Batalla de Junín

La batalla de Junín constituye una de las más importantes entre las que se libraron por la independencia de América, y en ella -en parte gracias a los versos de “El Canto a Junín”, que escribiera Olmedo- Bolívar alcanzó la inmortalidad.

Ya desde principios de 1823 Bolívar había empezado a reclutar en Guayaquil a los hombres que debían formar el ejército que concluiría la independencia del Perú y de América; el 15 de abril envió al Gral. Santander -encargado de la Presidencia de Colombia- una carta en la que entre otras cosas le decía: “Hemos hecho gastos infinitos y hemos tomado infinitos reclutas, para poder mandar seis mil hombres al Perú… Diré a usted de paso que he agotado el manantial de mi rigor para juntar los hombres y el dinero con que se ha hecho la expedición. Todo ha sido violencia sobre violencia. Los campos, las ciudades han quedado desiertas…”.

Para Bolívar no fue fácil -por no decir que le fue casi imposible- reclutar soldados en otras regiones, tal fue así, que el 7 de enero de 1824, en otra carta a Santander le dice:  “Todo el ejército es del sur (Guayaquil); y continúa “… Si hay cuatrocientos granadinos y venezolanos es lo más que tenemos…  los suranos (se refiere a los peruanos) son tan desertores, que hemos perdido ya 3.000 en el ejército del Perú…” (más adelante dice) …los quiteños son los peores colombianos… los venezolanos son unos santos en comparación de esos malvados. Los quiteños y los peruanos son la misma cosa: viciosos hasta la infamia y bajos hasta el extremo. Los blancos tienen el carácter de los indios, y los indios son todos truchimanes, todos ladrones, todos embusteros, todos falsos, sin ningún principio moral que los guíe. Los guayaquileños son mil veces mejores”.

A mediados de 1824 ya Bolívar marchaba al encuentro de los realistas. El 2 de agosto, al pasar revista a su ejército los arengó con estas palabras: “¡Soldados! Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encargado a los hombres, la de salvar un mundo entero de la esclavitud. ¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo y no la burlareis porque vosotros sois invencibles. ¡Soldados! La esperanza de las naciones está pendiente de vosotros…”.

El día anterior a la batalla, durante un banquete que Bolívar ofreció a sus generales, el Crnel. O’Connor levantando su copa dijo: “…brindo porque si en el primer encuentro con el enemigo fuere nuestro destino vernos derrotados, no quede vivo uno solo de nosotros para llevar el dolor y el luto a la Patria”.

En las primeras horas del 6 de agosto de 1824, el ejército patriota avanza hacia el campo de batalla. Junto a Bolívar cabalgan los generales Antonio José de Sucre, José Domingo de Lamar, Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra.

A las 2 de la tarde se encuentran los dos ejércitos: El Libertador Bolívar y el Gral. José Canterac acuerdan dar la batalla solo con las caballerías, el primero confiando en el valor de sus hombres y el segundo en la disciplina y en la superioridad de los 1.200 jinetes que tenía.

A semejanza de los que libraban los guerreros de la antigüedad, en dicho combate -que solo duró 45 minutos- solo se peleó con armas blancas, sin que un solo tiro de fusil o de cañón desentonara entre el metálico chispear de bayonetas y espadas, y el crujir de las lanzas al romperse.

Al caer la noche, el triunfo fue de los patriotas.

Los realistas perdieron 19 oficiales y 345 soldados, dejando además en el campo de batalla 80 hombres que fueron hechos prisioneros, 400 caballos y gran cantidad de armas; los independentistas tuvieron 45 muertos y 99 heridos.

Vale destacar de manera especial la participación de los guayaquileños en las batallas por la independencia del Perú, que dio lugar a que Santander le escribiera al Intendente de Guayaquil -Gral. Juan Paz del Castillo- en los siguientes términos: “El Libertador ha dicho muy bien que cuando se recuerde la historia del Perú en esta época, se hará justicia a los esfuerzos patrióticos de Guayaquil…”.

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