Ab. Abdalá Bucaram

Abdala-Bucaram

Político guayaquileño nacido el 4 de febrero de 1952 (fue inscrito el 20), hijo del Sr. Jacobo Bucaram Elmhalim y de la Sra. Rina Ortiz Caicedo.

Recibió sus primeras enseñanzas en la escuela Emilio Estrada, y luego pasó al Colegio Cristóbal Colón donde se destacó notablemente en la actividad deportiva, sobre todo en el campo del atletismo.

En 1970 se graduó de bachiller y al poco tiempo inició estudios de jurisprudencia. Por esa época representó al Ecuador en varias competencias atléticas en Maracaibo y en Cali, donde clasificó vicecampeón sudamericano de los 100 metros planos.

Sus primeros pasos en el campo político los dio de la mano de su tío Assad Bucaram, “Don Buca”, a quien ayudaba durante sus campañas pintando y pegando afiches, y reuniendo y transportando gente a las concentraciones.

Ya para 1977 había obtenido el título de abogado, pero, no queriendo abandonar la actividad deportiva, asistió a un curso a nivel de Comité Olímpico Internacional y obtuvo el título de Master en Educación Física.

Al año siguiente volvió a la actividad política y participó activamente en la campaña presidencial de su cuñado el Ab. Jaime Roldós Aguilera, quien al ascender al poder lo nombró Intendente General de Policía del Guayas.

“Desde la Intendencia defendí al gobierno de los ataque de “Don Buca”, que para entonces ya se había distanciado del presidente Roldós; y me propuse imponer orden y moralidad a la ciudad para lo cual clausuré los cines porno y los prostíbulos donde se hacía trabajar a menores de edad”.

Ese fue el espaldarazo que necesitaba para proyectar su figura política. En 1982 empezó a formar el Partido Roldosista Ecuatoriano “PRE” y dos años mas tarde fue elegido Alcalde de la Ciudad de Guayaquil.

Durante su administración municipal, que se inició el 15 de abril de 1984, Guayaquil vivió cambios antes nunca vistos, aunque los métodos empleados no fueron muy ortodoxos. “Puse en orden a los vendedores ambulantes, a los sindicatos municipales y, sobre todo, a los de Aseo de Calles; multé a los infractores y cobré a los deudores del municipio. Esto, lógicamente, molestó a mis enemigos que de inmediato desataron una campaña difamadora acusándome de ladrón, fascista, abusivo, prepotente y mil epítetos más. Finalmente fui acusado de traición a la patria, razón por la cual me vi obligado a huir a Panamá en busca de asilo político”.

Perseguido por sus enemigos políticos y abandonado por los oportunistas, en Panamá vivió el infierno de ser involucrado en un escándalo de drogas, cuando en el maletín de su vehículo se descubrió una considerable cantidad de cocaína que había sido puesta intencionadamente para desacreditarlo. “Un informe de las autoridades panameñas fechado en 1992, confirmó que el kilo de cocaína encontrado a Bucaram “pertenecía a un decomiso de 300 kilos realizado en Azuero, en la zona central de Panamá, y que en realidad se había querido perjudicar a Bucaram por instrucciones del general Noriega (Presidente de Panamá)” (Vistazo N. 692 Jun. 20/96).

En 1988 se presento por primera vez como candidato a la Presidencia de la República, pero a pesar de haber recibido un gran respaldo popular, en la segunda vuelta fue derrotado por el Dr. Rodrigo Borja Cevallos, quien en 1990 reabrió un juicio en su contra. Entonces, apremiado por las circunstancias, prefirió abandonar el Ecuador y regresó a Panamá.

Nuevamente, en 1992 participó en las elecciones presidenciales, pero una vez más fue derrotado y ni siquiera logró llegar a la segunda vuelta electoral, debiendo resignarse a ocupar un discreto tercer lugar, detrás del Ab. Jaime Nebot y del Arq. Sixto Durán-Ballén, que resultó triunfador.

Durante los cuatro años que duro el gobierno del Arq. Durán-Ballén, Abdala se dedicó a reorganizar su partido y a capitalizar las necesidades del pueblo y en especial de las clases mas necesitadas; por otra parte, preparó su imagen política para enfrentar a quien sería su seguro y más fuerte contrincante, el Ab. Jaime Nebot, a quien derrotó en las elecciones presidenciales de 1996.

Así, luego de veinte años de actividad política, de recorrer todos los caminos de la Patria en busca del respaldo popular y de ser víctima de persecución por parte de sus opositores y detractores, el 10 de agosto de 1996 asumió la Presidencia de la República, acompañado en la vicepresidencia por la Dra. Rosalía Arteaga de Córdova, la primera mujer en llegar a ocupar dicho cargo.

