Museo Miguel de Santiago (Quito)

Cristo Yacente del siglo XVII, perteneciente a las Escuelas de Castilla, obsequiado por España al convento de los Agustinos.
Está rodeado por cuatro candelabros de la muerte en los que la jerarquía político-religiosa de la época está representada en forma de calaveras.

Entre los museos de Quito, merece especial mención el que conservan los padres Agustinos en su convento, al que con justicia dieron el nombre de uno de los más notables y representativos artistas de la Escuela Quiteña: Miguel de Santiago.

Su historia se remonta a 1580, año en que, bajo la dirección del arquitecto extremeño Francisco Becerra, se inició la construcción de la iglesia y convento de dicha congregación religiosa.

Para 1606 se hizo cargo de la construcción, tanto del Convento como de la Iglesia, Juan del Corral, quien concluyó los trabajos en 1650.

Fue entonces que -invitado por el padre Basilio de Rivera, General de la Orden, se instaló ahí el reconocido artista Miguel de Santiago, quien durante tres años se dedicó a decorar los claustros con grandes óleos dedicados en su mayoría a recordar pasajes de la vida de San Agustín. Todo el complejo alberga 29 obras del gran maestro, cuyos restos mortales yacen en una de sus criptas.

Situado dentro del convento, en las calles Chile y Flores, el museo no solo posee los extraordinarios óleos de Miguel de Santiago sino que posee además valiosas estatuas y esculturas de los siglos XVII, XVIII y XIX, todas ellas de carácter religioso.

El museo también exhibe valiosas obras de otros grandes artistas de la afamada Escuela Quiteña como lo fueron Nicolás Javier Goribar y Bernardo Rodríguez.

Una de las piezas más sorprendentes del museo es el magnífico Cristo Yacente del siglo XVII, perteneciente a las escuelas de Castilla de España, y que fue obsequiado por la Madre Patria al convento. La figura de Cristo está rodeada por cuatro candelabros de la muerte en los que la jerarquía política-religiosa de la época está representada en forma de calaveras.

El recorrido por el Museo concluye con una visita a la Sala Capitular, sitio donde se realizan los concilios agustinos y donde el 16 de agosto de 1809 se reunió un Cabildo Abierto para jurar lealtad absoluta a España y a su soberano Fernando VII.

También es digno de mención un retablo del escultor Pampite, cuyo Cristo tiene una tonalidad oscura, signo del mestizaje del siglo XVII.

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