indios armados de palos y piedras, y que al grito de ¡Indio Alfaro viene… caraju…! dieron el puntillazo final a la batalla.

Alfaro recogió en el campo de batalla 8 cañones, 2.450 bayonetas y 7 camillas de ambulancia, y al tiempo que muchos soldados gobiernistas se presentaban ante él luciendo en sus sombreros cintillas rojas con las que se identificaban con el liberalismo, en un lugar apartado Medardo Alfaro brindaba correcta atención al Gral. Pedro Lizarzaburu, a quien personalmente había capturado.

Gatazo confirmó el triunfo del liberalismo en el Ecuador, y permitió que el 4 de septiembre Alfaro entre triunfalmente en Quito, donde fue recibido entre aclamaciones y expresiones de gran júbilo.

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