Cultura Guayaquil

Esta presencia prehispánica fue descubierta por los investigadores Resfa e Ibrahim Parducci, quienes la ubicaron entre los 300 y 200 años a.C., en la gran sabana que hoy ocupa la ciudad de Guayaquil, compartiendo su subsuelo con la cultura Chorrera, más antigua que ella; y con Jambelí y Daule-Tejar, que fueron sus contemporáneas.

Justamente por su ubicación, en un sector cercano al río que estuvo rodeado de esteros e inundado de lagunas, debemos suponer que su alimentación debió basarse principalmente en la pesca y, en la caza de aves acuáticas, que era muy abundante en la zona.

Tuvieron costumbres funerarias muy particulares, denominadas por sus descubridores como “Lecho de Cerámica”, la cual consiste en poner el cadáver sobre fragmentos de cerámica y rodearlos de trozos más grandes del mismo material, dejando al difunto como en una “estuche o cofre de cerámica, integrado por restos de ollas utilitarias”.

Debieron habitar viviendas construidas de caña con techos de paja u hojas de bijao, materiales muy abundantes en la región pero, lamentablemente, muy perecibles, razón por la cual no existen evidencias directas de ellas.

Para dar fe de su presencia se han encontrado varios tipos de cerámica y 25 formas diferentes de vasijas. Existen platos polípodos de 4 a 7 soportes, platos, cuencos, compoteras de base acampanada y vasijas de silueta compuesta con reborde en el cuello. También se han descubierto 127 figurinas –unas modeladas a mano y otras utilizando moldes- en las que se representa claramente las vestimentas, adornos y características físicas de los personajes.

Es preciso destacar además la presencia de otros artefactos cerámicos como flautas, ocarinas y silbatos, anotando que en el caso de las ocarinas estas –en su mayoría- son representaciones zoomorfas.

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