Borja Cevallos Dr. Rodrigo

Rodrigo-Borja

Político y abogado quiteño nacido el 19 de junio de 1935, hijo del Sr. Luis Felipe Borja del Alcázar y de la Sra. Aurelia Cevallos.

Todos sus estudios los realizó en el Colegio Americano de su ciudad natal, excepto entre 1942 y 1944 -cuando cursaba los primeros años de la escuela- en que tuvo que viajar con su familia a Lima acompañando a su padre que debió fugar del país luego de participar en un frustrado intento de asalto al Palacio de Gobierno, durante el gobierno del Dr. Carlos Alberto Arroyo del Río.

En esa ciudad permaneció hasta que estalló la Revolución del 28 de Mayo de 1944 que finalmente llevó al poder al Dr. José María Velasco Ibarra.

Luego de graduarse de Bachiller ingresó a la Universidad Central donde obtuvo los títulos de Licenciado de Ciencias Políticas, y finalmente, en 1960, el de Doctor en Jurisprudencia. Ganó entonces las condecoraciones como “El Mejor Estudiante” y “Mejor Egresado”.

Por esa época “participó activamente en la política universitaria. Intervino en las elecciones para Presidente de la Asociación de Estudiantes de la Facultadde Derecho y ganó esa dignidad con un margen apreciable de votos. Su militancia fue siempre la de centroizquierda, formando parte en las filas de los liberales radicales cuando aquellos fueron una opción de esa tendencia política, frente a los marxistas y a los conservadores” (revista La Otra.- No. 49, abril 28 de 1988).

En 1966 -al fenecer la mal recordada Junta Militar de Gobierno que presidió el Calm. Ramón Castro Jijón- formó parte de la comisión especial de juristas nombrada para elaborar un proyecto de Constitución Política del Estado.

Posteriormente asistió a varios congresos nacionales en calidad de Diputado; en 1970 fundó el partido político denominado Izquierda Democrática, del cual es su principal ideólogo y líder, y postulado por éste, en 1978 participó por primera vez en la contienda electoral para Presidente de la República. En esa ocasión resultó triunfador el Ab. Jaime Roldós Aguilera, y a él le correspondió ocupar una posición muy discreta dentro del contexto electoral.

“Borja no se amilana y casi de inmediato se postula a la diputación, siendo elegido a la cabeza de un considerable bloque de doce legisladores… En ese mismo año presentó al Congreso su proyecto de “Ley de Defensa del Consumidor” que planteaba una serie de controles de calidades y cantidades en los productos alimenticios, especialmente, y establece una serie de rigores estatales sobre el abastecimiento, a fin de proteger a la población consumidora” (Vistazo No. 498, mayo 13/88 – L. Padilla G.).

Desgraciadamente dicho proyecto no pasó y fue archivado.

Para entonces su figura política había crecido ostensiblemente, y en 1984 su candidatura presidencial fue nuevamente presentada con gran despliegue publicitario que le permitió obtener, en la primera vuelta, un claro triunfo sobre su principal adversario el Ing. León Febres-Cordero.

Posiblemente en razón a su poca experiencia política -a pesar de las varias veces que había asistido al Congreso- o por razones de una estrategia equivocada, descuidó su campaña y permitió que el candidato opositor continuara trabajando y ganando simpatizantes; pero lo que incidió de manera determinante en la decisión de los votantes fue el enfrentamiento que en cadena nacional de televisión se transmitió para todo el país.

En dicho debate fue destrozado por el Ing. León Febres-Cordero -mucho más león que cordero-, quien haciendo gala de su astucia, inteligencia y experiencia política, llevó el debate por los caminos que quiso logrando que el electorado se volcara a su favor, por lo que resultó triunfador en la vuelta definitiva y fue elegido Presidente de la República.

Esta segunda derrota electoral lo desmoralizó totalmente y lo convirtió en enemigo mortal y en el más terrible detractor del gobierno de Febres-Cordero, a quien atacó y combatió -con razón y sin ella- durante todo su mandato. Pero al mismo tiempo se dedicó a analizar profundamente las causas de su derrota y a planificar -junto a sus principales consejeros y colaboradores- cuál sería la estrategia a emplear “la próxima vez”.

