Monumento a El Fauno y la Bacante (Guayaquil)

En las primeras décadas del siglo XX se destacó en los teatros latinoamericanos la figura de una extraordinaria bailarina española, de nombre Tórtola Valencia, cuya extraordinaria belleza y habilidad para la danza hicieron que fuera muy solicitada en los principales teatros de las ciudades más importantes del continente, habiendo sido Guayaquil una de las que la acogió con mayor beneplácito.

De acuerdo a los diarios de la época, Tórtola Valencia no solo se presentó haciendo uso de su especialidad en la danza sino que, además, sirvió de modelo para una de las esculturas más bellas que existen en la ciudad: ella es La Bacante que trata de ser seducida por El Fauno, del monumento titulado, precisamente, El Fauno y la Bacante.

Obra del artista Luis Veloz, esta bella escultura realizada en mármol en 1918, evoca uno de los mitos más antiguos de la humanidad.

La alegoría simboliza el alma -representada por la doncella dormida- que al cerrar los ojos a la luz del pensamiento es envuelta por el mundo indeterminable de los deseos, que no deben ser reprimidos sino integrados y trascendidos sabiamente en la vida. Como es fácil de entender, los deseos están representados por el fauno, que sonríe satíricamente.

Desvelizado el 9 de octubre de 1919, el monumento fue colocado en el “Paseo” ubicado en la calle de la Industria (hoy Eloy Alfaro), próximo a la antigua iglesia de La Merced, que para entonces había pasado a llamarse San Alejo.

El emplazamiento inicial del monumento -que por su concepción artística generó gran polémica-, dio origen a una larga disputa; pues la Diócesis lo estimó ofensivo, propiciando la reacción de beatas y feligreses que, considerando indecente la obra, se expresaron a través de “una protesta en nombre de la mo­ral” -según publica el periódico El Guante en su edición del lu­nes 18 de octubre de 1920- por lo que los promotores del monumento decidieron -para evitar enfrentamientos- reubicarlo unos metros más allá, en la misma plazoleta.

La polémica relacionada con su emplazamiento podría tener analogía con el triunfo de la Revolución Liberal de 1895, que dio inicio a varios años en que el panorama político ecuatoriano se caracterizó por el enfrentamiento liberal-conser­vador.

Para desacreditar el triunfo liberal y a manera de desquite, “…a partir de 1904, en el pórtico de entrada de San Alejo, se exhibía un conjunto escultórico en el que dos personajes azotaban una imagen de Cristo. Una de las estatuas representaba a un anciano de peque­ña barba, con botas republicanas y, según algunas opiniones liberales, con un extraordinario parecido a Eloy Alfaro. El otro, supuesto legionario romano, sin camisa, (algo inaudito en las legiones del Cé­sar) era de tez morena, con sorprendente parecido al que, alguna vez, lució sombrero Montecristi: Pe­dro J. Montero, lugarteniente de Alfaro. Sea con in­tención o sin ella… ¡los liberales se sintieron alu­didos! (Arq. Parcival Castro en la página 46 del fascículo No. 6 de Historia de los Monumentos de Guayaquil).

Ya para entonces, la Plazoleta en la que se había colocado el monumento había sido denominada por el Cabildo como “Paseo Montalvo”, en homenaje a uno de los más notables pensadores liberales, amigo personal del “Viejo Luchador”, y a la calle que pasa al pie de la iglesia se le había dado, por resolución del mismo Cabildo, el nombre de Eloy Alfaro.

Con el correr del tiempo, las figuras del pórtico de la iglesia fueron retocadas, cambiándosele el pareci­do original que tenían con los personajes del liberalismo, y para el año 2004, el monumento del Fauno y la Bacante fue trasladado al norte del Malecón, para ser ubicado en el sector del jardín botánico, a la altura de la calle Roca.

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