Velez José

Jose-Velez

iguel.- Notable artista nacido en Milchichig, muy cerca de Cuenca, por el mes de julio de 1829.

Creció en la tristeza de su humilde hogar, recibiendo de su madre, prematuramente envejecida por los vicisitudes de la vida, toda la ternura del mundo, aunque muy poca ilustración; pero fue justamente la ternura de su madre la que sensibilizó el delicado espíritu del niño, enseñándole a apreciar la inmensa belleza del paisaje andino en el que vivió su pobre juventud.

Por esa época ya visitaba con frecuencia el taller del gran maestro pintor Eusebio Alarcón, y contemplaba extasiado, por largas horas, cómo el artista convertía los colores de su paleta y los trazos de su pincel sobre el lienzo en maravillosas obras de arte. Tímidamente preguntaba al maestro sobre los secretos y técnicas de la pintura y éste, complacido, le respondía, estableciéndose poco a poco un interesante diálogo que fue el origen de una gran amistad a base de la cual se convirtió en discípulo del artista.

Al poco tiempo comprendió que a pesar de su gran atracción por la pintura su verdadera vocación estaba en la escultura, y la falta de conocimientos básicos en esta materia fue suplida por sus propias y naturales aptitudes y sensibilidad artística. Así, en poco tiempo desarrolló un estilo muy particular y perfecto con el que alcanzó la admiración de la culta sociedad cuencana, que con frecuencia empezó a visitar su taller en busca de sus esculturas y bellas obras de arte.

A los 19 años de edad, luego de contraer matrimonio abandonó el taller de Alarcón, que había sido su maestro y amigo, y poco después, con la ayuda del entonces Gobernador de Cuenca, don Miguel Valdivieso, fundó su taller propio para dedicarse con ahínco a la escultura.

Surgieron entonces de sus prodigiosas manos sus primeros Niño-Dios que fueron el asombro de quienes tuvieron la oportunidad de verlos, y más tarde, maravillosas figuras de Cristo que caracterizaron su obra: Cristos en la Cruz… Cristos Yacentes… Cristos Sangrantes… Cristos que con angustiadas expresiones transportaban a quienes los admiraban, a revivir el terrible drama ocurrido hace siglos en la cima del Gólgota.

Pero su obra no se limitó solamente a figuras religiosas, pues de sus manos surgieron también esculturas de grandes personalidades de la Patria, artísticos bustos como los de Sucre y Bolívar, el primero de los cuales se erigió cerca del Yanuncay, mirando hacia la llanura de Tarqui, último campo de su gloria; y el segundo fue levantado sobre una columna en la entrada sur del puente sobre el Machángara. Estos dos bustos fueron trasladados posteriormente al salón de sesiones del Concejo Municipal. Trabajó también -en mármol- un hermoso medallón del Cantor de Junín: José Joaquín Olmedo, que fue adquirido por la Municipalidad de Guayaquil. Un busto del ilustre fray Vicente Solano, otro del estadista, filósofo y literato don Benigno Malo, y otros más.

Admirado por su magnífica obra, el presidente Dr. Gabriel García Moreno le ofreció una oportunidad para viajar a Europa, cuna del arte, pero él se negó a aceptar y prefirió continuar creando lo que su innata habilidad le permitía. Pero si el artista no viajó a Europa, su obra sí lo hizo y sus figuras fueron adquiridas, como la mayoría de las obras de nuestros artistas, por coleccionistas de diferentes partes del mundo que supieron apreciar y reconocer su valor.

«Sin escuela y sin maestros, Vélez tuvo que ser, y fue en efecto, original en algunas de sus concepciones… fue un gran artista, cristiano, edificante y buen ciudadano. Su fama ha traspasado los patrios linderos: consta su nombre en el «Diccionario Biográfico Americano»; ha merecido que escriban sobre él plumas tan doctas y brillantes como las de don Benigno Malo y don Pablo Herrera; y sus obras han sido admiradas, así en América como en Europa» (La Unión Literaria.- No. 1, abril de 1983, por Alberto Muñoz Vernaza).

José Miguel Vélez murió en la ciudad de Cuenca en diciembre de 1892.

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