Febres-Cordero Crnel. León de

Leon-de-Febres-Cordero

Patriota y prócer de la independencia nacido en Altagracia (Maracaibo), Venezuela, el 28 de junio de 1796, hijo del Sr. Bartolomé Febres-Cordero y Padrón y de la Sra. María Prudencia Oberto Farías.

Antes de culminar sus estudios y obedeciendo al llamado de su vocación militar, el 20 de julio de 1812 sentó plaza de cadete en el Batallón de Infantería Veterana de Maracaibo, donde servía su padre, y dos años más tarde, luego de haber alcanzado el grado de Subteniente, luchó contra los patriotas venezolanos que habían iniciado las primeras luchas por la independencia. Posteriormente fue destinado al afamado primer batallón del regimiento «Numancia», y con el grado de Capitán intervino en la victoriosa campaña de Nueva Granada, donde los patriotas fueron nuevamente derrotados.

Finalmente, a principios de 1819 fue destinado a Lima, Perú, pero al poco tiempo las autoridades españolas empezaron a desconfiar de la oficialidad del Numancia, pues éstos -que en su mayoría eran criollos hijos de españoles-, más de una vez habían demostrado su descontento con las autoridades realistas y sus simpatías con las causas de la independencia, por lo que a mediados de 1820 las autoridades españolas ordenaron su detención vivo o muerto.

Febres-Cordero logró escapar gracias a la ayuda que recibió de otros patriotas comprometidos, quienes lo ocultaron hasta que finalmente pudo embarcarse y abandonar el Perú.

A finales de julio de ese mismo año -junto a los capitanes Luis Urdaneta y los hermanos Luis Felipe y Miguel de Letamendi llegó a Guayaquil a bordo del bergantín angloamericano “Tiber”. Por esa época, ya los patriotas guayaquileños habían empezado a preparar su golpe independentista.

Al conocer de su brillante carrera militar y de sus patrióticas ideas de libertad, los principales líderes de la revolución lo invitaron a la fiesta que en casa del Gral. José de Villamil se dio en la noche del 1 de octubre, y donde tuvo la oportunidad de conocer a la bellísima Isabelita Morlás con quien contraería matrimonio posteriormente. Esa histórica noche fue uno de los patriotas que asistió a la reunión secreta que en dicha fiesta había promovido don José de Antepara, quien la llamó«La Fragua de Vulcano».

Comprometido con el movimiento revolucionario, y convencido de que la independencia de Guayaquil sería de importantísimo valor estratégico y moral para respaldar las acciones libertarias de América, Febres-Cordero se convirtió en el brazo ejecutor del movimiento revolucionario, cuando, ante un momento de vacilación de José de Villamil -quien propuso aplazar la revolución-, comprendiendo que no había tiempo que perder, dijo: “¿Cuál es el mérito, que contraeremos nosotros con asociarnos a la revolución después del triunfo de los generales Bolívar y San Martín…? Ahora que están comprometidos, o nunca; un rol tan secundario en la independencia es indigno de nosotros. De la revolución de esta importante provincia puede depender el éxito de ambos generales en razón al efecto moral que esto produjera aunque no produjera nada más. El ejército de Chile conocerá que no viene a un país enemigo y que en caso de algún contraste tiene un puerto a sotavento que se puede convertir en un Gibraltar. El Gral. Bolívar nos mandará soldados acostumbrados a vencer y desde aquí le abriremos las puertas de Pasto que le serán muy difícil de abrir atacando por el norte (…) Pasto es inabordable por el Norte y la inmediata revolución de Guayaquil se hace necesaria para abordarlo por el Sud” (José de Villamil.- “Memorias”).

Inmediatamente asistió a la captura del Cuartel de Artillería, que gracias a su estrategia fue dominado sin derramamiento de sangre. Luego de la captura ordenó a la tropa formar filas para explicarle el verdadero significado de la revolución, y logró convencerla para que se pase al bando independentista.

Triunfante la Revolución del 9 de Octubre de 1820, el pueblo fue convocado para elegir libremente a las nuevas autoridades gubernativas, y éste “pronunció con entusiasmo el nombre del Cap. Febres-Cordero para Jefe Superior de la Provincia, llevándolo en triunfo a la Sala Consistorial. Cordero se excusó de buena fe y de la manera más decidida, alegando que en su poca edad apenas había aprendido a mandar soldados; pidió que se le permitiera organizar un batallón cuya necesidad era urgente para defender la libertad que acabábamos de conquistar. Instado de nuevo, persistió irrevocablemente en su negativa, agregando que desertaría de la causa antes que tomar el mando”(José de Villamil.- Reseña de los Acontecimientos Políticos y Militares de la Provincia de Guayaquil de 1813 a 1824).

En los primeros días de noviembre, al mando de la “División Protectora de Quito” Febres-Cordero salió en campaña hacia el interior. El 9 de noviembre condujo a los patriotas al histórico triunfo de Camino Real, pero posteriormente, el 22 de noviembre tuvo que beber el amargo vaso de la derrota en la primera Batalla de Huachi.

Posteriormente estuvo en el Perú luchando en la campaña del Cuzco, y luego de lograr varios ascensos militares volvió a Guayaquil en 1822 para participar junto a Sucre en la campaña de Cuenca. Más tarde estuvo presente en la Batalla de Riobamba y el 28 de abril Sucre lo nombró Comandante Militar y Gobernador Civil de Riobamba, donde permaneció, protegiendo y organizando la provincia, hasta después de la Batalla del Pichincha que el 24 de mayo de 1822 selló de manera definitiva la independencia de nuestra patria.

Luego de servir con sacrificio y lucimiento en las campañas por la independencia de Quito, Venezuela y el Perú (el Ecuador aún no existía como país), viajó a Caracas donde permaneció hasta 1829 en que volvió junto a Simón Bolívar con motivo de la guerra Perú-Grancolombiana, e intervino en la batalla de Buijo con la cual se puso fin al bloqueo de Guayaquil.

Al año siguiente asistió en representación de Guayaquil a la Primera Constituyente, que convocada por el Gral. Juan José Flores se reunió en la ciudad de Riobamba a partir del 14 de agosto de 1830 para dictar la Primera Carta Fundamental de la República del Ecuador.

Terminada su participación en dicha asamblea viajó a Venezuela y se retiró de los asuntos públicos, radicándose en la ciudad de Mérida donde murió el 7 de julio de 1872.

 

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