Salas Antonio

Antonio-Salas

Célebre pintor quiteño nacido en el año 1780, hijo del Sr. Juan Salas y de la Sra. Josefa Avilés.

Desde muy temprana edad demostró una notable habilidad y vocación para la pintura y las bellas artes, razón por la cual frecuentó los talleres y escuelas de los maestros más destacados de la época, como Rodríguez y Samaniego, de los cuales aprendió no sólo las primeras enseñanzas, sino que continuó asimilando sus conocimientos hasta la edad adulta.

Le tocó vivir todo el proceso histórico que culminó con el triunfo patriota en la célebre Batalla del Pichincha el 24 de mayo de 1822. Por esa época, el entonces Crnel. Juan José Flores -que había sido nombrado por Bolívar Superintendente del Departamento de Quito-, entusiasmado con la idea de hacer perpetuar la memoria y la imagen de los altos jefes que habían intervenido en las luchas por la independencia, lo contrató para que pintara los retratos de cada uno de ellos.

Dos años más tarde, mientras se encontraba dedicado a pintar dichos retratos vivió un triste y lamentable episodio, cuando producto de una discusión que tuvo con su cuñada Nicolasa Cansino, tomó un arma cortante y con ella la hirió de muerte.

Al comprender lo terrible de su crimen se presentó ante las autoridades y reconoció su delito. Inmediatamente se inició el proceso correspondiente, y en consideración a que era un hombre de buenas costumbres, de conducta intachable y religiosa, sólo fue condenado a la pena de cinco años de destierro. Intervino entonces en su favor Juan José Flores y logró que se conmute la pena y sólo sea enviado confinado por cinco años a la ciudad de Loja.

Veinte años después le tocó presenciar la transformación política que se originó con la Revolución Marcista que en 1845 puso fin al gobierno del Gral. Flores, e impresionado por el cambio de suerte de su antiguo mecenas se refugió profundamente en la pintura. Más tarde fue rodeado por un numeroso grupo de pintores jóvenes, que buscando sus enseñanzas lo reconocieron como maestro indiscutible.

«La muerte del justo es sosegada y llena de consuelo; la del virtuoso es una dulce transición a un mundo imperecedero y la de los artistas como el señor Salas es un arrobamiento agradable en alas de bellas ilusiones….» (periódico popular El Artesano, Quito, mayo 6 de 1858).

 

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