Campos Rivadeneira Francisco

Francisco-Campos

Naturalista guayaquileño nacido el 11 de enero de 1879, hijo de don Francisco Campos Coello y de la Sra. Manuela Rivadeneira Olvera.

La mayor parte de sus estudios los realizó en el Colegio San Vicente del Guayas, pero no se graduó, pues desde temprana edad y bajo la orientación de su padre, se había empeñado en conocer de cerca los secretos de la naturaleza. Por ello hacía fructíferas excursiones tanto por los alrededores de la ciudad como por las planicies y payas de la costa -cuando se trasladaba a ella por vacaciones- donde con curiosidad se dedicaba a la búsqueda incesante de especies zoológicas.

Culminada la Revolución Liberal de 1895, el Gral. Eloy Alfaro nombró a su padre rector del Colegio San Vicente del Guayas. De inmediato, el Dr. Campos se empeñó en crear en el plantel un Museo de Ciencias Naturales, para lo cual adquirió en Francia tres colecciones de Zoología, Botánica y Mineralogía. Conociendo su afición y talento por la naturaleza, su padre le encomendó la organización y dirección del museo, que pudo ser inaugurado a finales de ese mismo año.

El Museo fue incrementado posteriormente con sus colecciones de insectos, metales y piedras finas. Tres años más tarde se le concedió la Cátedra de Geografía e Higiene habiendo pedido al consejo de Instrucción pública que declare obligatorias las clases de Ciencias Naturales. Empezó entonces a publicar el Boletín del Museo y al año siguiente una Rápida Guía del Museo: su intención era que todos los guayaquileños conocieran la existencia de varias familias de insectos descubiertos por él gracias a sus investigaciones. Lamentablemente, en 1901 un incendio redujo a ruinas el edificio del colegio, desapareciendo con él el museo.

Lejos de desanimarse ante el revés sufrido, a partir de ese mismo año se dedicó con mayor ahínco al estudio de la naturaleza. Para entonces, sus excursiones a los lugares más recónditos y peligrosos de la patria lo habían convertido en una leyenda dentro de su tiempo. La búsqueda de especies raras lo había obligado a poner más de una vez su vida en peligro, aventurándose en parajes tan hostiles como, pantanos, arenas movedizas, selvas tropicales y grandes regiones desérticas.

Tal fue su empeño en descubrir y estudiar la naturaleza, que algunas de las especies descubiertas por él fueron el producto de pesquisas que, en ocasiones, llegaron a durar más de 10 años.

Su labor como experto Entomólogo fue reconocida a escala mundial al punto que algunos insectos se les incluyó el prefijo “campos” para indicar el nombre de su descubridor.

Dejó algunos trabajos de índole científica de tal importancia que fueron reproducidos en otros idiomas en el extranjero.

“En marzo de 1930, diario El Telégrafo de guayaquil lo calificó públicamente de sabio, al reseñar una entrevista sostenida con el Dr. Walter Knoch, especialista mundial en estudios metereológicos, zoogeográficos y problemas sanitarios. Poco después fue visitado por el Entomólogo norteamericano W. HudsonCoxey, especialista en mariposas, de la Academia de Ciencias de Filadelfia”(Rodolfo Pérez Pimentel.- Diccionario Biográfico del Ecuador, tomo 11, p. 60).

Antes de finalizar ese año, en diciembre la Universidad de Guayaquil le confirió el Doctorado Honor y Causa.

Sus innumerables trabajos, artículos y obras científicas -que fueron publicados y traducidos a las principales lenguas cultas de su tiempo-, aun no han podido ser superados, tanto por su originalidad, como por su riguroso contenido científico.

En reconocimiento a sus méritos fue designado Miembro de Honor del InstitutoSmithsoniano, de la Entomological Society of America, y fue invitado a colaborar con el Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos. La Universidad de Guayaquil le confirió el  Doctorado Honor y Causa y lo nombró Jefe del Servicio Entomológico del Instituto Nacional de Higiene, el gobierno del Ing. Federico Páez le otorgó la Medalla al Mérito Agrícola, y en dos ocasiones fue declarado “Mejor Ciudadano de Guayaquil”.

Fue un distinguido guayaquileño cuyo prestigio y patriotismo lo hicieron merecedor del aprecio y el respeto ciudadano. Impulsó las más nobles acciones y los fines más altruistas, entre ellos la creación de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, de la que fue uno de sus fundadores.

Científico, investigador, educador, considerado sin lugar a dudas como uno de los cerebros más privilegiados del Siglo XX, falleció en su ciudad natal el 5 de mayo de 1962.

Su sepelio se realizó con la solemnidad propia de un genio y la prensa hizo eco de su partida, relevando su esfuerzo por catalogar todas las especies ecuatorianas de insectos y otros invertebrados.

La ciencia aun le debe un monumento.

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