“En estos cuatro años del gobierno de la reconstrucción nacional, Borja se ha dedicado a recapitalizar fuerzas electorales y a tomar para sí la bandera de la oposición. El gobierno hacía esfuerzos por desviar la atención de la lucha política hacia la figura del Dr. Osvaldo Hurtado, a sabiendas de que ya no puede optar por la Presidencia de la República (la constitución vigente no permitía la reelección; nota del autor) y que debatir con Borja era crecerlo en el combate. Aun así, Borja obtiene el talud suficiente para intentar, por tercera vez, captar el poder político” (Vistazo.- ídem).

En 1988 presentó nuevamente su candidatura presidencial, y gracias a los esfuerzos hechos por el gobierno del Ing. Febres-Cordero para defender la libertad electoral y la continuidad del sistema democrático en el país, en límpidas elecciones obtuvo la votación necesaria para triunfar en la primera vuelta y, con la experiencia adquirida, no descuidó al electorado y continuó trabajando en busca de los votos necesarios para poder enfrentar y vencer en la segunda vuelta al candidato populista Ab. Abdala Bucaram.

Esta vez, tratando de disimular su condición social, asumió el papel de líder popular y se puso nuevamente al frente de su partido, y a base de una actuación moderada, discreta y bien calculada, supo captar poco a poco la preferencia de los votantes, especialmente de Guayaquil y la provincia del Guayas, quienes, ante la alternativa de votar por Bucaram se vieron en la obligación de concederle el voto y fueron, en definitiva, quienes le dieron el triunfo el domingo 8 de mayo de 1988.

Borja asumió la Presidencia de la República el 10 de agosto de 1988.

“Llego a la presidencia con las manos limpias, pues no tengo compromiso con nadie. No ofrezco milagros, pero sí garantizo honestidad, austeridad y sacrificios”, había dicho en su mensaje de “Paz y Unidad” el día de su posesión presidencial, pero lo primero que hizo fue iniciar una serie de acusaciones y persecuciones en contra del gobierno que le precedió, que se reflejaron muy poco tiempo después cuando -sin considerar que el secuestro es un delito penado por la ley, y que la sublevación militar y el atentar contra la libertad y la vida de un mandatario constituyen delitos de alta traición a la patria- el 30 de noviembre expidió el decreto No. 253 por medio del cual se concedió la libertad a los comandos de Taura que en enero de 1987 habían secuestrado al presidenteFebres-Cordero.

Posiblemente el Dr. Borja tuvo las mejores intenciones, pero a pesar de ello, al completar el primer año de su gobierno la “picardía criolla” había hecho presa de su figura haciendo los más variados chistes en torno a la personalidad del mandatario que viajaba en submarino, piloteaba veloces cazas supersónicos, comandaba impresionantes tanques blindados, conducía poderosas locomotoras, etc.

Estos “acontecimientos” y una serie de constantes “equivocaciones” en sus discursos y entrevistas con la prensa, dieron pie para una “colección de chistes”, relacionados esta vez con la inteligencia del Presidente; y la prensa, lógicamente, hacía eco de esta situación. ­­­¿Quién le escribe al Dr. Borja?  Parece que el presidente no tiene quien le escriba. Durante su intervención en cadena nacional, el 25 de julio, dijo que el país no sólo recordaba la fundación de Guayaquil, sino también el nacimiento de Eloy Alfaro. También citó al “francés Toynbee” durante su intervención. El Viejo Luchador nació el 25, pero de JUNIO, y Toynbee no fue francés, sino inglés. Si a esto sumamos que alguna vez citó a Charles Chaplin como francés, siendo que este famoso comediante fue inglés, llegaremos a la conclusión de que el Presidente de la República no tiene quién le escriba sus discursos” (revista La Otra, No. 78, Ag. 18 de 1989).

