Los Cuatro Mosqueteros del Guayas

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El 19 de marzo de 1938 se inició en Lima, Perú, el “V Campeonato Sudamericano de Natación”, evento al que asistieron importantes delegaciones de todos los países, especialmente de Argentina y Brasil, que ostentaban su hegemonía sobre todos los demás países.

A dicha cita deportiva -bajo la inspiración de don Jacobo Nahón, quien a más de mentalizador financió en gran parte “la aventura”, y bajo la dirección técnica y desinteresada de Arduino Tomassi-, asistió también la minúscula delegación ecuatoriana integrada por Ricardo “El Pechón” Planas, Abel “La Lancha” Gilbert, Carlos Luis “El Grillo” Gilbert y Lucho Alcívar.

En esa época se competía no sólo en todas las modalidades en las que se lo hace hoy, sino también en distancias que por largas han sido suspendidas, probablemente por falta de participantes.

Los grandes favoritos eran -lógicamente-, Brasil y Argentina, que con sus impresionantes delegaciones tenían participantes especializados en todas las distancias y estilos.

Y comenzó a escribirse la hazaña. Los cuatro “Guayacos” se presentaban en todas las competencias, en todas las distancias y en todos los estilos. 100, 200, 400, 800 metros, y si hubiera habido mayores distancias también habrían participado. Libre, pecho, mariposa, espalda y postas. Nadaban en una prueba y al poco rato nuevamente se presentaban a la pileta para una nueva competencia. Y así, uno a uno los triunfos fueron asombrando a todos los participantes y a todas las delegaciones que no podían comprender cómo “sus” campeones tenían que resignarse a posiciones secundarias. De tanto escuchar el Himno Nacional del Ecuador, todos lo aprendieron.

El “V Campeonato Sudamericano de Natación” culminó el 27 de marzo consumando una hazaña que proclamó a Ecuador campeón con 108 puntos, seguido por Perú con 90, Chile con 78, Argentina con 75, Brasil con 37 y Uruguay con 9 puntos.

La llegada de nuestros campeones a Guayaquil tuvo características apoteósicas y su humildad servirá de ejemplo para todas las generaciones. Nunca reclamaron honores, reconocimientos, solares, casas o pensiones vitalicias. El gobierno central los olvidó o no quiso conocer de la hazaña.

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