Ese mismo día se instauró en el Ecuador el imperio de la violencia, el insulto, el atropello, el irrespeto, el nepotismo y la corrupción.

El pueblo -confiado como siempre- había puesto sus esperanzas de un futuro mejor en las manos del líder populista que -durante la campaña política- le había prometido todos los beneficios imaginables. Pero pocas semanas después vino el desencanto cuando el mandatario -en vez de gobernar- se dedicó por completo a intervenir en apasionados encuentros de indor, fútbol y basket, y a buscar las oportunidades de brindar recitales musicales interpretando canciones del recuerdo acompañado por el popular conjunto uruguayo “Los Iracundos”.

Sus bailes desenfrenados, sus canciones, sus histriónicos discursos y los folklóricos almuerzos en fondas populares marcaron la tónica de los primeros meses de gobierno, y la imagen del mandatario recorrió el mundo llenando de vergüenza a nuestro país. Por otro lado, entregó los principales puestos públicos a su familia y a sus amigos, sin considerar si estos estaban o no capacitados para ejercer dichos cargos.

A principios de enero de 1997, olvidando su compromiso con las clases más necesitadas dictó una serie de medidas económicas durísimas pero muy necesarias para resolver los problemas económicos y el déficit presupuestario del país, las que lamentablemente también castigaron a los estratos más pobres: Los precios del gas, la telefonía y la electricidad se dispararon hacia el cielo y alcanzaron márgenes exorbitantes; los alimentos, el transporte público, todo subió.

A pesar de ello, su poder de convencimiento y sus supuestas buenas intenciones mantenían adormecida a la oposición política y a casi todo el pueblo ecuatoriano que posiblemente no comía, pero confiaba en él porque creía que quienes estaban en el poder merecían su respaldo.

El 13 de enero -en histórico viaje-, a invitación del gobierno de Lima se convirtió en el primer presidente ecuatoriano que visitó oficialmente el Perú. Recibido por el presidente Alberto Fujimori, Abdala Bucaram recorrió las calles de Lima donde fue calurosa y afectivamente aclamado por el pueblo peruano, y más tarde asistió al Congreso donde tras brillante discurso fue largamente aplaudido por los congresistas.

Fue allí, en Lima, donde pudo poner en manifiesto sus cualidades y personalidad de Jefe de Estado, más allá de la conocida imagen del político de barricada, populista y siempre en campaña; pero desperdició esa única oportunidad y una vez más reflejó su imagen chabacana y nada representativa.

Pocos días después volvió al Ecuador y despertó a la realidad cuando -cansado ya de tanta vergüenza, agobiado por la corrupción, el latrocinio, el abuso y el nepotismo y una asfixiante situación económica- el pueblo de todo el país reaccionó al fin y en todas partes se iniciaron exaltados reclamos en contra del gobierno.

Convencido de que era el dueño de la verdad y del poder, Bucaram restó importancia a los reclamos del pueblo y prefirió dedicarse a otras actividades totalmente alejadas de sus obligaciones de gobierno, especialmente a las de presidente del popular equipo de fútbol Barcelona de Guayaquil.

Un paro general de actividades decretado por las fuerzas laborales para el 5 de febrero de 1997 fue también desestimado por el Presidente y sus asesores, y aunque la consigna y las exigencias del pueblo era su destitución, le restó importancia al mismo y una vez más descuidó sus obligaciones políticas. A esta convocatoria laboral se sumaron pronto todas las fuerzas políticas, sociales y productivas del país, y la crisis alcanzó características de movimiento nacional.

Finalmente y ante la gravísima situación que atravesaba el país, el Congreso Nacional se reunió el día 6 y, en histórica resolución, por mayoría simple lo cesó (no destituyó) del cargo por encontrarlo incapacitado mentalmente para ejerce la Presidencia de la República.

“A Abdala, antes de sacarlo de la Presidencia de la República tendrán que matarlo… Hoy es el comienzo de la lucha y si lo que quieren es sacarme de la presidencia por medio de la renuncia, juro por mis hijos, juro por mi patria, primero muerto antes de renunciar…” (El Universo, Feb. 97).

Bucaram pretendió defender su derecho, pero en la tarde del viernes 7 -luego de que la vicepresidente Rosalía Arteaga asumiera el poder- el Ejército le retiró su respaldo y la escolta presidencial, obligándolo de hecho a abandonar el Palacio de Gobierno.