Lo más grave que sucedió durante el primer año de su gobierno fue el terrible abandono en que dejó a varias ciudades del austro, de la costa y especialmente a Guayaquil, donde cada día la antipatía que el pueblo sentía por él se fue haciendo más latente, al extremo que, para poder presidir el patriótico desfile que conmemora el triunfo de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, el Presidente tuvo que acudir a un gran operativo militar.

“Tanquetas militares, carros antimotines, soldados fuertemente armados, patrulleros policiales y de la CTG prácticamente “sitiaron” las calles adyacentes a la Av. Nueve de Octubre. La gente pensó que también iban a desfilar”.

“Mientras se realizaba un exigente y extremado control a los espectadores a quienes ni siquiera se les permitía cruzar la calle, a los partidarios de la IDque como distintivo llevaban una pequeña cinta anaranjada en el pecho, se les dejaba actuar con absoluta normalidad y libertad”.

“Elementos de la Policía iniciaron desde temprano en la mañana una campaña de requisa de todo artículo negro que pudiese significar demostración de reclamo. Algunas personas portaban banderitas de Guayaquil y del Ecuador atadas con crespones negros, que les retiraron a la fuerza” (El Universo, oct. 11 de 1989).

Por esa época la situación económica, política y legal del país mostraba perfiles realmente alarmantes. “En el reinado naranja el hambre es legal. Si se protesta en su contra se está atentando contra el estado de derecho y también contra el de izquierda, democrática claro. La furibunda y constante alza de precios, la interminable cascada de impuestos, las estupideces, las metidas de pata, las ignorancias más atrevidas e incluso los insultos, son legales. El chantajear a la Justicia anticipándole públicamente el nombre del enemigo personal del Sr. Presidente, no será muy ético que digamos, pero también es legal” (Guido F. Calderón.- “Legalmente Antipopular”, El Telégrafo, Nov. 3/89).

Y así, “La frágil navecilla que constituye el gobierno del Dr. Rodrigo Borja se debate desesperadamente por no naufragar, huérfana como está, de un capitán competente y tripulada por una serie de incapaces marineros que, habiendo sido clasificados por su jefe, como “superdotados”, no son otra cosa que vulgares “marineros de agua dulce” (R. Serrano R.- Extra, Nov. 11/89).

Antes de finalizar 1989 pudo lograr un extraordinario triunfo en el campo internacional, cuando con motivo de la reunión de los presidentes bolivarianos, celebrada en las paradisíacas islas Galápagos, por primera vez en la historia del Ecuador un gobernante peruano fue invitado para venir a nuestro país. Pero el mandatario peruano, Sr. Alan García, impuso sus condiciones: Solamente vendría al Ecuador si en dicha reunión no se trataría sobre los problemas fronterizos que entonces tenían las dos naciones: ¡Y el presidente ecuatoriano aceptó!

A mediados de 1990 su gobierno cometió un gravísimo error cuando ordenó la clausura de una estación de radio y la invasión al Congreso Nacional. A éste se sumaron las amañadas elecciones parlamentarias y un hecho también sin precedente que avergonzó a la universidad ecuatoriana: el diputado gobiernista Carlos González, para poder asumir un cargo, obtuvo en menos de 48 horas el título de Abogado de la República.

1991 comenzó con muy malos augurios para Guayaquil, la provincia del Guayas y especialmente la península de Santa Elena, cuando el gobierno se resistió a firmar el decreto por medio del cual se complementarían las obras del trasvase de agua para la península, obra que sería -como ha quedado demostrado- de gran beneficio no sólo para los agricultores costeños sino para la economía del Ecuador, pues dicha zona se convertirá en un extenso emporio de riqueza agrícola que abastecerá a todo el país. Por otro lado, la situación del pueblo se volvió desesperante debido a las medidas económicas adoptadas por el gobierno, por lo que una serie de huelgas y reclamos surgieron en todas las ciudades y a todo nivel.

