Gral. Antonio José de Sucre

General-Antonio-Jose-de-Sucre

Héroe de la independencia nacido en Cumaná, Venezuela, el 3 de febrero de 1795, hijo del Coronel de los Ejércitos Reales don Vicente de Sucre y Urbaneja y de la señora María Manuela de Alcalá, ambos pertenecientes a familias ilustres y de muy buena posición económica.

Su madre murió cuando él era muy niño, por lo que su padre encargó su educación al Crnel. Tomás Meres, quien lo inició en el arte militar e ingeniería bélica, pero descuidó las otras ramas de la enseñanza, por lo que su primera educación fue deficiente.

A los quince años de edad se alistó en el ejército patriota, y poco tiempo después, bajo las órdenes del Gral. Francisco Miranda participó en las campañas de 1811 y 1812, en las que se destacó por su valor y disciplina, por lo que fue ascendido a Teniente de Artillería. En 1813 luchó en las batallas por la reconquista de Venezuela, y luego de asistir a la batalla de Carabobo -librada el 28 de mayo de 1814- fue nombrado Comandante de Estado Mayor. Desgraciadamente, a pesar de los triunfos iniciales los patriotas fueron vencidos por los realistas, y en espera de que se reorganicen las fuerzas insurgentes, se alejó hacia las Antillas donde completó su educación.

Posteriormente volvió al continente y se enroló en el ejército de Simón Bolívar. En 1818 fue nombrado General de Brigada y al año siguiente, luego de triunfar en la Batalla de Boyacá, el mismo Bolívar lo nombró Jefe de Estado Mayor.

En enero de 1821 asumió la Jefatura del Ejército del Sur de Colombia, y enviado por el Libertador, al mando de un batallón llegó a Guayaquil el 6 de mayo, cuando la ciudad y la provincia ya habían proclamado su independencia -gracias a la Revolución del 9 de Octubre de 1820- y habían iniciado las primeras luchas para dar la libertad a todos los pueblos de Quito.

Inmediatamente asumió el mando militar y a los pocos días -al tiempo que se empeñaba en lograr que Guayaquil se anexara a Colombia- se dedicó a organizar un nuevo ejército. Así, contando con el respaldo económico y militar de Guayaquil, se preparó para iniciar una nueva campaña por la libertad de Quito.

Al conocer de su llegada el Presidente de la Real Audiencia de Quito -Melchor Aymerich- envió al Crnel. Francisco González para que enfrente a los patriotas, pero Sucre no quiso permitir que los realistas lleguen a Guayaquil y ordenó al Crnel. José Mires que de inmediato salga a interceptarlo. El 19 de agosto de 1821 las dos fuerzas se enfrentaron en los campos de Cone, donde el triunfo de los patriotas causó el casi total aniquilamiento de las fuerzas realistas.

Luego de este primer triunfo Sucre asumió personalmente el mando del ejército y continuó la marcha hacia el interior. El 12 de septiembre libró una nueva batalla en los campos de Huachi, cerca de Riobamba, pero al igual que había sucedido en 1820, el ejército patriota fue destrozado. Sucre apenas pudo escapar -aunque gravemente herido-, y con los pocos hombres que lograron salvarse debió retirarse a Guayaquil.

Cuatro meses más tarde logró reorganizar totalmente sus fuerzas, y el 18 de enero de 1822 se trasladó a Machala para iniciar su campaña libertadora desde el sur, por Cuenca; pues pese a que la ruta era más larga, consideró que de esta manera iría protegiéndose las espaldas y arrinconando a los realistas hacia el norte. El 21 de febrero entró en Cuenca sin luchar, debido a que el comandante español Tolrá, a cargo de la guarnición cuencana, reconociendo la superioridad y decisión de los patriotas abandonó la ciudad y se replegó hacia Riobamba.

Sucre aprovechó la tranquilidad de la ciudad y su agradable clima para dar descanso a sus hombres, y pocos días después marchó hacia el norte en persecución de los realistas a quienes alcanzó en la llanura de Tapi, cerca de Riobamba. El 21 de abril, en los campos y en las calles de la ciudad se libró una de las más heroicas batallas por la independencia, la Batalla de Riobamba, en la que la diosa de la guerra favoreció a los patriotas.

El 2 de mayo fue recibido en triunfo por el pueblo de Latacunga donde permaneció durante diez días, tiempo que aprovechó para dar descanso a sus tropas, reorganizar el ejército y preparar las estrategias para la batalla final.

