Universidad de Santo Tomas

Fue fundada en Quito en el año 1786 por los padres dominicos, poco después de que cerrara la Universidad de San Gregorio tras la expulsión de la Compañía de Jesús, y se abrió en el mismo lugar en el que funcionaba, desde 1688, el Convictorio de San Fernando.

El 12 de abril de 1788 los miembros del claustro se instalaron en junta general para elegir al primer rector, designación que recayó sobre el Lcdo. Nicolás Carrión, criollo rico que durante varios años había desempeñado el cargo de Administrador del Ramo de Aguardientes y que actuaba entonces como supervisor de la construcción de las Catedral de Quito, cuya construcción se había iniciado desde los primeros años de la colonia. Según parece Carrión no reunía las condiciones suficientes para desempeñar las funciones de rector, por lo que varios eclesiásticos acudieron ante el Presidente de la Audiencia, don Juan José de Villalengua y Marfil, para impugnar su designación

Se generó entonces un conflicto de intereses que involucró a buena parte de la ciudad, por lo que el presidente Villalengua solicitó al rey que –como único árbitro- sea él quien designe directamente al primer rector de la universidad quiteña.

Varios años duró el conflicto universitario, hasta que finalmente la burocracia española resolvió el problema y ungido por la voluntad del soberano asumió dicho cargo el Dr. Jacinto Sánchez de Orellana, Marqués de Villa Orellana y amigo personal del nuevo Presidente de la Audiencia, Cap. Luis Antonio Muñoz de Guzmán.

Cinco años más tarde, cuando la audiencia era administrada por Héctor Luis, Barón de Carondelet, la situación de la Universidad de Santo Tomás era verdaderamente desastrosa, no solo por las pugnas existentes en cuanto a su administración, sino por el descuido y corrupción que reinaba en el manejo de los asuntos académicos.

Buscando resolver sus problemas, especialmente económicos, Carondelet dispuso la suspensión de la contribución anual de dos mil pesos que Quito hacía a la Universidad de San Marcos de Lima, pues esa contribución -que era un aporte para financiar la educación de los jóvenes quiteños en esa universidad- había perdido su razón de ser al crearse la universidad quiteña.

El interés de Carondelet por la Universidad de Santo Tomás no quedó ahí, pues con empeño incansable se dedicó también a su reorganización académica y administrativa, para lo cual solicitó al erudito y progresista sacerdote Dr. Ramón Yépez que preparase un proyecto de nuevos estatutos y un plan de estudios adaptados a las necesidades de esta universidad.

Pudo así, a mediados de 1800, terminar con los problemas que desde su creación habían impedido el desarrollo normal de ese primer centro de estudios universitarios que existiera en los territorios de lo que es el Ecuador actual.

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