Calderón Tnte. Abdón

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Patriota y héroe de la independencia nacido en la ciudad de Cuenca el 31de julio de 1804, hijo del Crnel. Francisco García Calderón y de la Sra. Manuela Garaycoa y Llaguno.

Debido a que su padre -que junto a Carlos Montúfar había luchado contra los realistas desde 1810- había sido fusilado en diciembre de 1812 por orden de Aymerich, su madre lo llevó a vivir en Guayaquil, donde desde 1813 continuó sus estudios al tiempo que regaba con verdadero patriotismo la semilla que su padre había sembrado en su corazón: El amor por la libertad.

Tenía sólo 16 años de edad cuando estalló en Guayaquil la Revolución del 9 de Octubre de 1820, e inmediatamente y con el grado de Subteniente, se enroló en el batallón Voluntarios de la Patria.

Un mes más tarde, bajo las órdenes del Tnte. Crnel. Ignacio Alcázar participó en laBatalla de Camino Real donde demostró verdadero coraje y decisión, y luego del triunfo, el propio Cap. Luis Urdaneta -Comandante en Jefe del Ejército Patriota- le confirió por su valor el grado de Teniente. En esta histórica batalla inició su corta pero heroica vida militar.

Pocos días después le correspondió beber el amargo licor de la derrota, cuando el ejército patriota fue vencido en el primer Huachi. En dicho combate peleó bajo las órdenes de León de Febres-Cordero, y pudo salvarse solamente gracias a su valor e intrepidez.

El 3 de enero de 1821 -como Teniente del Batallón Libertadores- participó en laBatalla de Tanizagua bajo las órdenes del Crnel. José García; en esta ocasión el ejército patriota fue víctima de una emboscada preparada por el cura Benavides, y luego de la derrota vio con tristeza e indignación la forma cobarde como su valeroso comandante fue fusilado. Entonces, y recordando que también su padre había sido fusilado por luchar por la libertad, juró nuevamente venganza y se preparó para seguir luchando contra los realistas.

Posteriormente asistió junto al Gral. Mires a la histórica victoria de Cone -el 19 de agosto-, con la que se reanudaron las luchas por la independencia de la patria, y el 12 de septiembre, junto al Gral. Antonio José de Sucre combatió valerosamente en la segunda derrota de Huachi.

Así, entre triunfos y derrotas, participó en casi todas las luchas por la independencia entregándole a la patria toda su juventud y valor. El 11 de abril de 1822 comandó una compañía del Yaguachi en Guamote, y diez días más tarde, el 21 de abril, enfrentó bravamente a la caballería española en la Batalla de Riobamba.

Finalmente llegó la hora de su máxima gloria, de su heroico sacrificio. Fue el 24 de mayo de 1822, cuando, comandando la primera compañía del batallón Yaguachi -ante la admiración del pueblo quiteño que presenciaba emocionado y angustiado los movimientos, cargas, ataques y contraataques de los patriotas y los realistas- asistió y derramó su sangre por la libertad de la patria en la histórica Batalla del Pichincha.

En dicha batalla, “carga Calderón con denuedo y bizarría, y sale herido en el brazo derecho; lánzase de nuevo a esa horrible lucha y otra bala le hiere el brazo izquierdo, destrozándoselo horriblemente.- “Para vencer al enemigo no se necesitan brazos”, exclamó con la energía y el coraje de un valiente.- “Adelante! valientes republicanos, gritó a los suyos; adelante! que yo os acompaño hasta morir!” -Y el intrépido joven, seguido por esos valientes y denodados patriotas del Yaguachi, arremete otra vez contra los realistas, a los que hace flaquear y retroceder… Recibe entonces un tercer balazo, en un muslo, y es retirado del campo por algunos de sus compañeros… Derramando sangre por sus tres heridas, no desmaya, y antes bien, no cesa de adelantar con sus entusiastas voces a los soldados de la patria… Y al ver desbandarse, huir, rodar por el monte a los derrotados realistas, exclama con júbilo: “Hemos vencido, ahora puedo ya morir en paz”, a tiempo que una cuarta bala le rompe una pierna, y rueda por tierra, sin conocimiento, por la abundante pérdida de sangre; pero cae abrazado a la bandera de la patria…” (Camilo Destruge.- Album Biográfico Ecuatoriano, tomo I, p. 202).

Así gloriosamente envuelto en la bandera celeste y blanco de Guayaquil, se fue desangrando, al tiempo que veía el nacimiento de una patria libre.

Al conocer de su heroico comportamiento, el Gral. Sucre envió un informe al Libertador Bolívar en el que textualmente dice:… “Hago particular memoria de la conducta del teniente Calderón, que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas no quiso retirarse del combate. Probablemente morirá, pero el gobierno de la República sabrá recompensar a su familia los servicios de este oficial heroico” (Boletín de la Academia Nacional de Historia, No. 119, p. 75).

Durante catorce días permaneció el joven Calderón asilado en casa del Sr. José Félix Valdivieso, hasta que, a consecuencia de sus heridas y de la gran pérdida de sangre sufrida en la batalla, murió el 7 de junio de 1822.

Al respecto de la polémica fecha de su muerte (siempre se sostuvo que fue el 24 de mayo), es necesario hacer referencia al documento que certifica su defunción, y cuyo original pertenece al historiador e investigador Sr. Víctor Hugo Arellano Paredes; el mismo que en una de sus partes dice:

“…Ante mi presentado fray Manuel Perre, Secretario de Provincia, en cumplimiento del superior mandato que precede, certifico en toda forma me es constante que el señor Abdón Calderón murió en casa del doctor José Félix Valdivieso en siete de junio de mil ochocientos veinte y dos, y al día siguiente fue conducido con la mayor pompa y acompañamiento del lugar a esta iglesia del convento máximo en donde se le hicieron las exequias y fue sepultado su cadáver. Y para los efectos que convenga doy en este convento máximo de San Nicolás de Quito, a diez de octubre de mil ochocientos treinta y dos.- Fray Ramón Carrillo, Presidente Comendador”.

El 16 de junio de ese mismo año, el Libertador Bolívar expidió el siguiente decreto:

1.- Que a la Primera Compañía del Batallón Yaguachi no se le ponga otro capitán.

2.- Que al pasar revista en dicha Compañía, Abdón Calderón sea considerado vivo, y que al ser llamado por su nombre, toda la tropa responda: “Murió gloriosamente en Pichincha, pero vive en nuestros corazones”.

3.- Que a su madre se le pague mensualmente el sueldo que hubiera disfrutado su hijo.

 

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