Uraga Gral. Juan Manuel

Juan-Manuel-Uraga

Nació en la ciudad de Guayaquil el 11 de abril de 1814, hijo de don Fermín de Uraga y de doña Ramona Lemus.

Tenía seis años de edad cuando le tocó vivir, rebosante de inocente patriotismo, toda la gloriosa epopeya de la Revolución del 9 de Octubre de 1820. Posiblemente esa circunstancia despertó su vocación militar, por lo que al terminar sus primeros estudios ingresó, el 1 de enero de 1827, a la Escuela Náutica dirigida por el Alm. Juan Illingworth. Al año siguiente y bajo las órdenes del Gral. Tomás Carlos Wright, a bordo de la goleta La Guayaquileña tuvo destacada participación en el Combate Naval de Malpelo, enfrentando y derrotando a las naves peruanas que intentaban acciones militares en contra de Colombia (el Ecuador aún no existía como país).

Instaurada la República, en 1833 participó en la revolución de Mena contra el gobierno del Gral. Flores, y en 1835 se incorporó al ejército que al mando del Gral. Isidoro Barriga enfrentó al mismo Flores -el 18 de enero- en la sangrienta Batalla de Miñarica, donde resultó herido de gravedad y se libró milagrosamente de perecer.

En 1845 enfrentó una vez más al Gral. Flores interviniendo en la Revolución Marcista, en Guayaquil, y luego de los sangrientos combates de «La Elvira», en los que se distinguió por su valor y serenidad, recibió en premio los galones de Capitán de Fragata.

El 22 de noviembre de 1846, el gobierno del Sr. Vicente Ramón Roca lo ascendió a Capitán de Navío, grado en el que sirvió hasta septiembre de 1851 en que se le concedieron las letras de retiro; pero al año siguiente, el Presidente de la República, Gral. José María Urbina -su antiguo amigo, compañero de la infancia y de «La Guayaquileña»- lo llamó a su lado y lo reincorporó nuevamente al servicio activo.

En 1860 fue convocado por García Moreno para enfrentar a la jefatura suprema instaurada por el Gral. Guillermo Franco, quien respaldado por la escuadra peruana del presidente Ramón Castilla -a quien el propio García Moreno había llamado- se había hecho fuerte en Guayaquil. Tuvo entonces participación muy importante en la Batalla de Guayaquil, que gracias a la espada del Gral. Juan José Flores determinó el triunfo nacionalista y puso fin al régimen de anarquía política por el que atravesaba el país.

Durante el segundo gobierno de García Moreno desempeñó los cargos de Capitán del Puerto, Jefe General de Policía, Comandante de Armas, y otros en los que alcanzó merecida reputación por su arrojo, valor sereno y pericia militar; pero el gobernante, tan inconstante en sus apreciaciones, como apresurado en sus decisiones, prestó oídos a intrigas palaciegas y prefirió mantenerlo incomunicado, enviándolo a Quito donde permaneció confinado durante dos años.

Al finalizar 1873 fue invitado a participar en una revolución que se estaba tramando en Quito con el fin de eliminar al mandatario. Algunos aseguran que José Solís y el Cmdt. Campuzano lo invitaron a tomar parte en el Asesinato de García Moreno, a lo cual él contestó: ¿A la Revolución?, marchemos de inmediato… ¿A asesinarlo? ­¡Jamás!. Pero ésta no deja de ser sino una simple suposición, pues un hombre de honor intachable como él lo fue, de conocer el complot hubiera impedido que el crimen se realizara.

Volvió entonces a Guayaquil donde le tocó vivir la transformación política ocurrida como consecuencia del crimen perpetrado el 6 de agosto de 1875.

Retirado a la vida privada, a la venerable edad de 90 años, el Gral. Juan Manuel Uraga llegó paso a paso a la tumba, esperando tranquilamente a la muerte que desafió tantas veces en sangrientas batallas y combates.

Así, honorablemente, acabó sus días en Guayaquil el 29 de marzo de 1924.

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