Pero estos males, de origen puramente administrativo, se vieron agravados cuando desde el Perú, una nueva y muy peligrosa invasión se estaba preparando en contra de nuestra patria; pero no se trataba de una invasión militar, era una mucho más grave: El Perú había sido atacado por una terrible epidemia de cólera y ésta amenazaba con extenderse hacia nuestro territorio.

 

Ante esta situación, los colegios y las instituciones médicas pidieron al gobierno que se tomen las medidas necesarias para precautelar la salud de los ecuatorianos, pero las autoridades minimizaron el asunto, y mientras el presidente viajaba a Francia para ser “doctorado” en la Sorbona de París, el cólera invadió nuestro país causando las primeras víctimas.

Esta situación se agravó paulatinamente, hasta que a mediados de abril los médicos de diferentes ciudades, “por cuenta propia”, declararon el estado de emergencia sin que las autoridades del gobierno se pronuncien de manera definitiva. Desgraciadamente ya era tarde y se habían producido (en la costa) numerosas muertes.

A finales de agosto y primeros días de septiembre, 50 años después de la alevosa y traicionera Invasión Peruana de 1941, nuevamente se produjeron roces militares en las regiones no delimitadas por el Protocolo de Río de Janeiro.

Ante esta situación, el presidente Borja se trasladó al seno de las Naciones Unidas, donde en brillante y elocuente intervención demostró la vocación pacifista del Ecuador y pidió la mediación del Papa para zanjar definitivamente el diferendo limítrofe que nuestro país mantenía con el Perú. Sus palabras emotivas, sinceras y patrióticas, se ganaron la simpatía y la voluntad de todos los presentes en ese foro internacional, que lo ovacionaron y ofrecieron su respaldo.

El Perú -lógicamente- se negó a aceptar la intervención del Santo Padre, y el presidente de ese país, Sr. Alberto Fujimori, para dar gusto a sus fuerzas armadas y hacer que el pueblo peruano se olvide del hambre y de los gravísimos problemas sociales que vivía, neciamente acusó al Ecuador de ser el culpable de que el diferendo no se solucione. Pero ese cuento no se lo creyeron ni los propios peruanos.

A partir de 1990 las corrientes políticas y económicas del mundo habían aconsejado a los países en desarrollo iniciar un proceso de privatización de las empresas estatales, política que fue adoptada por varios países cómo Argentina, Bolivia, Venezuela y México, que en poco tiempo vieron como su economía y el mejoramiento de sus servicios cambiaba de manera radical y favorable; a pesar de esos ejemplos, antes de finalizar 1991 el presidente Borja declaró enfáticamente que en el Ecuador no se privatizarían las empresas estatales y, por el contrario, prosiguió con los trámites para la estatificación de la Empresa Eléctrica de Guayaquil (Emelec), que afortunadamente no se dio.

En los primeros días de enero de 1992 el Ecuador recibió, por invitación del gobierno, la visita del Presidente del Perú, Ing. Alberto Fujimori, quien vino especialmente para tratar las diferencias limítrofes que entonces sostenían nuestros países.

Era la primera vez que un mandatario peruano llegaba a territorio continental ecuatoriano “no como invasor”. En Quito, única ciudad que visitó, el pueblo lo recibió con aclamaciones y evidentes muestras de simpatía, como queriendo comprar con su aplauso la voluntad del mandatario peruano para que se pronuncie favorablemente a nuestro país en lo que respecta al Protocolo de Río de Janeiro, pero cuando habló en el Congreso Nacional, el mandatario peruano fue muy claro en indicar que el asunto del Protocolo de Río no era materia de discusión y que ni siquiera sería revisado; sostuvo enfáticamente su legitimidad y sólo aceptó buscar la forma para definir la zona fronteriza que aún no estaba delimitada.

Esta vez, fueron los congresistas, barras e invitados quienes aplaudieron largamente al presidente Fujimori, quien más tarde declaró que nunca, ni en su propio país, había sido tan aplaudido ni había recibido tantas muestras de afecto y simpatía.

