García de León y Pizarro José

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Funcionario español nacido en la ciudad de Sevilla, hijo del coronel José García de León y de la señora Francisca Pizarro.

Había sido Ministro Fiscal de la Cancillería Real de su ciudad, y luego de ser nombrado Presidente de la Real Audiencia de Quito tomó posesión de su cargo el 23 de noviembre de 1778.

Gracias a sus conocimientos fiscales y a su experiencia en los asuntos relacionados con la administración de la Hacienda Real, llegó a Quito con el encargo de implementar en la audiencia las Reformas Borbónicas, que no eran otra cosa que una serie de imposiciones tributarias destinadas a convertir a España en la fábrica y en el almacén del imperio, al tiempo que las colonias debían ser las proveedoras de materias primas para esas fábricas, y luego las compradoras de las mercaderías de ese almacén.

Los resultados de las nuevas imposiciones tributarias fueron tremendos y produjeron un gran desbarajuste en la economía de los habitantes de la Audiencia, especialmente de la sierra, donde los obrajeros y artesanos constituían una pequeña industria de productos elaborados. Las exportaciones de materia prima como el cacao -aunque con ciertas restricciones- aumentaron de manera significativa, pero los pequeños cultivadores de tabaco sufrieron la destrucción de sus sembríos por parte de las autoridades.

«Si una voluntad enérgica y un ingenio sagaz bastaran para gobernar bien, García Pizarro hubiera sido un presidente sin tacha; organizó la administración, se hizo no sólo respetar sino temer por todos y dominó con imperio durante seis años la envilecida colonia. Arrogante y vanidoso, avasalló los ánimos de los quiteños y de tal manera los tuvo sumisos, que unos competían con otros en lisonjear y servir al presidente…» (F. González Suárez.- Historia General de la República del Ecuador, tomo II, p. 1207).

Fue uno de los gobernantes más dinámicos y activos que tuvo la colonia. Mantuvo una buena relación con el clero, que lo amó de una manera incondicional; los nobles y los ricos le temieron y lo agasajaron temerosos de su poder; y el pueblo lo aborreció a consecuencia de los abusos que cometieron los cobradores de las rentas reales.

Finalmente -no sin antes dejar como su sucesor en la Presidencia de la Audiencia a su yerno, don Juan José de Villalengua y Marfil- el 3 de mayo de 1784 terminó su gobierno y pocos días más tarde emprendió viaje de vuelta a España.

 

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