Pedro Franco Dávila

Pedro-Franco-Davila

Sabio investigador y naturalista guayaquileño nacido el 21 de marzo de 1711, hijo de don Pedro Fernando Franco Dávila y de doña María Magdalena Ruiz de Eguino.

Todos sus estudios los realizó en la ciudad de Lima, Perú, que culminó en la célebre Universidad de San Marcos, de esa ciudad.

De regreso a Guayaquil se dedicó junto a su padre a diversas actividades de comercio, e inicialmente compró pequeños cargamentos de cacao que llevaban para su venta y comercialización en Panamá, de donde traían diferentes mercaderías que luego negociaban en Guayaquil. Poco a poco el negocio fue floreciendo, y fruto del mismo logró amasar una regular fortuna que le permitió, en 1737, trasladarse con su padre a España llevando mil cargas de cacao. Luego de un largo y penoso viaje, lleno de múltiples peripecias y peligros, llegaron por fin al puerto de Cádiz donde pronto pudieron vender su carga.

Se encontraba radicado en España cuando a finales de marzo de 1739 una violenta enfermedad acabó con la vida de su padre. Intentó entonces regresar a Guayaquil, pero la nave en que viajaba fue atacada por piratas que lo mantuvieron preso durante más de siete meses. Pudo finalmente obtener su libertad, y volvió a Cádiz donde permaneció durante algún tiempo en espera de que la guerra entre España e Inglaterra llegue a su fin y de que los mares queden libres de la piratería, pero en 1745 se trasladó a París, Francia, donde montó su residencia permanente.

“Fue entonces cuando tomó la decisión de dedicarse a su única y verdadera pasión: Coleccionar toda clase de objetos relacionados con la Botánica, Zoología, Mineralogía y Geología; también tenía bronces antiguos, piedras preciosas, una colección de aproximadamente 16.000 estampas de las más raras que se encontraron de las escuelas italianas, flamencas y francesas; una colección de más de 4.000 retratos de hombres ilustres en la guerra, en la toga y en las artes; una gran colección de mapas, cartas geográficas, hidrográficas, topográficas, planos de ciudades y demás; a más de una biblioteca de más de 2.000 libros de temas científicos” (Víctor Hugo Arellano)

Por esa época se dedicó también a estudiar a fondo la historia natural, con la seguridad de que podría serle de utilidad a su regreso a las «Indias».

Entusiasmado con sus estudios e investigaciones, y en el deseo de aumentar el caudal de sus conocimientos, «amplía sus círculos, frecuentando el trato con profesores de distintas materias del saber: matemáticos, médicos, naturalistas, escritores… Viaja por Francia, Suiza, Italia, Holanda, La Lorena…, y adquiere cuanto de curioso va encontrando a su paso, y en pocos años forma el inicio de lo que sería su gran «Gabinete de Historia Natural y de Curiosidades del Arte y de la Naturaleza…» (María de los Angeles Calatayud.- Pedro Franco Dávila, p. 40).

En su afán de investigación gastó no sólo la parte que le correspondía a él de la herencia de su padre, sino que también las de su madre y hermanos. En 1758 decidió viajar a Madrid para ofrecer al S.M. el Rey Dn. Carlos III su preciosa colección, pero a pesar del interés demostrado por el monarca, sus consejeros le indicaron que no debía comprarlo.

Fracasado en su intento volvió a París donde en 1767 publicó un catálogo científico relacionado con las muestras reunidas a través de veinticinco años de investigaciones, sin escatimar gastos ni ahorrarse molestias, y un año más tarde publicó, también en Madrid, una «Ilustración Para Recoger las Producciones Raras de la Tierra».

En reconocimiento a su trabajo de investigación, Franco Dávila fue nombrado, en 1767, Académico por el Rey Federico de Prusia; en 1776, Fellow de la Real Sociedad de Londres; en España perteneció a la Sociedad Vascongada, a la Academia de Antigüedades de Hasse Cassel y a la Academia de Historia.

«No sabemos de quién partiría la idea para que don Pedro donara al Rey el gabinete, solicitando a cambio la dirección de éste y un sueldo vitalicio. Nos cuesta creer que un monarca absolutista, como lo era Carlos III, aceptara imposiciones…» Pero «el 17 de octubre de 1771, según consta en oficio, se acepta su gabinete, nombrándole Director del mismo» (ídem.- p. 83).

De esta manera, su «Gabinete de Historia Natural», posiblemente el más importante y completo de la época, pasó a formar parte de las instituciones culturales españolas, y él, como director vitalicio del museo y con un sueldo anual de mil doblones, se radicó definitivamente en Madrid, donde murió pocos años después, el 16 de enero de 1786.

 

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