Dr. Hideyo Noguchi

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Notable científico e investigador japonés nacido en un pequeño pueblo llamado Sanjogata, el 24 de noviembre de 1876, hijo de Sayasuki y Shica Noguchi.

Su verdadero nombre -que conservó durante su niñez y adolescencia- fue Sisaku, pero cuando había logrado ser asistente de medicina del famoso hospital Juntendo, por alguna razón de carácter supersticiosos lo cambió adoptó el de Hideyo, que significa «Formando un Nombre en el Mundo».

Poco tiempo después de culminar sus estudios de medicina bajo la sabia dirección del Dr. Kanae Watanave, convertido en una eminencia médica pasó a dirigir la clínica Kaiyo, donde aprovechó su tiempo libre para desarrollar sus estudios médicos y científicos. Posteriormente, con el respaldo del Dr. Watanave y de su maestro Sakae Kobayashi, viajó a Tokio donde en 1896, a la temprana edad de 21 años, obtuvo la autorización para ejercer la medicina.

En los años que siguieron a su graduación sus servicios profesionales fueron solicitados por los más importantes centros médicos y clínicas, no sólo del Japón sino de diferentes lugares del mundo, y los más notables institutos de investigación lo buscaron para que desarrolle nuevas técnicas para combatir las diferentes epidemias y enfermedades.

En 1910, luego de diez años de profundas investigaciones y estudios realizados en el Japón, Alemania y los Estados Unidos, publicó su importante trabajo titulado «Serodiagnóstico de la Sífilis»; y un año después demostró el cultivo puro de la «Espiroqueta de la Sífilis», descubrimiento que le sirvió para obtener el título de Doctor en Medicina y proyectar su nombre a la fama mundial.

El 15 de julio de 1918, auspiciado por la Fundación Rockefeller llegó a Guayaquil para combatir una terrible epidemia de fiebre amarilla que azotaba la ciudad; y nueve días más tarde, luego de constantes estudios realizados durante el día y la noche, experimentando diferentes cultivos en «conejillos de indias» y en una joven india voluntaria llamada Asunción Arias -que había ingresado al hospital víctima de dicha enfermedad-, descubrió por fin la incógnita que tan anhelosamente buscaba: El germen de la fiebre amarilla.

Poco tiempo después y en reconocimiento a sus valiosos servicios, el Congreso Nacional le otorgó el grado de Coronel de Sanidad del Ejército Ecuatoriano.

A mediados de 1927, el Instituto Rockefeller, en su afán por erradicar del mundo la fiebre amarilla, envió su misión de expertos y científicos a combatir una epidemia de dicha enfermedad que azotaba varios lugares de Africa. Por prescripción médica a él le fue prohibido de incluirse en dicha expedición, a pesar de lo cual y por su propio riesgo, viajó a las doradas costas de Accra, capital de Ghana, en el golfo de Guinea, donde instaló su laboratorio e inició de inmediato sus investigaciones.

En mayo del año siguiente, mientras se encontraba experimentando con unos monos a los que inoculaba sangre procedente de enfermos afectados de fiebre amarilla, accidentalmente se pinchó un dedo con la aguja y, atacado por el terrible mal, falleció en la noche del 21 de mayo de 1928.

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