Alfaro Gral. Medardo

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Valiente y decidido militar manabita nacido en la ciudad de Montecristi, hijo del ciudadano español Cap. Manuel Alfaro González y de doña Natividad Delgado López.

Desde temprana edad se identificó con los postulados y principios liberales que se empezaron a manifestar en el Ecuador desde el gobierno del Gral. José María Urbina, por lo que junto a su hermano Eloy participó en casi todas las campañas revolucionarias: Primero, en 1883, en contra de la segunda dictadura del Gral. Ignacio de Veintemilla; y a partir del año siguiente contra el Progresismo que se inició con el gobierno de Caamaño, lo continuó Antonio Flores y culminó con el derrocamiento del Dr. Luis Cordero y el triunfo de la Revolución Liberal del 5 de junio de 1895.

Pocos días más tarde participó en la batalla de Gatazo, donde venció y capturó a Pedro Lizarzaburu que comandaba una de las fuerzas del ejército del gobierno.

Fue un militar de honor que sirvió al país desde diferentes cargos públicos y militares: Fue Jefe Civil y Militar de Manabí, en 1884; Jefe de Operaciones de Manabí y Esmeraldas, en 1895; Comandante de Armas de Pichincha, en 1896; del Guayas en 1897 y 1907, y de El Oro en 1907; Inspector General del Ejército del Litoral en 1906; etc. Por todas estas razones, el Congreso Nacional reunido en Quito en 1908 le otorgó el grado de General de la República.

Posteriormente, por razones de índole estrictamente político fue desterrado del país a finales de 1911, y permaneció en el exilio hasta los primeros días de 1912, en que viejo y paralítico regresó a Guayaquil a bordo del buque de bandera inglesa “Quito”.

Precisamente se encontraba haciendo el trasbordo de nave en la isla Puná, cuando sus amigos le informaron de las desastrosas derrotas sufridas por Flavio Alfaro y Pedro J. Montero en los combates de Huigra, Naranjito y Yaguachi, y de que a pesar de haberse firmado el Tratado de Durán su hermano Eloy y los otros líderes habían sido traicionados y hechos prisioneros; le recomendaron también que sería más prudente no desembarcar y continuar viaje hacia el Perú, pero el viejo general, que nunca retrocedió ante los más graves peligros, respondió a sus amigos: “He acompañado a mi hermano en todas sus campañas y quiero tener el mismo fin que él”.

Al poco rato, fuerzas militares placistas abordaron la nave y a empellones lo capturaron.

Trasladado a Quito junto a Eloy y Flavio Alfaro, Luciano Coral, Manuel Serrano y Ulpiano Páez, el 28 de enero fue cruelmente consumido por el fuego de La Hoguera Bárbara.

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