Al iniciar la marcha hacia Quito no encontró ningún tipo de resistencia ni obstáculos por parte de los realistas, y finalmente -en la noche del 23 de mayo-, gracias a una hábil e inteligente estratagema logró que el ejército patriota -trepando por las faldas del volcán Pichincha- alcance la ubicación más ventajosa con relación a los españoles.

El 24 de mayo amaneció resplandeciente, y a pesar de que durante la noche había llovido de modo pertinaz, parecía que el cielo quería anunciar a Quito que la libertad estaba llamando a sus puertas. La Batalla del Pichincha fue brava y sangrienta, y sólo al caer la tarde y a costa de grandes sacrificios, los patriotas pudieron lograr la victoria y la capitulación de los realistas.

Cuando Sucre entró finalmente en la ciudad, fue recibido con grandes muestras de afecto y gratitud.

En 1823 logró ingresar a Lima, que había sido reconquistada por los españoles, y el 9 de diciembre de 1824 selló de manera definitiva la independencia americana en la epopéyica Batalla de Ayacucho, luego de la cual recibió, con sobrados merecimientos, el título de Mariscal.

Posteriormente, enviado por Bolívar llegó a Bolivia donde en 1826 fue nombrado Presidente de la República; por eso no pudo viajar a Quito para contraer nupcias con doña Mariana Carcelén y Larrea, Marquesa de Solanda, por lo que la boda debió realizarse por poder, el 16 de abril de 1828. Pocos días más tarde sufrió el primer intento de asesinato, cuando se sublevó el cuartel de Chuquisaca y la tropa disparó directamente contra él. Más tarde, y aprovechándose de las luchas y divisiones internas que azotaban al país, el general peruano Agustín Gamarra invadió Bolivia al mando de cinco mil hombres y lo tomó prisionero. Entonces, obligado a renunciar a su altísimo cargo, abandonó el altiplano para siempre.

Pobre y desilusionado por la amarga experiencia vivida en Bolivia, llegó a Quito el 30 de septiembre de ese mismo año para reunirse con su esposa y estabilizar su hogar.

Por esa época ya se habían iniciado los primeros movimientos del ejército peruano que, al mando del Gral. La Mar, había invadido los territorios de la región austral del país y se encontraba a pocos kilómetros al sur de Cuenca: Entonces, el 27 de febrero de 1829 escribió otra heroica página de la historia, cuando junto al Gral. Juan José Flores condujo al ejército colombiano (el Ecuador aún no existía como República) que derrotó a los peruanos en la Batalla de Tarqui.

No cabe duda de que jamás ha habido general que lo fuese en tan alto grado como lo fue Sucre. Su encumbramiento tuvo como escenario los campos de batalla de nuestra patria, donde cumplió con la misión de comandar ejércitos de diferentes nacionalidades, los que por obra de su esfuerzo personal y en homenaje a sus grandes virtudes lo aclamaron como caudillo. No fue la guerra quien lo hizo grande; él hizo grande a la guerra y nos dio la libertad.

En los primeros meses de 1830, mientras se encontraba en Bogotá fue nombrado Diputado por el Departamento de Ecuador al Congreso de Colombia. Por ese tiempo ya se había iniciado la disolución de la Gran Colombia y Bolívar, queriendo salvarla, le pidió que apresurara su viaje para evitar la separación del Departamento del Sur. Para cumplir con su importante misión, partió de inmediato hacia Quito sin adoptar las debidas precauciones, a pesar de que varias veces fue advertido acerca de los peligros que encerraba la ruta que había escogido; pero su afán por cumplir con Bolívar y con Colombia, y su ardiente deseo de encontrarse nuevamente con su esposa -a quien no veía desde hacía mucho tiempo- fue más fuerte y no obedeció a las advertencias.

El 4 de junio de 1830 atravesaba confiado las montañas de Berruecos, al sur de Colombia, cuando entre la espesura forestal sonaron los disparos que pusieron fin a su vida. Los autores materiales del crimen fueron los colombianos Apolinar Morillo, José Erazo, Juan Gregorio Sarria, Antonio Mariano Alvarez, el indio Alpajurras y un tal José Torres; y entre los mentalizadores del mismo -aunque sin la suficiente documentación-, todo señala a los generales colombianos José María Obando y José Hilario López (Ver: Asesinato del Gral. Antonio José de Sucre).

Compartir

También puedes revisar