Los Trece de la Fama

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Radicado definitivamente en Panamá luego de veinte años dedicados a diversas aventuras, y siendo poseedor de una regular fortuna y de una posición cómoda y respetable; a mediados de 1524 Francisco Pizarro se asoció con Diego de Almagro y con el clérigo Hernando de Luque, con quienes organizó e inició su primera expedición de conquista, que resultó un fracaso. Dos años después, junto con Almagro partió en una nueva aventura hacia los mares del sur, y llegó hasta el poblado de Atacames (en Esmeraldas). En este lugar, luego de permanecer varios días escucharon hablar de las grandes riquezas que había en lejanos pueblos del sur, por lo que Almagro regresó a Panamá en busca de ayuda para continuar la expedición, y él se quedó esperando, en la isla del Gallo, donde protagonizó uno de los hechos de mayor bravura, decisión y coraje que registra la conquista española: La historia de “Los Trece de la Fama”.

En efecto, después de permanecer durante varios meses abandonados en dicha isla, los soldados españoles empezaron a mostrar desconfianza y deseos de regresar a Panamá, por lo que Pizarro, luego de tomar una espada y trazar una línea sobre el suelo, dijo señalando hacia el sur: “Hacia allá está la gloria y la riqueza… los que estén dispuestos a lograrla, que me sigan… hacia el otro lado está el volver derrotados y pobres…” dicho esto, cruzó con decisión dicha línea, y fue seguido sólo por trece hombres más.

“El número y los nombres de estos esforzados paladines, aumentado, disminuido, o confundido, ha sido por todos los antiguos cronistas y modernos historiadores, hasta que en 1899, el ilustrado escritor peruano, don César Alberto Romero, en una monografía, que premió justicieramente en certamen, el Ateneo de Lima, probó, con documentos fehacientes, que los “Trece de la Fama” habían sido en realidad: Pedro Alcón, Alonso Briceño, Pedro de Candia, Antonio Carrión, Francisco de Cuellar, García de Jaren, Alonso Molina, Martín de Paz, Cristóbal de Peralta, Nicolás de Ribera, Domingo de Soraluce, Juan de la Torre, Francisco de Villafuerte” (J. Gabriel Pino Roca.- Leyendas, Tradiciones y Páginas de la Historia de Guayaquil, tomo I, p. 88).

Poco tiempo después, cuando recibió la ayuda que le llegó desde Panamá, continuó su viaje hacia el sur y el 18 de agosto de 1527 descubrió la península de Santa Elena y el golfo de Guayaquil.

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