Plaza de la Merced ( Guayaquil)

Siendo los mercedarios la última orden en sentar sus reales en Guayaquil, en tiempos de la colonia, al levantar su templo -que ya es visible en el croquis anónimo de 1783- el cabildo porteño no destinó en sus años iniciales un espacio para que este pudiese tener su respectiva plaza.

En los años siguientes no se recuerda nada trascendental que haya sucedido en ella, hasta que estalló el Incendio Grande que entre el 5 y el 6 de octubre de 1896 arrasó con la mitad de la ciudad; en esa ocasión la plaza trató de ser utilizada como refugio provisional por parte de quienes -inútilmente- intentaron proteger en ella sus bienes, pues lamentablemente todos sus esfuerzos resultaron inútiles y, al igual que sucedió en la Plaza de San Francisco, todo lo que fue a parar aquí también fue consumido por el fuego.

Durante el siglo XVIII la plaza se mantenía prácticamente anónima, y a principios del siglo XIX no era otra cosa que un gran solar vacío situado frente a la iglesia de los Mercedarios; fue por eso que -siguiendo una antigua costumbre de la época- adoptó el nombre de Plaza de la Merced, con el que aparece en los planos de Villavicencio, de 1858, ubicada en el sector comprendido entonces por la calle Bolívar (Víctor Manuel Rendón), entre Rocafuerte (Pedro Carbo) y Vargas Torres (Gral. Córdova).

Más tarde, por estar ubicada en una importante zona de la ciudad, la Plaza fue reconstruida rápidamente e inaugurada oficialmente el 11 de agosto de 1907, en el mismo lugar. Dos años más tarde se erigió en ella el monumento dedicado a la memoria de Don Pedro Carbo, que fue inaugurado el 8 de octubre de 1909.

Es muy pequeño y casi podría pasar desapercibido, pues en la actualidad se pierde rodeado de grandes edificaciones modernas que se elevan hacia el cielo; pero el monumento a don Pedro Carbo -elaborado en mármol gris la base, y blanco la estatua- determina la hermosura del sector y constituye una de las esculturas más bellas de la ciudad.

En los primeros años del tercer milenio, esta plaza también fue beneficiada por el programa de regeneración urbana implementado por el Municipio, experimentado un significativo y radical cambio en su forma, diseño y jardinería, así como la base del monumento, que la hicieron más bella y, sobre todo, más higiénicamente limpia.

 

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