Ese mismo día había ordenado el retiro de 5 mil millones de sucres, que en efectivo y debidamente empaquetados fueron entregados en la Presidencia de la República.(1)

 

No hubo reacción popular: En silencio, sin pena ni gloria, solo y abandonado por aquellos que fueron beneficiarios de su corto gobierno; sin nadie que lo defienda, retornó a Guayaquil.

“El de Bucaram fue, sin duda, el gobierno más corrupto de la historia del Ecuador. Esa gente entró al saqueo desaforado de las riquezas nacionales. Su escandaloso y vergonzoso nepotismo fue uno de los aspectos de aquella corrupción.

Hermanos, hijos, sobrinos, tíos, primos, cuñados, concuñados, suegros y consuegros se encaramaron en los destinos administrativos más importantes del estado.

El gobierno se resolvió en una farra permanente. El Ecuador no vivió una democracia sino una circocracia. Bucaram despilfarró su tiempo y sus energías en bailes, saraos, juegos de fútbol y otras frivolidades impropias de un jefe de estado” (Dr. Rodrigo Borja.- Visión Internacional, 16 al 30 de abril de 1997, Vol. 88 No. 7)

El día 11 viajó a Panamá para iniciar un periplo que lo llevaría ha visitar a los mandatarios de Colombia, Argentina, Chile y Perú; con el propósito de informarles que se estaba cometiendo un atropello y un golpe de Estado. Nadie le creyó.

A los pocos estalló el escándalo. Las denuncias de negociados alcanzaron cifras nunca conocidas por el pueblo ecuatoriano y se comprobó que cientos de miles de millones de sucres habían desaparecido de las arcas fiscales; las aduanas habían producido millonarios ingresos a los administradores y relacionados con el gobierno, y cientos de inmoralidades saltaron a la luz pública.

En efecto, solo entre enero y febrero de 1997, el gobierno de Bucaram había retirado la suma de trece mil novecientos sesenta y nueve millones quinientos setenta y tres mil ochocientos cincuenta y tres sucres (S/. 13.969’573.853.oo) de la cuenta de gastos reservados del Banco Central (2)

Desesperado y en afán de desviar la atención de la prensa internacional y de la opinión nacional, Bucaram se dedicó a emitir declaraciones que pronto comprometieron seriamente la seguridad nacional y el prestigio de las Fuerzas Armadas, acusando de golpista y traidor al Gral. Paco Moncayo, Comandante General de las Fuerzas Armadas, y denunciando que este quería iniciar una carrera armamentista con el Perú.

Finalmente, el 9 de abril de 1997 el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Dr. Carlos Solórzano Constantine, dictó orden de prisión preventiva en contra del ex-Presidente de la República; y pocos días después el Congreso Nacional suspendió la impunidad parlamentaria y destituyó a más de una docena de diputados directamente implicados en negociados y mal manejo de fondos públicos. Antes de finalizar el mes de mayo ya eran cuatro las órdenes de prisión que pesaban sobre el ex-mandatario, que gracias a su amistad con el presidente panameño logró que este le concediera asilo político.

Radicado en la capital del istmo, el 29 de abril de 1998 presentó en su descargo su libro “Golpe de Estado”, acto que se repitió en Guayaquil el 7 de mayo.

Durante el tiempo en que permaneció en Panamá mantuvo una comunicación constante no solo con los dirigentes de su partido sino, además, con sus simpatizantes, a quienes enviaba mensajes a través de cadenas radiales emitidas desde el istmo, anunciando, muchas veces, su inmediato retorno.

En el 2003, al poco tiempo de haberse iniciado el gobierno del Crnel. Lucio Gutiérrez fue visitado por este para negociar su respaldo político. Allí, en el Hotel Central Park, “quedó sellado el compromiso de cortar de raíz el poder que tenía León Febres-Cordero y allanar su regreso al país” (3)

Y así fue. Ocho años después de haber abandonado el país, una polémica providencia dictada el 30 de marzo del 2005 por el cuestionado Presidente de la Corte Superior de Justicia -su amigo personal el Ab. Guillermo Castro Dáger- declaró la nulidad de los juicios que mantenía en su contra.

No perdió tiempo, y en la madrugada del 2 de abril, tal como lo había anunciado un día antes, llegó a Guayaquil donde fue recibido por sus simpatizantes, amigos y partidarios.

Muy poco tiempo duró su regreso, el 20 del mismo mes cayó el gobierno de Lucio Gutiérrez y ese mismo día -como por arte de magia- desapareció, para aparecer días más tarde en Lima, Perú, donde tomó un avión para dirigirse a Panamá, en busca de un nuevo asilo político.

 

(1)   El Comercio, Enero 5 del 2005
(2)   Diario El Comercio, Abril 5 del 2005
(3)   Diario El Comercio, Abril 4 del 2005

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