Luis Molinari

Luis_Molinari

Artista guayaquileño nacido en 1929.

De temprana edad, recibió su iniciación en el dibujo de parte de un tío que le hacía dibujos de todos los colores para mantenerlo entretenido, maravilloso inicio ese que sucede en el seno familiar, solo motivado por el afecto y el placer de agradar. Por eso la huella fue inolvidable y la influencia imperecedera.

Durante sus años de estudio -tanto en la escuela como en el colegio- continuó practicando ocasionalmente el arte de dibujar, caricaturizando a profesores y compañeros; definitivamente en los trazos y dibujos estaba escrito su destino, por eso, al culminar su bachillerato decidió continuar la carrera de arquitectura, para lo cual en 1951 viajó a Buenos Aires, Argentina, donde vivía su padre, ya que en Guayaquil aún no había esa facultad.

Durante su estancia en Buenos Aires conoció profundamente el informalismo de Fernández-Muro, Sara Grilo, Testa y Pucciarelli, y en la facultad argentina -mientras estudiaba- se sumergió más profundamente en el dibujo y la composición, en un proceso que puso en evidencia sus verdaderas dotes artísticas y que lo motivó para gestionar una beca para estudiar por seis meses en París.

El arte de ”La Ciudad Luz” lo deslumbró y, seducido por su ambiente plástico y por las oportunidades que este le ofrecía para desarrollarse, se quedó allí durante seis años, desde 1960 hasta 1966.

“En París se orientó hacia un surrealismo no ortodoxo, entre lo figurativo y lo fantástico, con referentes evocativos del trópico. Los recuerdos del mangle que le venían de sus años de adolescencia en el Guayas y de sus correrías por el Estero Salado, por ejemplo, emergen en esa etapa, cuando produce cuadros como “La Cuna de Mangle”, que presentó en la 3ra. Bienal de París (1963), y un díptico titulado “Génesis”, que ahora está en Londres, para la exposición “Los Artistas Latinoamericanos en París” (1965); este último representa una gran forma fantástica, con una matriz de donde salen todos los elementos de la naturaleza, inclusive el hombre, con ciertas referencias precolombinas“ (Rodrigo Villacís Molina.- Revista Diners No. 62, Jul.1987).

En 1964 viajó a New York para conocer ese arte nuevo que se estaba produciendo en los Estados Unidos; durante dos meses recorrió las principales ciudades norteamericanas buscando en los museos y galerías el contacto con las obras de los nuevos artistas practicantes de esa corriente renovadora de la pintura. Descubrió entonces que el Arte Pop le ofrecía una infinita gama de posibilidades.

En 1966 volvió al Ecuador con el propósito de gestionar una visa de residente para instalarse en los estados Unidos. Durante su corta estancia en Guayaquil integró, con Hugo Cifuentes, Enrique Tábara, Aníbal Villacís, León Ricaurte, Gilberto Almeida, Oswaldo Moreno y Guillermo Muñoz; el Grupo Van, de vanguardia, al que abandonó cuando volvió a New York con su visa en mano.

“Vuelve Molinari a New York en 1968 y pasa allí siete años. Son años de severa depuración de un estilo. Lo depura de lo puramente óptico (Vasarely), de cualquier decorativismo o juego serial o modular. Busca hacer un arte rigurosamente conceptual. Y Busca, complementariamente, dar a esa expresión formalmente austera e intencionadamente conceptual, sustancia americana (“Quijaló” – 1975) dice en ritmos geométricos un danzante indio; “Templo de las Monjas-Uxmal” (1975) es homenaje a la arquitectura sacra y ritual precolombina; “Mayan II” (1974) es mágico; y en obras últimas se recupera, de modo simple, más conceptual que estético. Nota contemporánea es la ambigüedad en los efectos ópticos perspectivas cambiantes, ilusiones espaciales, volúmenes virtuales, cromática delusoria) y referencias semióticas” (Hernán Rodríguez Castelo.- El Siglo XX en las Artes Visuales de Ecuador, Banco Central de Guayaquil).

En los años siguientes y luego de haber realizado una profunda investigación del color, de la espontaneidad pasó a una cromática más pesada y, localizada su obra en la confrontación del color puro con sus tonalidades correspondientes, la desarrolló en tonalidades acordes sobre la superficie del cuadro, siguiendo un diseño geométrico que en él se convirtió en característica personal que no necesita firma.

 

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