Jíbaros

Jibaros

Nombre que se da a varias agrupaciones tribales que habitan en la cuenca del alto Amazonas, al sureste del Ecuador y al norte del Perú.

Se cree que llegaron al Ecuador siguiendo aguas arriba las corrientes de los ríos Zamora, Santiago, Pastaza, Aguarico y Napo.

En la actualidad constituyen comunidades y pueblos indígenas que se encuentran diseminados en las provincias de Morona-Santiago y Zamora-Chinchipe, aunque existen también algunas jibarías en las orillas de los ríos Napo y Pastaza.

Sus hombres son de elevada estatura, de fuerte contextura y de inteligencia muy despierta; su piel es de color ocre amarillento, sus cabellos largos y sus labios gruesos.

“El Jíbaro jamás roba, prefiere la libertad, pues nadie ha osado conquistarle y peor dominarle; se gobiernan como les parece. Lo curioso es que los Jíbaros se adornan profusamente para ser más bellos, por eso acostumbran a llevar diademas de plumas de todo color, dientes de animales salvajes colgados en el pecho, se perforan el tabique nasal, orejas y labio inferior en los cuales se insertan palillos de chonta, plumas o huesos de pescado. Hombres y mujeres se pintan el rostro, tórax y extremidades con rayas o figuras geométricas de varios colores” (M. Navas Jiménez.- Historia, Geografía y Cívica; N. 2, p. 183).

El Jíbaro es machista y polígamo por naturaleza; roba a sus mujeres, niñas aún, en diversas jibarías y las convierte en verdaderas esclavas. Son admiradas si proporcionan hijos varones, y despreciadas si tienen niñas. Son pueblos que viven dedicados a la pesca, la caza y la siembra de maíz, camote, yuca y plátanos, que son la base de su alimentación.

Los jíbaros de la amazonía son cazadores ancestrales que dominan el uso de la cerbatana, cuyos dardos, envenenados con el mortal curare, son de una efectividad asombrosa. Esta arma es también usada para la defensa de sus poblados y para atacar sigilosamente a sus enemigos.

Están muy bien organizados para la guerra y para defender lo que consideran su territorio, y han logrado triste fama por su práctica de reducir las cabezas de sus enemigos para lucirlas como trofeos de guerra. Esa reducción se llama Tzantza.

En la actualidad están bastante civilizados, pero aún mantienen algunas de sus más ancestrales tradiciones.

 

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