Velasco Padre Juan de

Juan-de-Velasco

Religioso e historiador nacido en Riobamba el 6 de enero de 1727, hijo del Sargento Mayor, Maestre de Campo y Alcalde ordinario de la ciudad, don Juan de Velasco y López de Moncayo, y de la Sra. María Pérez Petroche.

De acuerdo con la costumbre establecida por la nobleza criolla de esa época, sus primeras enseñanzas las recibió de un profesor que sus padres contrataron para el caso, y la completó en el colegio que los jesuitas tenían en su ciudad.

Viajó luego a Quito donde el 14 de diciembre de 1743 ingresó como interno al Colegio Seminario de San Luis, pero el 22 de junio de 1744, obedeciendo un llamado de su profunda vocación religiosa, entró en el noviciado que los jesuitas tenían en la ciudad de Latacunga donde concluyó sus estudios de Filosofía, Humanidades y Teología. Posteriormente, en 1747 ingresó a la Pontificia Universidad de San Gregorio Magno, en Quito, donde continuó estudios superiores de Filosofía y Teología, hasta obtener finalmente, en 1753, su doctorado y ordenación sacerdotal.

Sus primeras labores docentes las desempeñó en la ciudad de Cuenca, donde también catequizó y enseñó a los indios por algunos años, hasta 1760 en que fue trasladado a la ciudad de Ibarra para desempeñar los cargos de catequista y prefecto de la Congregación de Nuestra Señora de la Luz. Fue entonces cuando publicó su primera obra histórico-literaria titulada “Relación Histórico-Apologética sobre la Prodigiosa Imagen, Devoción y Culto de Nuestra Señora, con el Título de Madre Santísima de la Luz”.

Dos años más tarde, cumpliendo órdenes de los superiores de su congregación religiosa se trasladó a Popayán para dictar la cátedra de filosofía en el colegio de los jesuitas, y permaneció en dicha ciudad hasta 1767, en que don José Diguja, Presidente de la Real Audiencia de Quito, cumpliendo una Cédula Real expedida por el rey Carlos III expulsó de los jesuitas de la Presidencia de Quito, por lo que el 17 de agosto emprendió el camino al destierro.

A pesar de la premura con que debió partir pudo llevar consigo casi todos sus apuntes relacionados con sus investigaciones históricas, y luego de un largo viaje que duró muchos meses, en los cuales visitó varios países europeos, el 24 de octubre de 1768 llegó a la ciudad de Faenza, Italia, donde se radicó definitivamente.

“Veinticuatro años, los últimos de su vida, pasó el padre Velasco en Faenza. Allí trabajó sin descanso. Veinticuatro años de humillaciones y pobreza; veinticuatro años sangrantes de dolor, no sólo moral sino físico, en los que el alma noble, elevada y grande de nuestro protohistoriador soportó mil angustias y miserias del destierro, tratando de mantener alegría de espíritu, fija siempre la mirada en Dios y en la lejana Patria apasionadamente amada” (Boletín de la Academia Nacional de Historia, No. 117, junio-1971.- Carlos Manuel Larrea).

Fue allí, en el destierro, donde escribió su discutida y nada probable “Historia del Reino de Quito y Crónica de la Compañía de Jesús del Mismo Reino”. Más tarde, entre 1785 y 1791 terminó “Vocabulario de la Lengua Peruano-Quitense llamada del Inca” y “El Ocioso de Faenza”, en la que recopiló poesías propias y ajenas.

En los primeros meses de 1789 su salud había empeorado lamentablemente; terribles dolores producidos por la arteriosclerosis martirizaban su anciano y debilitado cuerpo, afectándole la cabeza, el oído y la vista. Allí, aislado del mundo, olvidado de todos y procurando borrar de su memoria los vejámenes sufridos, dirigió todos sus pensamientos a Dios en cuya misericordia fincaba todas sus esperanzas de reposo eterno.

Durante sus últimos días -consagrados enteramente a Dios- asistió diariamente a la comunión, y luego de recibir la extremaunción y la bendición pontificia, santamente asistido por su confesor entregó su alma al Creador el 29 de junio de 1792.

Al día siguiente fue sepultado en la iglesia parroquial de Santo Domingo, en la misma ciudad.

 

“…el padre Juan de Velasco es el único historiador que ha hablado de la nación de los Caras… No hay historiador ninguno, que diga nada sobre los tales Shyris. ¿De donde sacó el padre Velasco las noticias prolijas, que acerca de ellos cuenta en su Historia Antigua del Reino de Quito?” (Federico González Suárez.- Notas Arqueológicas de Quito, p. 55)

“Una elemental prudencia exige el considerar todo lo que se refiere en ella (en la Historia del Reino de Quito) de los Caras y Shyris como una leyenda desprovista de verdad histórica” (Jacinto Jijón y Caamaño.- El Ecuador Interandino y Occidental antes de la Conquista Castellana).

Al respecto es preciso señalar que en 1918, una Comisión del Consejo General de Instrucción Pública dictaminó que debía borrarse de la historia ecuatoriana el capítulo relativo a los Shyris, por cuanto que: “las seis páginas que tratan de la prehistoria ecuatoriana refieren como verdaderos los sucesos que a la hora de hoy están reputados como falsos, por lo menos dudosos por los más autorizados tratadistas de la Historia nacional” (“Arqueología del Ecuador”, tercera edición-1984, padre Pedro Porras.- Apéndice).

Compartir

También puedes revisar