Revolución Autonomista de 1827

A partir de 1826, ya se habían iniciado varios movimientos separatistas que marcaron el principio del fin de la Gran Colombia, y aunque Bolívar se movilizó entre el Perú y Venezuela intentando reprimir los intentos federativos, la suerte y el destino de esta parte de América ya estaba decidida y la ola separatista sería incontenible.

Guayaquil, que desde siempre había sido la que marcara el destino histórico de la patria, también se expresó en ese sentido a través de un movimiento que -inspirado por Olmedo y Rocafuerte- estalló el 16 de abril de 1827 con el respaldo de todos los guayaquileños, quienes expresaron su deseo de rebelarse en contra del gobierno centralista de Colombia. Protagonistas de esa patriótica gesta fueron también los hermanos Juan Francisco y Antonio Elizalde, y el Mariscal José Domingo de Lamar, que fue designado Jefe Civil y Militar.

Ese mismo día, ante el triunfo de los revolucionarios, las autoridades colombianas, entre quienes se encontraban el Gral. Tomás Cipriano Mosquera y el Crnel. Rafael Urdaneta -que más tarde gobernarían Colombia como Presidente y Jefe Supremo, respectivamente- debieron abandonar la ciudad en precipitada fuga.

Varias veces el gobierno de Colombia trató de retomar Guayaquil, inclusive enviando fuerzas militares como en el caso de los coroneles José Gabriel Pérez y Juan José Flores quien causaron graves trastornos en la ciudad, pero no pudieron doblegarla.

A mediados de Julio el Gral. Lamar debió abandonar Guayaquil por haber sido designado Presidente del Perú, situación que aprovechó Bolívar para -con sutileza política- lograr que Guayaquil deponga su actitud separatista, ofreciendo total amnistía a la ciudad y a toda la provincia.

Para el mes de septiembre la revolución había sido totalmente aplacada, las cosas volvieron al cause y la provincia debió retornar a la sujeción centralista que había mantenido antes del 16 de abril.

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