Arauz Félix

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Artista guayaquileño nacido el 2 de mayo de 1935, hijo del Sr. Carlos Aráuz y de la Sra. Zoila Basantes.

Todos sus estudios los realizó en su ciudad natal, y desde su época escolar se destacó por su habilidad y talento para el dibujo, participando exitosamente en un concurso escolar con una serie de retratos al carboncillo de los presidentes ecuatorianos.

Fue por eso que en 1957 ingresó a la “Escuela de Bellas Artes”, donde permaneció hasta 1964 y tuvo como profesores, entre otros, a maestros de la talla de César Andrade Faini y Alfredo Palacio. Ya por esos años -con gran aceptación- había realizado sus primeras exposiciones individuales en la Casa de la Cultura y en el Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil.

“El lenguaje plástico del aventajado estudiante popular y acusador, punzante, dolido y místico; sus figuras pintadas con trazos de colores melancólicos evocan seres deprimidos, que se estiran y encorvan. Esa retórica lleva a Aráuz a la máxima libertad pictórica, sustentada en el existencialismo ideológico y en una verdad que no era sino el cimiento cósico de la obra, es decir, la materia” (Inés Flores, Revista Diners 176, enero / 97).

Sus trabajos iniciales buscaron un horizonte que muchas veces lo llevó de la figuración a la abstracción y, paradójicamente, de la abstracción a la figuración; utilizando para el caso las técnicas y los materiales más variados, acorde siempre con los movimientos y las influencias plásticas predominantes en ese momento.

“Aráuz representa la ruptura de lo que parece como incapacidad del artista: La no consideración de las etapas ya cumplidas…. El Aráuz de comienzo del 60 es de espectador, sumiso y casi siempre ausente; su presencia es solo física, acaso sin la palabra, pero meditador…” (Humberto Moré, Actualidad Pictórica Ecuatoriana, 1980).

Entonces, en la búsqueda constante de nuevas formas Aráuz asimila la influencia pictórica de Miranda, Tábara y Michaelson, e irrumpe violentamente en colores y formas cuestionadas, dejando a un lado las viejas composiciones y apresando con desesperación las figuras humanas que lo conmueven. Vienen entonces sus primeros triunfos cuando obtiene los primeros y segundos premios en el Salón de Octubre del 62, 63 y 65; En 1968 obtuvo el “Gran Premio, Medalla de Oro” en el Salón de Julio, y en el 69 nuevamente el Segundo Premio en el Salón Nacional de Octubre.

“Las propuestas plásticas de la vanguardia de los 70 sorprendieron a Félix Aráuz en su período inspirado en las figuras precolombinas. Cautivado por las muñecas valdivia –esas enigmáticas figurillas con variaciones en sus característicos peinados-, las pinta intercalando formas dibujadas con varios ojos en planos superpuestos. Son representaciones abstractas que, en cierto modo, retornan al campo figurativo” (Inés Flores, idem).

En adelante, pasó por “rostros humanos de tonalidades cárdena” y por “enormes cabezas casi totémicas”, en las que la distorsión y la desarmonía lo ubicaron –temporalmente- en el feísmo. Luego, sus transformaciones pictóricas lo llevan por caminos y colores absorbentes, y la influencia rupestre, bucólica, apareció en los peinados de sus “niñas” y en sus árboles “sin título”.

Nuevamente su obra mereció el aplauso y el reconocimiento de la crítica, cuando obtuvo primeros y segundos premios en los Salones de Octubre y Julio del 71, 72 y 75; y en 1981, la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil le otorgó la “Medalla de Oro al Mérito Artístico”.

Finalmente, por los 90 reaparecieron nuevas formas de paisajes, flores y bodegones, que alternando con los  “árboles cabeza”, han identificado la obra del maestro en la última década del milenio. Fue por eso, y en reconocimiento a sus más de 40 años de trabajo creativo, que en 1996, la Asociación Cultural “Las Peñas” lo premió con el “Pincel de Oro”.

Una muestra realizada a mediados del 2005 en la Galería del Mirador de la Universidad Católica de Guayaquil donde expuso 36 obras actuales resumiendo las diversas temáticas pintadas a lo largo de 40 años reivindicó una vez su extraordinario talento.

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