A mediados de marzo llegó al Ecuador -de manera privada y de paso en viaje de vacaciones- el Gral. Augusto Pinochet, ex Jefe Supremo, ex Presidente de Chile y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de ese país; en esa ocasión, “la elemental cortesía, nobleza, tradición e hidalguía, que caracteriza a los ecuatorianos, se contradijo por la forma desairada como el Primer Mandatario se expresó a la llegada del ex presidente chileno a nuestro país” (Dr. Eduardo PeñaTriviño.- El Telégrafo, marzo 21 de 1992).

En efecto, sin considerar que no sólo se representaba a él, sino a toda la nación, el presidente Borja -por medio de un comunicado oficial- indicó al distinguido visitante que “su presencia no era grata al Ecuador”. Lo contradictorio del asunto se dio en el hecho de que el ilustre ex-mandatario fue recibido y agasajado por un numeroso grupo de distinguidos militares retirados de alta graduación de nuestras fuerzas armadas. Pocas horas más tarde el gobierno chileno protestó ante nuestro embajador por las expresiones vertidas por el presidente Borja.

Borja tuvo el buen tino de solucionar con firmeza e inteligencia un levantamiento indígena convocado por la CONAIE en 1991, y al año siguiente resolvió favorablemente varias exigencias de grupos amazónicos a quienes les asignó grandes extensiones territoriales. Impulsó un programa de edificaciones escolares y vivienda, trabajó en el relleno hidráulico de los suburbios de Guayaquil, impulsó varios programas sociales destinados a atender el desarrollo infantil a través del mejoramiento nutricional, y procuró mejorar los de asistencia médico familiar, alfabetización para adultos, educación básica y vacunación.

“Con Borja se realizaron la primera gran reforma tributaria y la reforma laboral. Las exportaciones petroleras y no petroleras crecieron hasta el 15% de 1990. Pero la inflación llegó casi al 100 en 1989 y estaba sobre el 50%, cuando entregó el poder” (El Comercio, Feb. 7/2005).

Posiblemente uno de los mayores logros de su gobierno lo constituyen las reformas a las leyes laborales, que pusieron fin a todos los abusos que los sindicatos cometían en contra de las empresas para crear el caos e impedir su normal desempeño y producción.

Finalmente y luego de convocar a elecciones presidenciales en las que resultó triunfador el Arq. Sixto Durán-Ballén, su gobierno concluyó el 10 de agosto de 1992.

Durante los años que siguieron a su gobierno su imagen política se fue apagando gradualmente; a pesar de ello, en febrero de 1997 fue parte del movimiento cívico que puso fin al gobierno del Ab. Abdalá Bucaram; y meses más tarde publicó su extraordinario “Diccionario de la Política”, del cual han aparecido ya varias ediciones.

A principios de 1998, y ya con nuevas expectativas de elecciones presidenciales, presentó su candidatura aspirando a una reelección, pero en los comicios -celebrados el 31 de mayo- solo alcanzó a ocupar la tercera posición en la preferencia electoral, muy por debajo del  candidato Ab. Alvaro Noboa -que representaba al populismo del destituido presidente Abdalá Bucaram- y del Dr.Jamil Mahuad, que resultó triunfador.

Cuatro años más tarde la situación política había cambiado radicalmente: Ante la destitución del presidente Mahuad, desde enero del año 2000 gobernaba el Dr. Gustavo Noboa Bejarano quien, al completarse el período para el cual había sido elegido, convocó a nuevas elecciones presidenciales, cuya primera vuelta debía realizarse  el 20 de octubre de 2002.

Convencido de que esta vez sí lograría la reelección, una vez más presentó su candidatura presidencial; pero entre los once aspirantes que intervinieron en la contienda electoral, nuevamente ocupó una posición muy discreta, muy por debajo del Crnel. Lucio Gutiérrez y del Ab. Alvaro Noboa, que con abrumadora mayoría pasaron a la segunda vuelta.

Ante esta deslucida participación que demostró que no gozaba de ningún respaldo popular, antes de finalizar el 2003 decidió retirarse de la actividad política… aunque la política hacía mucho que ya se había retirado de él.

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